III SEMANA DE ADVIENTO. 13 al 19 de Diciembre de 2015

DOMINGO. 13 de Diciembre (Lucas 3, 10-18)

“¿Qué debemos hacer?”

En la predicación de Juan el Bautista aparecen enunciadas una serie de conductas favorables para acoger al Mesías esperado. La caridad, la compasión, la justicia, conforman el camino que nos conduce al encuentro con el hermano, y en el hermano, al encuentro con el Dios de los evangelios.

Hoy, la figura del Papa Francisco nos recuerda el mismo mensaje del Bautista, invitando a toda la humanidad a tener gestos de misericordia con la naturaleza, con nosotros mismos y con nuestros hermanos. El Reino se construye desde estos condicionantes de humanización, tan urgentes y necesarios hoy, como ayer.

Juan el Bautista daba a sus contemporáneos ejemplos muy contextualizados. La bula de convocación del jubileo extraordinario de la misericordia actualiza la misma llamada. ¿Estamos dispuestos a escuchar a los profetas de ayer y de hoy?

LUNES. 14 de Diciembre (Mateo 21, 23-27)

“¿Con qué autoridad haces esto?

El texto que hoy reflexionamos nos ubica ante un cuestionamiento normativo. Los ancianos y sacerdotes no discuten el contenido del mensaje sino su validez formal. “¿Con qué autoridad haces esto?”

La confusión entre poder y autoridad es frecuente y tendemos a valorar el mensaje según la autoridad, o peor aún, el poder del mensajero. La apertura a la acción del Espíritu que actúa donde y cuando quiere, continúa siendo un desafío. La verdad y el bien pueden anunciarse desde formas insospechadas y hasta incómodas.

Algo de eso estamos  viviendo hoy en la Iglesia y es el mismo Papa quien nos recuerda que no es evangélico considerarnos los únicos poseedores de la verdad. Que es necesario abrirnos al diálogo, al encuentro con otras personas, con otras religiones… porque en ellos también puede actuar el Espíritu. Una Iglesia “auto-referencial” se enferma… y ya no es capaz de distinguir el paso de Dios. Tal como les sucedió a los maestros de la ley, en tiempos de Jesús…

MARTES. 15 de Diciembre  (Mateo 21, 28-32)

“Los recaudadores y las prostitutas van a entrar en el Reino antes que vosotros.”

Jesús encontró mayor disponibilidad a la conversión en aquellos que eran considerados los parias de la religión oficial. La plataforma de la que éstos partían era la profunda certeza de sus pobrezas. La llamada encaja en el espíritu del adviento: mientras no asumamos con realismo nuestras debilidades es imposible implorar la salvación y abrirnos a ella con sencillez.

Nos preguntamos si en este tiempo de adviento estamos  trabajando suficientemente la conciencia de que realmente necesitamos ser salvados.

Solamente  así la Navidad tendrá un calado especial y podremos escapar del torbellino de superficialidades que rodean estas fiestas.

MIÉRCOLES. 16 de Diciembre (Lucas 7, 19-23)

“¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?”

Juan el Bautista esperaba a un Mesías comprometido con los “pobres de Yavé”, dador de vida, amante de los más pobres…  Nosotros, ¿a quién esperamos? ¿Qué pruebas nos hacen falta para creer que el Niño de Belén es el verdadero Mesías y que no debemos esperar a otro?

Desde otra perspectiva, ¿encontrarán los hombres y mujeres de nuestro tiempo en nosotros, en nuestras parroquias y grupos de vida cristiana, el testimonio fehaciente de que el Reino se hace presente porque nos comprometemos con los pobres, con los enfermos, con quienes están “muertos”…?

Existe una manera “escandalosa” de vivir la Navidad que poco tiene que ver con la propuesta hedonista que se nos hace. El carisma hospitalario en sí mismo se inserta de lleno en esta prueba de mesianidad que Jesús presenta a Juan. ¿Nos atrevemos a vivirlo en clave de Evangelio? Ahí reside el desafío de nuestro adviento…

JUEVES. 17 de Diciembre (Mateo 1, 1-17)

“Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham.”

En la genealogía de Jesús encontramos personajes marcados por la contradicción y por pecados como el homicidio, la idolatría y la prostitución.

Una lectura espiritual del contexto familiar de Jesús nos puede sugerir muchos mensajes: ante todo se trata de un grito de esperanza en el ser humano. No hay pasado ni pecado que no pueda ser redimido. La condición humana, cualquiera sea, puede dar lugar a la vida y a la vida en abundancia.

Por otro lado el evangelio de hoy nos recuerda la necesidad de reconocer y aceptar la negatividad en nuestras vidas. Darle nombre a las “heridas” del pasado es el mejor camino para reconciliarnos y vivir en paz.  Dios, encarnado en el Niño de Belén, nos está diciendo que es posible crecer en el bien y la verdad, cualquiera sea nuestra trayectoria biográfica. Se trata, sin duda alguna, de un mensaje que nos debe llenar de esperanza y que nos invita a una actitud de profunda sencillez y humildad.

VIERNES. 18 de Diciembre (Mateo 1, 18-24)

 “José que era justo y no quería denunciarla…”

¿Por qué José no se apresuró a condenar a María? La falta era gravísima y  más que evidente. ¿Por qué contuvo su ira y no descargó los sentimientos que le provocaban una ofensa tan profunda? ¿Por qué prefirió alejarse “en secreto” cuando podría haber resarcido su imagen ante su familia, sus amigos, la sociedad, simplemente narrando los hechos?

San José nos invita a la prudencia, al sigilo, hasta al silencio… que nos permiten ver con perspectiva y desde el respeto incondicional al otro, la situación. ¡Cuántas incomprensiones e injusticias evitaríamos si en lugar de reaccionar desde un sentido de “justicia”  incorporáramos la prudencia, el respeto y hasta el cariño incondicional por el otro!

SÁBADO. 19 de Diciembre (Lucas 1, 5-25)

“Isabel era estéril.”

La llamada es clara: dar vida a pesar de nuestras pobrezas, engendrar vida desde y con nuestras debilidades.

Lo podemos proyectar en lo personal y también en lo institucional. El punto de inflexión que rompe la lógica del cálculo estriba en la fe. De hecho ese ha sido el paso más difícil para Zacarías. No era razonable creer en la promesa de una próxima paternidad, pero en Dios todo era posible.

Muchos “imposibles” se presentan en nuestra vida y ante ellos cabe el derrotismo de la lógica racional o la racionalidad de la fe.