IV SEMANA DE ADVIENTO NAVIDAD 21 al 26 de Diciembre de 2015

DOMINGO. 20 de Diciembre (Lucas 1, 39-45)

“Dichosa tú porque has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.”

Nos detenemos a contemplar a estas dos mujeres de pueblo que se quieren, se ayudan y manifiestan la alegría profunda que las une. No faltaban las dudas y las dificultades en el horizonte vital de ambas. Esperaban a un hijo en circunstancias más que comprometidas. Sin embargo supieron centrar su esperanza en aquel hilo de vida que comenzaba a bullir en sus vientres.

La medida de nuestra confianza en el otro, la fuerza de nuestros proyectos y sueños, la profundidad de nuestra fe en un Dios que nos ama sin condiciones, conforman la plataforma de nuestra felicidad.

Desde estas perspectivas la alegría es posible cualesquiera sean las circunstancias. No se trata de asumir una visión simplista y ajena a la realidad, sino de recentrar nuestros corazones en lo que realmente vale. ¡Muchas preocupaciones pasarían sin duda a un segundo plano!

 

LUNES. 21 de Diciembre (Lucas 1, 39-45)

 “Se puso en camino, a toda prisa…”

La liturgia nos presenta el mismo texto evangélico de ayer. El encuentro de María con su prima Isabel ha dado lugar a innumerables comentarios exegéticos y constituye una fuente inagotable para la espiritualidad cristiana y Hospitalaria.

Como María, cada uno de nosotros se ve en la necesidad de discernir el qué, el cómo, el cuándo… de nuestro compromiso cotidiano. ¡Son tantas las llamadas!

María nos regala un criterio y un testimonio. Ella “salió de prisa”. No podemos detenernos en interminables considerandos para asumir una decisión en nuestras vidas. Hay que actuar, hay que moverse, hay que dejar las propias zonas de confort, los “cobertizos” de los que nos habla el Papa Francisco en EvangeliiGaudium. Exponernos a la intemperie, tocar el dolor del otro, “complicarnos maravillosamente la vida”.

Ir de prisa no implica perder la calma ni la razón… Nos anima a tomar decisiones valientes, priorizando al más necesitado.

 

MARTES. 22 de Diciembre  (Mateo 1, 46-56)

“Mi corazón está lleno de alegría a causa de mi Dios.”

El texto de Lucas nos habla de mujeres, de personas agraciadas, de encuentro y servicio, de acogida y hospitalidad.

Ayer contemplamos a María saliendo deprisa llena de alegría para llevar el don de sí misma y el don de un Dios que se hace niño en sus entrañas. María dándose, da al mismo Dios.

Isabel la acoge y siente la “cercanía de Dios” en la servicialidad y en la alegría de su prima.  Presiente, intuye, confirma su esperanza, se siente acogida en sus certezas y sus dudas…

María nos convoca a ser mensajeros de la Buena Noticia de la Salud. Se trata de servir, se trata de “salir deprisa”, se trata de ser portadores del Dios de la vida.

 

MIÉRCOLES. 23 de Diciembre  (Lucas 1, 57-66)

“Era evidente que Dios estaba con él.”

¿Quiénes son los “Juan Bautista” de la Hospitalidad? ¿Contamos con referentes que afirman desde la radicalidad de sus vidas la actualidad del carisma y la misión?

De alguna manera todos estamos llamados a ser otros “precursores” del Mesías. Abriendo las puertas a la esperanza, siendo cercanos y acogedores, comprometiéndonos en la construcción del espíritu comunitario, aprendiendo a retomar el camino con ilusión ante las dificultades que surgen, apostando abierta y resueltamente por ser mediadores del don de un Dios cercano.

El carisma y la misión del agente de pastoral de la salud son un don y una responsabilidad que nos interpela a todos.

 

JUEVES. 24 de Diciembre: (Lucas 2, 1-14)

“Se dirigió desde Nazaret a Belén, ciudad de David.”

Al reencontrarnos con las circunstancias del nacimiento de Jesús, nos viene en mente la llamada del Papa Francisco a peregrinar. José y María tienen que salir de su tierra, ir al encuentro de las raíces familiares para empadronarse. La imagen es inspiradora.

El Papa nos recuerda que la peregrinación es un signo peculiar del Año Santo que acabamos de iniciar, “imagen del camino que cada persona realiza en su existencia”.

Jesús nace en Belén, como resultado de aquella peregrinación de sus padres. Nosotros estamos invitados a hacer que nazca en nuestras vidas, en nuestro entorno.

Para ello debemos ponernos en camino, asumir un itinerario personal y comunitario para dejarnos abrazar por la misericordia del Padre y comprometernos a ser misericordiosos.

 

VIERNES. 25 de Diciembre: (Juan 1, 1-18) NATIVIDAD DEL SEÑOR

“La Palabra estaba junto a Dios, la Palabra era Dios”.

En esta fecha en que celebramos que el Verbo se hizo carne, sentimos la llamada a ser  mucho más responsables de aquello que decimos y dejamos de decir.

En Jesús la PALABRA se hizo PAZ, RECONCILIACIÓN, SALUD, FRATERNIDAD, TERNURA, PERDÓN… ¿Y en nosotros?

Ser “imagen y semejanza” de Dios implica asumir esta dimensión vital – no sólo discursiva – de la PALABRA.

Jesús niño vuelve dinámico y actual su nacimiento en el compromiso de quienes, como Él, hacen de la PALABRA una fuente fecunda de VIDA.

 

SÁBADO.26 de Diciembre: (Mateo 10, 17-22)

“Tened cuidado de la gente porque os entregarán a las autoridades…”

Hacer nuestro el modelo de vida que el Niño de Belén nos propone no siempre será bien recibido por todos aquellos cuyos valores y sueños van por derroteros alternativos.

Vivir la Hospitalidad desde estas sugerencias implica capacidad de diálogo, profundidad de vida, certezas fundamentadas y también capacidad para sufrir y callar cuando la incomprensión nos cierra todas las puertas.

La Navidad no puede ser confundida con un mensaje inconsistente, o centrado en efusiones afectivas sin proyección ni coherencia. Querer desde el Evangelio es mucho más desafiante que querer desde los afectos.