Entrevista a Alejandro Fernández Barrajón

Entrevista a Alejandro Fernández Barrajón

Entrevista a Alejandro Fernández Barrajón

 

Alejandro Fernández Barrajón es religioso mercedario. Fue presidente de la CONFER. Tras una grave enfermedad, nos muestra cómo “la cátedra de la vida es el sufrimiento”, aunque subraya que “el dolor por el dolor no tiene sentido”, pues “Jesús luchó contra unos sufrimientos inhumanos”.

En un año como este, que es el año Santo de la Misericordia, ese momento de cercanía con los que más sufren debe ser de gran aprendizaje.

Se aprende mucho con los mayores, porque se sienten solos y un poco abandonados. Lejos de su familia y de sus comunidades. Por lo tanto, que este año sea el Año de la Misericordia es importante. El Papa está dando un ejemplo precioso de esa caricia que hay que darle a los mayores. Ese abrazo. Hay que perder el miedo a esa cercanía. Hay que besar y abrazar. Por qué no, si todos necesitamos cariño.

Abrazar y dejarse abrazar.

El que no se deja querer, no sabe querer.

El Papa es un convencido de cuidar a las dos patas de la vida. A sus dos puntas. Cuidar a los niños, no hacerles daño y cuidar a nuestros mayores. Proteger nuestro futuro pasa por cuidar de nuestro presente y nuestro pasado. Aprender de ello para construir todos juntos un mundo mejor.

Es que la vida es un puente que se sostiene en dos pilares: uno al principio y otro al final y el resto es el arco, lo que vivimos. Pero lo fundamental es el pilar primero y el segundo, la niñez y la senectud. Esto es lo que da realmente la calidad de vida.

Me decías hace un momento una frase que me he apuntado porque me ha gustado mucho: “la cátedra de la vida es el sufrimiento” Vivimos en una sociedad que tiende a hacer a un lado todo lo que signifique sufrir. En un momento en que estamos viendo a tanta gente que está siendo descartada, ¿cómo meter el sufrimiento dentro de este engranaje de la vida. Cómo conseguir que ese sufrimiento de verdad sea una cátedra de aprendizaje?

El sufrimiento es un ingrediente más de la vida, no puedes quitarlo porque está ahí. Es un proceso de mucho tiempo, te ayuda a crecer y a madurar, a amar a la gente. A veces te sientes pequeño y a veces te crees que eres más de lo que eres. Te acerca a Dios. El sufrimiento realmente se trata de aprender y de ser sabio. Hay que vivirlo con esperanza y con aliento.

No buscar el sufrimiento per se.

En absoluto, es algo negativo, hay que acabar con ello.

El dolor por el dolor. El cilicio, por poner un ejemplo.

No tiene sentido, Jesús luchó contra unos sufrimientos inhumanos. Pero optó por el sufrimiento como algo salvador, redentor. Hay una parte del sufrimiento que es redentora y otra que es destructora. El sufrimiento inútil no tiene ningún sentido. Por ejemplo, el sufrimiento de mi madre que estuvo conmigo durante cuarenta y dos días en una silla cuidándome en la UVI, fue un sufrimiento redentor y de amor.

Cuéntanos tu experiencia para los lectores que no lo recuerden.

Yo he sufrido un tumor cerebral hace tres años, que me dejó hecho un trapo viejo. He tenido que pasar una experiencia muy dura, de dolor, de postración y de esclavitud. Estuve atado a una camilla cuarenta y dos días, manos y pies, con vías por todos sitios, con tubos. Es realmente muy duro. He sacado una experiencia bonita, porque cuando no entendía nada, porque es muy difícil de entender este dolor, mi madre me ayudó.

Es muy fácil dar lecciones sobre el dolor de los otros.

Teóricamente, sí. Yo pensaba: si yo lo que quiero es hacer algo por los demás, quiero amar a la gente. ¿Por qué me haces esto? No tiene sentido. Mi madre me ayudó a entender qué estaba pasando. Me dijo: “mira hijo – mi madre no ha leído un libro en su vida, pero es una mujer de fe muy grande – esto es una prueba de amor, si la superas crecerás en la fe. Como Jesús en la cruz”. Entonces entendí un poquito, lo que significaba este paso en el que yo me veía. Que por algo sería. Y ha sido para bien. Me ha ayudado a acercarme a Dios. A acercarme a mis hermanos. He entendido lo que es el dolor humano.

A parte de las catorce obras, están la “obra cero”, y “el mandamiento cero”, que es dejarse amar. Y la “obra cero” es ser misericordioso. Antes de hacer obras de misericordia tienes que ser misericordioso.

Es que si uno no se deja amar, no sabe amar. Solamente ama el que se deja amar. La naturaleza del amor es la entrega. Hay que amarse mucho a sí mismo para amar, y dejarse querer. Yo me dejé mucho querer con mi enfermedad porque tenían que hacérmelo todo. Darme de comer, vestirme. Mi familia, los médicos, mi comunidad. Les debo todo lo que soy.

El vaso a rebosar.

A rebosar, sí. Totalmente. Es una experiencia muy dura pero muy hermosa también.

Cuando se sale de una experiencia como esta, ¿uno tiene una sensación de felicidad distinta a la que había experimentado en otras circunstancias?

Yo he sido siempre bastante feliz. He tenido una familia encantadora y una infancia preciosa. Cuando ha llegado este momento difícil, me ha desencajado un poco. No porque piense distinto sino porque he diferenciado las cosas. Lo que es importante de lo que no. Antes le daba importancia a unas cosas y ponía mucho entusiasmo en ello y ahora me doy cuenta de que no, que esas cosas son pequeñas. Cuando estaba enfermo, mi anterior provincial el padre José Ignacio le decía al médico: “mire doctor gaste lo haga falta de dinero, haga lo que sea necesario, no importa”. Entonces me di cuenta de que no valía para nada el dinero. Basta que le falle el pulso al neurólogo para que se acabe todo. Fueron doce horas de operación en mi cabeza. El dinero viene bien, no hace falta pedir, pero no es importante. Lo esencial sí. Pero hay que compartir mucho, porque el dinero no salva a nadie, ni salva una vida, ni crea felicidad. Yo puedo comprar cosas, una cama, por ejemplo, pero no el amor. Lo esencial nunca lo compra. He aprendido muchas cosas en mi enfermedad. Lo importante que es dejarse querer y estar cerca de gente. Yo estoy aquí por la gente que ha estado cerca de mí.

También uno siembra durante mucho tiempo y hay momentos en los que sin querer, otros recogen por él.

Así es

Y recogen vida. Esta pregunta es complicada: ¿crees que estás preparado para cuando llegue de verdad el final de la vida?

Es la etapa de la muerte, Jesús. He estado cerquita, cerquita, y no es tanto. He tenido mucho miedo a la muerte, y ahora veo que no es nada. No tengo ningún miedo a la muerte.

¿Hay dudas de fe cuando estás cerca de la muerte?

La duda es humana. Pero yo siempre he pensado que detrás de todo y de la duda, está Dios. Porque un momento así, si no es por la fe no lo superas. El médico me decía: “has sido un tío fuerte. Si no fuera por tu fe y tu empeño, no hubieras salido de esta”. Ahí se nota el valor de la fe. Lo que eres lo que has hecho, no vale para nada. Solamente la fe te hace entender un poco el dolor y la enfermedad.

Y a vivirlo y a hacerlo parte de tu vida.

El deseo más profundo de vivir por encima de todo, porque yo tengo unas ganas de vivir inmensas. Yo decía «Señor, por favor, quiero vivir, sobretodo vivir». Porque cuando uno se ve tan mal…, ver que se va la vida.

Se te nota que quieres vivir y que lo transmites.

Quiero vivir porque la vida es muy hermosa.

Alejandro, muchas gracias por seguir vivo, por venir a contárnoslo y por seguir escribiendo, contándonos y haciéndonos sentir que todo esto es posible y que la vida tiene mucho que vivir.

Y hay que cuidarla mucho y vivirla con alegría. Vivir con esperanza.

Muchas gracias Alejandro, ha sido un placer.

Gracias a ti Jesús. Igualmente.