Pascua del Enfermo.  Liturgia       1 de mayo 2016

Pascua del Enfermo. Liturgia 1 de mayo 2016

PASCUA DEL ENFERMO

María, icono de la confianza y el acompañamiento

“Haced lo que Él os diga” (Jn.2,5)

L I T U R G I A   1 de mayo

.  La Pascua del Enfermo (VI Domingo de Pascua) es el final de un itinerario que se inicia el 11 de febrero, Jornada Mundial del Enfermo.

  • La Campaña se centra en María como icono de confianza en Jesús y de acompañamiento a quien tiene necesidad, bajo el lema “haced lo que Él os diga”, invitación que se nos hace a través del Pontificio Consejo para la Pastoral de la Salud.
  • La Iglesia española se acerca tradicionalmente en este domingo, en el seno de sus comunidades parroquiales, al mundo de los enfermos, sus familias y los profesionales sanitarios, así como mostrando el rostro de Cristo curando y acompañándoles.
  • La importancia de los símbolos en las celebraciones: el tema propuesto nos llama a resaltar varios posibles signos: el Cirio pascual como luz de Cristo que ilumina nuestra acción; la figura de María, desde donde arranca la acción evangelizadora; la servicialidad de los sirvientes (hoy: personal sanitario, voluntarios de pastoral de la salud o familia) como espiritualidad de servicio hacia el que sufre; haciéndolos presentes en los momentos litúrgicos o celebraciones principales.
  • También se puede y debe usar:
    • Cartel y estampa de la Campaña,.
    • Subsidios litúrgicos,
    • Signos propuestos.

 Monición de entrada

Desde hace 31 años la Iglesia española celebra la Pascua del enfermo en el VI domingo de Pascua.

El tema de este año es “María, icono de la confianza y el acompañamiento”, que remite a la actitud de María especialmente en el episodio de Caná: como está atenta a la necesidad y responde confiando en Jesús.

Así, María nos invita también a actuar desde la discreción, la confianza, la alabanza, la misericordia, y siempre con los ojos fijos en Él, resucitado y salud de los enfermos.

Que ella nos impulse a ver quién nos necesita y a comprometernos también nosotros en el mundo del sufrimiento, dando testimonio de nuestra fe y confianza, con el corazón lleno de la misericordia del Padre.

(Acogemos también en esta celebración a los hermanos que van a recibir el Sacramento de la Unción).

Con alegría y gozo, iniciamos esta celebración.

 

Oración de los Fieles: (puede escogerse alguna de las preces propuestas o todas)

Elevemos nuestra oración a Dios, Padre misericordioso, en quien ponemos nuestra confianza en este tiempo Pascual. Lo hacemos por mediación de María, salud de los enfermos, respondiendo:
  1. Señor resucitado, escúchanos.
  • Por la Iglesia: para que todas las personas puedan experimentar en ella la fuerza del corazón misericordioso del Padre.
  • Por nuestro mundo, marcado por el sufrimiento en sus distintas formas, para que el Padre lo transforme y ponga en su corazón la misericordia y el perdón de su Hijo Jesús. Oremos.
  • Por nuestros hermanos enfermos: para que, experimentando el misterio de la cruz, sientan también la presencia cercana del Resucitado.
  • Por los enfermos a causa de accidentes laborales: para que en este día del trabajo se sientan acompañados y todos pongamos las medidas de seguridad necesarias para que nadie más tenga que pasar por esas circunstancias. Oremos.
  • Por las familias de los enfermos, los profesionales, los voluntarios, y todos aquellos que les atienden y cuidan, para que se conviertan en preciosos iconos de confianza y acompañamiento al lado del que sufre.
  • Por todas las madres, verdaderos iconos de acompañamiento: para que sientan la fuerza del Señor, especialmente cuando tengan algún hijo enfermo.
  • Por nuestra comunidad cristiana: para que tenga siempre los ojos atentos y el corazón sensible a las necesidades de quien sufre, y se convierta así en oasis de la misericordia del Padre.

Escucha, Padre, nuestra oración y danos un corazón compasivo como el tuyo, para que nos mostremos siempre más atentos a las necesidades de nuestros hermanos que sufren y nos comprometamos, sin miedo, a acompañarles. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

 

Sugerencias para la Homilía

  1. Las lecturas del día

Hch. 15,1-2.22-29: Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponeros más cargas que las indispensables. Al igual que sucedió con los apóstoles también a veces se dan discusiones entre nosotros sobre cuestiones más culturales que teológicas. Los apóstoles deciden no imponer más cargas y enviarles hermanos que les ayuden y acompañen.

Trabajemos por aliviar el sufrimiento de nuestra gente -también en la enfermedad- no aumentándolo ni física, ni psicológica, ni espiritualmente. Y enviemos a trabajar pastoralmente con los enfermos y sus familias a laicos y sacerdotes preparados para conseguir este objetivo apostólico.

En el ámbito sanitario y en tantas familias con algún miembro enfermo se hace vida, también, lo manifestado por Pedro: el Espíritu del Señor Resucitado, su misericordia y su estilo de cercanía, cariño y entrega a los que sufren no es patrimonio único de los creyentes. Tantas personas (familias, profesionales, voluntarios, amigos), sin ser creyentes, “practican la justicia” y el amor con sus hermanos enfermos continuando la obra de Cristo.

Demos gracias a Dios por todo ello.

 

Sal. 66,2-3.5.6.8: Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben. El salmista nos invita a descubrir las maravillas que el Señor ha hecho, y a saltar de alegría.

En la experiencia de la enfermedad es común la oración de petición, pero mucho menos lo es la de Acción de gracias. Hagamos descubrir a los creyentes también esta dimensión, a poner en nuestros ojos una mirada agradecida y expresémoslo en el marco apropiado de la Eucaristía.

En Caná la alegría había desaparecido de los novios, pero retorna gracias a la acción de Jesús. Que nuestra acción pastoral lleve alegría a todos los corazones, especialmente los afligidos.

 

Ap. 21,10-14.22-23: Me enseñó la ciudad santa, que bajaba del cielo. En este conocidísimo y precioso texto se nos llama a una mirada contemplativa para descubrir el Amor de Dios sobre nosotros, universalmente. Su templo es el Señor; su ciudad, la gloria de Dios; y su lámpara, Cristo resucitado.

Es cierto que la experiencia de la enfermedad a veces nos hace poner en duda nuestra concepción de ese amor, pero Cuál es el lugar de un padre, ¿curar en lugar del médico o acompañar amorosa y apasionadamente en el camino?

 

Jn 14,23-29: El Espíritu Santo os irá recordando todo lo que os he dicho. Tenemos presentes aquí las palabras de los obispos españoles para esta Jornada 2016.

El evangelio de hoy insiste en que no debemos tener miedo, pues el Espíritu santo nos ayudará a ir recordando todo lo que Jesús hizo con los enfermos, así como el modo en cómo vivió Él su propio sufrimiento. Esto nos impulsará a hacer nosotros lo mismo, con confianza y acompañando con su mismo espíritu.

Son preciosas las palabras que nos dirige hoy: “estoy a vuestro lado (…) la paz os doy (…) que no tiemble vuestro corazón”. En un tiempo de muchos miedos y desconfianzas, estas palabras son un bálsamo y un regalo para la misión evangelizadora.

Sin olvidar tampoco: “yo os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure”.

 

  1. Del Mensaje para la Jornada Mundial del Enfermo, 11 febrero 2016:
  • El tema elegido se inscribe en el marco del Jubileo extraordinario de la Misericordia.
  • Jesús inició su Misión asumiendo para sí las palabras del profeta Isaías: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido. Me ha enviado a anunciar a los pobres la Buena Nueva, a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos; para dar la libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor» (Lc.4,18-19).
  • En la enfermedad, por un lado la fe en Dios es puesta a prueba, pero al mismo tiempo revela toda su potencialidad positiva. No porque la fe haga desaparecer la enfermedad, el dolor, o los interrogantes que derivan de ello; sino porque ofrece una clave con la cual podemos descubrir el sentido más profundo de lo que estamos viviendo; una clave que nos ayuda a ver de qué modo la enfermedad puede ser el camino para llegar a una cercanía más estrecha con Jesús, que camina a nuestro lado, cargando la Cruz. Y esta clave nos la proporciona su Madre, María, experta de este camino.
  • En las bodas de Caná, María es la mujer atenta que se da cuenta de un problema muy importante para los esposos: se ha acabado el vino, símbolo del gozo de la fiesta. María descubre la dificultad, en cierto sentido la hace suya y, con discreción, actúa rápidamente. No se limita a mirar, y menos aún se detiene a hacer juicios, sino que se dirige a Jesús y le presenta el problema tal cual es: «No tienen vino» (Jn 2,3).
  • ¿Qué enseñanza podemos obtener del misterio de las bodas de Caná para la Jornada Mundial del Enfermo? El banquete de bodas de Caná es un icono de la Iglesia: en el centro está Jesús misericordioso que realiza la señal; a su alrededor están los discípulos, las primicias de la nueva comunidad; y cerca de Jesús y de sus discípulos, está María, Madre previdente y orante. María participa en el gozo de la gente común y contribuye a aumentarlo; intercede ante su Hijo por el bien de los esposos y de todos los invitados. Y Jesús no rechazó la petición de su Madre.
  • Tenemos una Madre que tiene sus ojos atentos y buenos, como su Hijo; su corazón materno está lleno de misericordia, como Él; las manos que quieren ayudar, como las manos de Jesús que partían el pan para quien estaba con hambre, que tocaban a los enfermos y les curaba. Esto nos llena de confianza y hace que nos abramos a la gracia y a la misericordia de Cristo. La intercesión de María nos hace experimentar la consolación. María es la Madre “consolada” que consuela a sus hijos.
  • En la solicitud de María se refleja la ternura de Dios. Y esa misma ternura se hace presente en la vida de muchas personas que se encuentran al lado de los enfermos y saben captar sus necesidades, aún las más imperceptibles, porque miran con ojos llenos de amor. ¡Cuántas veces una madre a la cabecera de su hijo enfermo, o un hijo que se ocupa de su padre anciano, o un nieto que está cerca del abuelo o de la abuela, pone su invocación en las manos de la Virgen!
  • Para nuestros seres queridos que sufren debido a la enfermedad pedimos en primer lugar la salud. Pero el amor animado por la fe hace que pidamos para ellos algo más grande que la salud física: pedimos una paz, una serenidad de la vida que parte del corazón y que es don de Dios, fruto del Espíritu Santo que el Padre no niega nunca a los que le piden con confianza.
  • En la escena de Caná, además, están los que son llamados los “sirvientes”, que reciben de Ella esta indicación: «Haced lo que Él os diga» (Jn 2,5). Naturalmente el milagro tiene lugar por obra de Cristo; sin embargo, Él quiere servirse de la ayuda humana para realizar el prodigio. Estos personajes anónimos del Evangelio nos enseñan mucho. No sólo obedecen, sino que obedecen generosamente: llenaron las tinajas hasta el borde (cfr Jn 2,7). Se fían de la Madre, y de inmediato hacen bien lo que se les pide, sin lamentarse, sin hacer cálculos.
  • También nosotros, sanos o enfermos, podemos ofrecer nuestras fatigas y sufrimientos como el agua que llenó las tinajas en las bodas de Caná y fue transformada en el vino más bueno.
  • Así, esta Jornada Mundial del Enfermo ayudará a realizar lo manifestado en la Bula de la Misericordia (cf. Misericordiae Vultus, 23), que cada hospital o estructura de sanación sea signo visible y lugar para promover la cultura del encuentro y de la paz, donde la experiencia de la enfermedad y del sufrimiento, así como también la ayuda profesional y fraterna, contribuyan a superar todo límite y toda división.
  • A todos los que están al servicio de los enfermos y de los que sufren, deseo que sean animados por el espíritu de María, Madre de la Misericordia. «La dulzura de su mirada nos acompañe en este Año Santo, a fin de que todos podamos descubrir la alegría de la ternura de Dios» (ibid., 24) y llevarla impregnada en nuestros corazones y en nuestros gestos.


ORACIÓN DEL ENFERMO A MARÍA

María, Divina Enfermera,

cuida mi cuerpo y mi alma:

en el dolor, sosiégame;

en la soledad, acompáñame;

en el miedo, alienta mi confianza.

María de Caná

alegra mis días.

En la oscuridad, ilumina mi fe;

en la debilidad, impulsa mi ánimo;

en la desesperación, sostén mi esperanza

y hazme testigo del amor de Dios.

Madre de la Misericordia,

si mi vida se apaga,

intercede por mí ante tu Hijo,

vencedor de la muerte,

y cógeme en tus brazos,

Virgen de la ternura.

Amén

 

ORACIÓN A MARÍA POR EL ENFERMO

María, Divina Enfermera,

cuida el cuerpo y el alma de los enfermos:

en el dolor, sosiégalos;

en la soledad, acompáñalos;

en el miedo, alienta su confianza.

María de Caná

alegra sus días.

En la oscuridad, ilumina su fe;

en la debilidad, impulsa su ánimo;

en la desesperación, sostén su esperanza

y hazlos testigos del amor de Dios.

Madre de la Misericordia,

si su vida se apaga,

intercede por ellos ante tu Hijo,

vencedor de la muerte,

y cógelos en tus brazos,

Virgen de la ternura.

Amén

CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA

COMISIÓN EPISCOPAL DE PASTORA

DEPARTAMENTO DE PASTORAL DE LA SALUD