“Visitar a los enfermos”

“Visitar a los enfermos”

conchita-sanroma La secretaria de la Delegación de Pastoral de la Salud, Concepción Sanromá, nos explica 1ª obra de misericordia corporal: “Visitar a los enfermos”.

Acercarse a los hermanos enfermos

En los evangelios vemos que la gran preocupación de Jesús eran todas aquellas personas que estaban excluidas de la sociedad. De forma muy especial, los enfermos.

En las obras de Misericordia, dentro de las corporales, nos encontramos que la primera de ellas es “visitar a los enfermos”.

En este Año de la Misericordia, la Iglesia nos invita, de una forma muy especial, a que nos amemos los unos a los otros como él lo hizo.

Por este motivo, es necesario que nos acerquemos a nuestros hermanos enfermos con la misericordia y amor de Dios, haciéndole a él presente en el mundo del dolor.

En las parroquias debemos tener muy en cuenta a todos aquellos feligreses que, por su estado de salud o edad, se ven incapacitados de poder acercarse a la parroquia e, incluso, el de poder asistir a la Eucaristía.

Para las comunidades parroquiales, los enfermos son una prioridad. ¿Qué quiero decir? Que todos estamos implicados en el estar pendiente de aquellos amigos, conocidos y vecinos que se encuentran enfermos o sufren la soledad. Es entonces cuando deberían ponerse en conocimiento del párroco estas situaciones, para que puedan ser visitados por las personas especialmente preparadas, que siempre acuden en nombre de la parroquia.

Una renovación de nuestras comunidades parroquiales no sería verdadera si no se tiene una especial preocupación por sus propios miembros enfermos.

En las visitas a los enfermos, es verdad que en muchas ocasiones debemos salir a su encuentro. Es la invitación que nos hace el papa Francisco, y no sentir miedo, ni respeto humano, por acercarnos a ellos.

El enfermo espera esa visita, es una oportunidad de poder hablar con los visitadores, y así se va estableciendo un lazo de confianza. Es importante hablarles de todas aquellas actividades que se realizan en la parroquia, puesto que es la manera de hacer que se sientan parte integrante de la misma.

Los que los visitan son personas que van en nombre de Jesús y lo hacen presente en ese mundo del dolor. Es cierto que, cuando visitamos al enfermo, vemos el rostro del Cristo sufriente, pero no se debe olvidar que, para ellos, también somos el rostro del Cristo que va a visitarlos.

Por todo ello, no olvidemos nunca a la persona que está a nuestro lado, preocupémonos de sus necesidades, que vean en nosotros esos oídos que escuchan, esos ojos que miran sin juzgar, esa palabra que desean escuchar, ese gesto que los consuela… Que este Año de la Misericordia hagamos como Jesús nos enseña: “Visitar a los enfermos”.