LITURGIA.   Jornada Mundial del enfermo . 11 febrero 2017

LITURGIA. Jornada Mundial del enfermo . 11 febrero 2017

JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO

El asombro ante lo que Dios realiza

“El Poderoso ha hecho obras grandes en mí” (Lc. 1,49)

L I T U R G I A     11 de febrero 2017

 

La Jornada Mundial del Enfermo –en España- es el inicio de un itinerario que comienza el 11 de febrero y culmina en la Pascua del Enfermo, el VI Domingo de Pascua.

  • La Campaña de este año se centrará: el 11 de febrero, en la figura de María en las apariciones de Lourdes; y en la Pascua del Enfermo (21 de mayo) en la Prevención de la enfermedad, invitación que nos hace el Papa en Laudato Si.
  • La importancia de los símbolos en las celebraciones: el tema propuesto nos llama a resaltar varios posibles signos: la figura de María, algún símbolo de vida, naturaleza, compromiso ecológico, o de investigación o prevención.
  • También se puede y debe usar:
    • Cartel de la Campaña.
    • Subsidios litúrgicos.

11 de febrero (sábado): “Jornada Mundial del Enfermo” (pontificia y dependiente de la CEE, obligatoria). Liturgia del día (aunque por utilidad pastoral, a juicio del rector de la Iglesia o del sacerdote celebrante, se puede celebrar con el formulario «Por los Enfermos», cf. OGMR 376), alusión en la monición de entrada y en la homilía; intención en la Oración Universal.

MISAL: para la feria cualquier formulario permitido; si se hace la conmemoración de Nª Sª de Lourdes 1ª oración propia y el resto de la bienaventurada Virgen María o de los enfermos, Pf. Común o de la Virgen.

Monición de entrada

El tema de esta Jornada es “El asombro ante las obras que Dios realiza. «El Poderoso ha hecho obras grandes en mí» (Lc.1,49)”, que remite a la figura de María como instrumento-intermediaria del Padre para realizar su acción, y sus obras maravillosas con sus hijos, especialmente los más vulnerables y necesitados.En esta memoria litúrgica de Ntra. Sra. de Lourdes, la Iglesia universal nos invita a celebrar los 25 años de la Jornada Mundial del Enfermo. Una celebración que, en España da inicio a la Campaña que discurrirá hasta la Pascua del enfermo el VI domingo de Pascua.

Como ella, también nosotros, somos llamados a servir de instrumentos de Dios para la maravillosa obra del cuidado y la salud de nuestros hermanos enfermos.

Que ella nos impulse en esta preciosa misión.

 

Sugerencia de Celebración:

Leccionario “Misas de la Virgen María”: Formulario 44 (La Virgen María, salud de los enfermos), pags.174-177.

Oración colecta:

Te pedimos, Señor, que nosotros, tus siervos, gocemos siempre de salud de alma y cuerpo, y por la intercesión de santa María, la Virgen, líbranos de las tristezas de este mundo y concédenos las alegrías del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

PRIMERA LECTURA

Él soportó nuestros sufrimientos

 

Lectura del libro del profeta Isaías 53, 1-15. 7-10

¿Quién creyó nuestro anuncio?,

¿a quién se reveló el brazo del Señor?

Creció en su presencia como brote,

como raíz en tierra árida,

sin figura, sin belleza.

Lo vimos sin aspecto atrayente,

despreciado y evitado de los hombres,

como un hombre de dolores,

acostumbrado a sufrimientos,

ante el cual se ocultan los rostros,

despreciado y desestimado.

Él soportó nuestros sufrimientos

y aguantó nuestros dolores;

nosotros lo estimamos leproso,

herido de Dios y humillado;

pero él fue traspasado por nuestras rebeliones,

triturado por nuestros crímenes.

Nuestro castigo saludable cayó sobre él,

sus cicatrices nos curaron.

Maltratado, voluntariamente se humillaba

y no abría la boca;

como cordero llevado al matadero,

como oveja ante el esquilador,

enmudecía y no abría la boca.

Sin defensa, sin justicia, se lo llevaron,

¿quién meditó en su destino?

Lo arrancaron de la tierra de los vivos,

por los pecados de mi pueblo lo hirieron.

Le dieron sepultura con los malvados,

y una tumba con los malhechores,

aunque no había cometido crímenes

ni hubo engaño en su boca.

El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento,

y entregar su vida como expiación;

verá su descendencia, prolongará sus años,

lo que el Señor quiere prosperará por su mano.

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 102, 1-2. 3-4. 6-7. 8 y 10 (R.: 1a. 3a)

 

  1. Bendice, alma mía, al Señor; él cura todas tus enfermedades.

 

Bendice, alma mía, al Señor

y todo mi ser a su santo nombre.

Bendice, alma mía, al Señor

y no olvides sus beneficios. R.

 

Él perdona todas tus culpas

y cura todas tus enfermedades;

él rescata tu vida de la fosa

y te colma de gracia y de ternura. R.

 

El Señor hace justicia

y defiende a todos los oprimidos;

enseñó sus caminos a Moisés

y sus hazañas a los hijos de Israel. R.

 

El Señor es compasivo y misericordioso,

lento a la ira y rico en clemencia;

no nos trata como merecen nuestro pecados

ni nos paga según nuestras culpas. R.

 

Aleluya Cf. Lc 1, 45

Dichosa tú, Virgen María, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.

 

EVANGELIO

¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?

 

+ Lectura del santo Evangelio según san Lucas 1, 39-56

En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.

En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito:

–«¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!

¿Quién soy yo para que me visite la madre de m¡ Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá».

María dijo:

— «Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo,

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de la misericordia

–como lo había prometido a nuestros padres–

en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.»

María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.

 

Palabra del Señor.

 

Oración de los Fieles:

Elevemos nuestra oración a Dios Padre, en quien ponemos nuestra confianza. Lo hacemos por mediación de María, salud de los enfermos, respondiendo:

 

  1. Confiamos en tí, Padre todopoderoso.
  • Por la Iglesia: para que todas las personas puedan experimentar en ella la fuerza del corazón misericordioso del Padre.
  • Por nuestro mundo, marcado por el sufrimiento en sus distintas formas, para que descubra en el Siervo sufriente un modelo para afrontar las dificultades o enfermedades. Oremos.
  • Por nuestros hermanos enfermos: para que, experimentando el misterio de la enfermedad, sientan también la presencia cercana y maternal de la Virgen.
  • Por las familias de los enfermos, los profesionales, los voluntarios, y todos aquellos que les atienden y cuidan, para que reciban la fuerza de María y se conviertan para nosotros en ejemplo de cómo tratar a cada enfermo como una persona.
  • Por todos los religiosos y religiosas consagrados al servicio de los enfermos y pobres: para que, como María en su visita a Isabel, sean imagen de la solicitud de Cristo por los hermanos que nos necesiten.
  • Por nuestra comunidad cristiana: para que se muestre siempre cercana a las necesidades de quien sufre, y sea constructora de un entorno saludable.

 

Escucha, Padre, nuestra oración y danos un corazón compasivo como el de María, para que nos mostremos siempre más atentos a las necesidades de nuestros hermanos que sufren y nos comprometamos, sin miedo, a acompañarles. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

 

 

Oración sobre las ofrendas:

Señor, escucha las plegarias y recibe las ofrendas que te presentan los fieles en honor de santa María, siempre Virgen; que sean agradables a tus ojos y atraigan sobre el pueblo tu protección y tu auxilio. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Prefacio

 

LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA BRILLA COMO SIGNO DE SALUD PARA LOS ENFERMOS

 

  1. El Señor esté con vosotros.
  2. Y con tu espíritu.
  3. Levantemos el corazón.
  4. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
  5. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
  6. Es justo y necesario.

 

En verdad es justo darte gracias

y deber nuestro glorificarte, Padre santo.

 

Porque la santa Virgen María,

participando de modo admirable en el misterio del dolor,

brilla como señal de salvación y de celestial esperanza

para los enfermos que invocan su protección;

y a todos los que la contemplan,

les ofrece el ejemplo de aceptar tu voluntad

y configurarse más plenamente con Cristo.

El cual, por su amor hacia nosotros,

soportó nuestras enfermedades

y aguantó nuestros dolores.

 

Por él,

los ángeles y los arcángeles

y todos los coros celestiales

celebran tu gloria,

unidos en común alegría.

 

Permítenos asociamos a sus voces

cantando humildemente tu alabanza:

 

Santo, Santo, Santo.

 

Oración de postcomunión:

Hemos recibido gozosos, Señor, el sacramento que nos salva, el Cuerpo y la Sangre de tu Unigénito, en la celebración de su Madre, la bienaventurada Virgen María; que él nos conceda los dones de la vida temporal y de la eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Textos de ayuda para preparar la homilía:

Del  Mensaje para la Jornada Mundial del Enfermo, 11 febrero 2017.

 

  • El tema elegido se inscribe en el marco de la celebración del 25 Aniversario de la Jornada Mundial del Enfermo, instituida por S. Juan Pablo II en 1992, y celebrada por primera vez el 11 de febrero de 1993. Aunque en España ya se llevaba realizando desde hacía 8 años en el VI Domingo de Pascua.
  • Constituye una ocasión para prestar especial atención a la situación de los enfermos y de todos los que sufren en general; y, al mismo tiempo, es una llamada dirigida a los que se entregan en su favor, comenzando por sus familiares, los agentes sanitarios y voluntarios, para que den gracias por la vocación que el Señor les ha dado de acompañar a los hermanos enfermos.
  • Además, esta celebración renueva en la Iglesia la fuerza espiritual para realizar de la mejor manera posible esa parte esencial de su misión que incluye el servicio a los últimos, a los enfermos, a los que sufren, a los excluidos y marginados.
  • Deseo expresar mi cercanía a todos vosotros, hermanos y hermanas, que vivís la experiencia del sufrimiento, y a vuestras familias; así como mi agradecimiento a todos los que, según sus distintas ocupaciones y en todos los centros de salud repartidos por todo el mundo, trabajan con competencia, responsabilidad y dedicación para vuestro alivio, vuestra salud y vuestro bienestar diario.
  • Me gustaría animar a todos los enfermos, a las personas que sufren, a los médicos, enfermeras, familiares y a los voluntarios a que vean en María, Salud de los enfermos, a aquella que es para todos los seres humanos garante de la ternura del amor de Dios y modelo de abandono a su voluntad; y a que siempre encuentren en la fe, alimentada por la Palabra y los Sacramentos, la fuerza para amar a Dios y a los hermanos en la experiencia también de la enfermedad.
  • Bernadette cuenta que la Virgen, a la que llamaba «la hermosa Señora», la miraba como se mira a una persona. Estas sencillas palabras describen la plenitud de una relación. Bernadette, pobre, analfabeta y enferma, se siente mirada por María como persona. La hermosa Señora le habla con gran respeto, sin lástima.
  • Esto nos recuerda que cada paciente es y será siempre un ser humano, y debe ser tratado en consecuencia. Los enfermos, como las personas que tienen una discapacidad incluso muy grave, tienen una dignidad inalienable y una misión en la vida y nunca se convierten en simples objetos, aunque a veces puedan parecer meramente pasivos, pero en realidad nunca es así.
  • A Bernadette, María le dio la vocación de servir a los enfermos y la llamó para que se hiciera Hermana de la Caridad, una misión que ella cumplió de una manera tan alta que se convirtió en un modelo para todos los agentes sanitarios. Pidamos pues a la Inmaculada Concepción la gracia de saber siempre ver al enfermo como a una persona que, ciertamente, necesita ayuda, a veces incluso para las cosas más básicas, pero que también lleva consigo un don que compartir con los demás.
  • La mirada de María, Consoladora de los afligidos, ilumina el rostro de la Iglesia en su compromiso diario en favor de los necesitados y los que sufren. Los frutos maravillosos de esta solicitud de la Iglesia hacia el mundo del sufrimiento y la enfermedad son motivo de agradecimiento al Señor.
  • Tanta riqueza de humanidad y de fe no debe perderse, sino que nos ha de ayudar a hacer frente a nuestras debilidades humanas y, al mismo tiempo, a los retos actuales en el ámbito sanitario y tecnológico.
  • En la Jornada Mundial del Enfermo podemos encontrar una nueva motivación para colaborar en la difusión de una cultura respetuosa de la vida, la salud y el medio ambiente; un nuevo impulso para luchar en favor del respeto de la integridad y dignidad de las personas, incluso a través de un enfoque correcto de las cuestiones de bioética, la protección de los más débiles y el cuidado del medio ambiente.
  • Renuevo, con mi oración y mi aliento, mi cercanía a los médicos, a los enfermeros, a los voluntarios y a todos los consagrados y consagradas que se dedican a servir a los enfermos y necesitados; a las instituciones eclesiales y civiles que trabajan en este ámbito; y a las familias que cuidan con amor a sus familiares enfermos. Deseo que todos sean siempre signos gozosos de la presencia y el amor de Dios.

 


ORACIÓN

 

Dios Padre, amigo de la vida,

que estás presente en todo el universo
y en la más pequeña de tus criaturas,

derrama en nosotros la fuerza de tu amor.

 

Dios de los pobres,
ayúdanos a rescatar y cuidar
a los abandonados y olvidados de esta tierra

que tanto valen a tus ojos.

 

Sana nuestras vidas,
para que sembremos hermosura
y no contaminación y destrucción.

 

Toca nuestros corazones
y enséñanos a descubrir el valor

de cada persona y de cada cosa,

porque todos somos custodios

de la salud de nuestros hermanos

y de la salud del mundo.

 

Amén

 

 

 

 

 

CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA

COMISIÓN EPISCOPAL DE PASTORAL

DEPARTAMENTO DE PASTORAL DE LA SALUD