VI SEMANA TIEMPO ORDINARIO 12 al 18 de Febrero de 2017

DOMINGO 12 de Febrero  (Mateo 5, 17-37)

 “El que se enoje con su hermano… el que injurie… se hará merecedor del fuego…”

La Palabra de este domingo nos confronta con nuestras actitudes hacia aquellas personas con las que construimos nuestras biografías. Aquellas con las que compartimos parte del camino o que de alguna manera inciden en nuestra realidad personal.

Es normal enfadarse, en normal sentir el dolor de la ofensa, del desprecio o, peor aún, de la indiferencia… Surgen en nosotros sentimientos de venganza, juicios sobre quien nos ofende…

El Evangelio nos invita a procesar esos sentimientos desde los valores del perdón, del encuentro, de la valoración positiva del otro, del compromiso activo por la paz…

Y en ese esfuerzo, los primeros beneficiados somos nosotros mismos, porque rompemos el círculo perverso que nos daña el corazón, alimenta el rencor, nos hace ajenos a ese amor incondicional al que Dios nos invita.

Quien entra en esta dinámica puede llegar a comprender lo que significa amar como Dios mismo nos ha amado, cargando sobre sí la dura carga de un mal que no había cometido… Entonces, somos co-redentores…

 

 LUNES 13 de Febrero  (Marcos 8, 11-13)

“Comenzaron a discutir con Jesús para tenderle una trampa.”

La dinámica de no querer ver, de tejer una maraña de falsas razones para huir de verdades incómodas forma parte de nuestra limitada condición.

Para los fariseos, aceptar el anuncio y la persona de Jesús, implicaba romper con sus propias convicciones y asumir un duro camino de transformación.

¿Qué llamadas de cambio nos está pidiendo hoy el desafío de vivir en clave de evangelios, de hospitalidad? ¿Qué murallas ideológicas y emocionales dificultan alumbrar una nueva comunión y participación?

 

 

MARTES 14 de Febrero  (Lucas 10, 1-9)

“La mies es mucha pero los obreros son pocos.”

Una nueva eclesiología, alentada por el Papa Francisco, nos alienta a asumir desde el laicado la responsabilidad vocacional bautismal. Esa es la vocación fundamental, la vocación común, la que debe asumir la revitalización de la vida evangélica.

¿Y la vida religiosa? Es evidente que debe encontrar una nueva forma de ser, desde la descentralización y la participación del carisma recibido. En ese proceso, no dudo que Dios inspirará y acompañará opciones desde “el formato” de la vida consagrada.

Sólo una clara opción por la vivencia vocacionada del laicado será posible dar continuidad y vitalidad formando auténticas familias carismáticas.

Jesús, invitando a los setenta y dos nos indica el camino de la apertura a la que está llamada la vida religiosa, desde un compromiso “formado y acompañado”, del laicado.

 

 

MIÉRCOLES 15 de Febrero  (Marcos 8, 22-26)

“… el hombre miró con atención y quedó sanado.”

Intimidad, acogida afectuosa, compromiso personal, participación, respeto por los procesos. ¿No son acaso claves para entender y orientar nuestra misión?

Las podemos aplicar a nosotros mismos y orar desde ellas, con la certeza que, en el encuentro con el Dios, estamos llamados a “ver todo con claridad”.

Debemos ponernos delante del Señor y pedirle: Ponme de nuevo tus manos y hazme ver. Quizá sea preciso salir de nuestra aldea, hablar con Él de corazón a corazón, dejarnos tocar por su vida y su mensaje para volver a nuestra casa con una mirada nueva.

Para ello debemos querer mirar con atención, evitar las “distracciones”…

 


JUEVES  16 de Febrero  (Marcos 8, 27-33)

 “En el camino, preguntó a sus discípulos…”

Nos encontramos con una de las claves de la pedagogía de Jesús: la pregunta.

“¿Quién dice la gente que soy yo?” Los discípulos se implican en la respuesta y a partir de ellas Jesús articula su mensaje.

¿Somos inclusivos en nuestra praxis pastoral, asistencial, educativa, en nuestra vida comunitaria o familiar? ¿O preferimos un enfoque directivo y dominador?

Acoger significa implicar toda la potencialidad del otro en su proceso personal. Es lo que llamamos “acogida liberadora”. Así me acoge Dios, así debo acoger al otro.

 

VIERNES 17de Febrero (Marcos 8, 34-9,1)

“El que quiera salvar su vida, la perderá.”

Somos hijos de una cultura contradictoria que pasa fácilmente del dolorismo a la negación del dolor. Y esas tendencias nos juegan malas pasadas.

¡Cuán quejicas solemos ser! Cualquier dolor debemos pregonarlo, victimizándonos ante los demás, buscando un alivio que muy bien podríamos hallar acogiendo serenamente y en Dios, nuestra frágil condición.

Tampoco sirven las estrategias orientadas a negar la presencia del dolor en nuestras vidas. Se trata de un delicado equilibrio: cargar la cruz, que no arrastrarla, sabiéndonos tras las huellas de quien hizo del sufrimiento un trampolín hacia la VIDA.

 

SÁBADO 18 de febrero  (Marcos 9, 2-13)

 “Escuchadlo.”

La escena de la “transfiguración de Jesús” es  una teofanía, una revelación de la identidad profunda de Jesús. “Escuchadlo” es la clave del todo el relato. Jesús es la presencia de Dios entre los hombres, por eso hay que escucharlo. Escuchar al Hijo es llevar una vida como la suya,  ser capaz de manifestar el amor a través del don total de sí.

Lo que muestra a Jesús como un hombre transfigurado era su bondad, su compasión, su autenticidad, su coherencia, su libertad y vivencia del Padre.

Escuchar a Jesús es el camino inicial para nuestra propia transfiguración. Sin este proceso de identificación, no hay proyecto vocacional posible. (Recordando que nuestra vocación común, esencial, primera… es la que nace del bautismo.)