SEGUNDA SEMANA DE PASCUA: 23 al 29 de Abril de 2017

DOMINGO 23 de Abril  (Juan 20, 19-31)

 “Estaban los discípulos en una casa”.

Los discípulos estaban preocupados y, aunque habían escuchado testimonios, no terminaban por vencer el miedo que se les había metido en el cuerpo al ver a su maestro apresado, condenado y ajusticiado. Pero supieron mantenerse unidos. Así les encuentra Jesús. Les transmite la paz y les reafirma en la fe.

No existe otra forma de seguir al Nazareno que no sea “en comunidad”. Sin embargo se impone entre nosotros la cultura del “aislacionismo”. La fragilidad en los vínculos interpersonales está presente en todos los ámbitos: el familiar, el laboral, el social en sentido amplio…

Podemos vivir rodeados de personas, pero mantenernos al margen de sus biografías. El Papa Francisco nos recuerda: “La verdadera fe en el Hijo de Dios hecho carne es inseparable del don de sí, de la pertencencia a la comunidad…” (EG, 88) “…crece el aprecio por una teología de la prosperidad sin compromisos fraternos o por experiencias subjetivas sin rostros, que se reducen a una búsqueda interior inmanentista.” (EG, 90)

“Estar juntos en una casa” implica valorar y trabajar activamente por la construcción de espacios comunitarios donde cultivemos y vivamos la fe en el Resucitado.

           

LUNES 24 de Abril  (Mateo 25, 31-46)

SAN BENITO MENNI – FUNDADOR DE LAS HERMANAS HOSPITALARIAS DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

“Estuve enfermo y me visitasteis.”

Hoy no me resisto a compartiros una reflexión desde el carisma de la Hospitalidad que comparto en mi día a día con las Hermanas Hospitalarias.

Estamos ante un texto referencial para comprender la fuente evangélica del carisma Hospitalario. Anuncia la centralidad del amor a los más pequeños como criterio de salvación o perdición.

Entre los más pequeños señala a las personas que padecen alguna enfermedad, los destinatarios privilegiados de la Hospitalidad. Servirles es servir al mismo Dios. Así lo entendieron y así lo transmitieron tanto el Fundador como las primeras comunidades de hermanas hospitalarias.

Es sin duda un un privilegio servir en las personas con enfermedad al Señor en  “sus vivas imágenes” como las llamaba san Benito Menni.

 

MARTES 25 de Abril  (Marcos 16, 15-20)

“Pondrán las manos sobre los enfermos.”

La imposición de las manos sobre las personas enfermas nos coloca en sintonía con la sensibilidad evangélica del carisma Hospitalario. Existe sobrada literatura que recupera y pone en valor la función sanadora de la cercanía y de los gestos de afecto con la persona que sufre.

Quizá necesitamos recuperar y potenciar el lenguaje de la caricia serena y respetuosa. Nos implica en el dolor del otro, nos ayuda a asumir sus limitaciones, a la vez que reafirmamos nuestra fe en la presencia amorosa de Dios en tantas biografías quebradas como las que acompañamos a diario.

El poner las manos implica cercanía. Exige la presencia. Esa presencia que nos interpela desde el dolor, desde los reclamos de quien se resiste ante lo incomprensible de la enfermedad. Estamos llamados a eso, a encarnar la presencia de Dios en las vidas de las personas que acompañamos. No se trata de otra cosa sino de entrar en la dinámica de la “revolución de la ternura” de la que nos habla el Papa Francisco. (Cf. EG, 88)

 

MIÉRCOLES 26 de Abril  (Mateo 5, 13-19)

“… una lámpara no se enciende para taparla.”

Ante la tendencia cultural que nos invita a un anonimato cómodo, el Evangelio nos sale al paso y nos invita a ser luz y sal.

La observación final del texto que reflexionamos toca de lleno el aspecto motivacional: no se trata de hacernos evidentes para reivindicarnos ante los demás sino de ser puentes para el encuentro de cuantos nos rodean con el Dios de los evangelios.

Ser sal y luz no es entrar en una especie de exhibicionismo, por más espiritual y digno que parezca. Implica un discipulado cargado de rotundidad y profunda sencillez.

 

 

JUEVES  27 de Abril   (Juan 3, 31-36)

“El que viene del cielo está sobre todos y habla de lo que ha visto y oído.”

Jesús manifiesta su autoconciencia como Mesías a fin de afianzar la frágil adhesión de sus seguidores y de denunciar la terquedad de quienes le rechazaban visceralmente.

En el mundo hay regiones donde hacer pública la identidad creyente puede costar la propia vida. Pero, ¿qué ocurre con nosotros, habitantes de una región que se considera tolerante y plural?

¿No confundimos el respeto por el pluralismo con la falta de identidad o con la difusión de identidades débiles, sometidas al vaivén de las corrientes ideológicas imperantes? La asertividad conductual, desde el propio credo es hoy más necesaria que nunca.

El discípulo sabe dar la vida entera y jugarla hasta el martirio como testimonio de Jesucristo, pero su sueño no es llenarse de enemigos, sino que la Palabra sea acogida y manifieste su potencia liberadora y renovadora.” (EG, 24)

 

 

VIERNES 28 de Abril  (Juan 6, 1-15)

“Al levantar la vista y ver a mucha gente que le seguía…”

Necesitamos levantar la mirada y ver. Alzarnos sobre las circunstancias inmediatas y ver. ¿Ver qué? Ver hacia dónde vamos, ver ese río subterráneo que orienta nuestras vidas y la de quienes nos rodean.

Jesús captó el hambre de la gente, ¿y nosotros?

Levantar la mirada para ver implica capacidad de escucha, tener sueños que cumplir, creer en nuestras posibilidades.

San Benito Menni supo alzar la mirada, vio a mujeres enfermas mentales desatendidas y dio una respuesta.

El punto de partida es arriesgarnos a ver lo que ocurre a nuestro alrededor.

 

SÁBADO 29 de Abril  (Juan 12, 44-50)

“… no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo.”  (Juan 12, 44-50) 

La experiencia cotidiana de las debilidades propias y las de quienes nos rodean nos colocan frente a la alternativa del juicio o la misericordia.

El juicio puede generar indignación, rechazo, incomprensión. La misericordia nos devuelve la paz, la capacidad de encuentro con el otro, sin quitarnos la conciencia moral.

Esta llamada nos remite a una de las actitudes básicas que debemos tener en la relación con los demás: la aceptación incondicional desde la consideración positiva de la persona.

La aceptación no implica aprobarlo todo como si todo fuera bueno. Significa entrar en una dinámica de comprensión misericordiosa, reconociendo la originalidad de cada persona y los avatares de su vida, evitando proyectar nuestra propia escala de valores, reconociendo en el otro su dignidad esencial como ser humano y como hijo de Dios.

Debemos recordar que sólo quien se siente aceptado incondicionalmente es capaz de asumir su realidad e iniciar un camino de cambio, de sanación y salvación.  No hay otro camino.