TERCERA SEMANA DE PASCUA: 30 de Abril al 6 de Mayo de 2017

DOMINGO 30 de Abril  (Lucas 24, 13-35)

“Jesús se les acercó y caminó con ellos…”

No es sencillo dejar nuestras prisas y proyectos para entrar en la realidad del otro, darnos el espacio necesario para caminar junto a él, desde su realidad y en su dirección.

Vivimos apretados por los compromisos, las tareas, las planificaciones, la preparación de actuaciones de todo tipo, las reuniones que se multiplican aquí y allá, la formación permanente que nos desafía con fuerza.

Todo requiere tiempo y en esa dinámica se nos hace difícil “estar con”, “acercarnos al caminar del otro”, “ponernos a su lado y andar juntos”, acogerlo dándole y dándonos tiempo.

Ello puede meternos en “el torbellino” de otras vidas, complicarnos … pero a eso nos convoca el Evangelio. Así lo expresa el Papa Francisco:

“…sentimos el desafío de descubrir y transmitir la mística de vivir juntos, de mezclarnos, de encontrarnos, de tomarnos de los brazos, de apoyarnos, de participar de esa marea algo caótica que puede convertirse en una verdadera experiencia de fraternidad, en una caravana solidaria, en una santa peregrinación.” (EG, 87)

           

LUNES 1 de Mayo  (Mateo 13, 54-58)

“¿De dónde ha sacado éste todo lo que sabe?”

Quien se salga de los cánones de normalidad pronto es criticado y si es posible dejado de lado. El diferente nos inquieta porque desestabiliza el sistema, porque la homogeneidad siempre es más cómoda.

Ocurrió con Jesús en relación a la gente de su pueblo. Sigue sucediendo entre nosotros.

¡Cuántas riquezas estallarían a nuestro lado si fuésemos capaces de superar ese fino control comunitario de homogeneidad! ¡Cuántos y cuántas profetas de la vida, de la autenticidad, de la libertad, del respeto, de la innovación… son acallados/as desde este empobrecedor dinamismo!

“Las diferencias entre las personas y comunidades a veces son incómodas, pero el Espíritu Santo, que suscita esa diversidad, puede sacar de todo algo bueno y convertirlo en un dinamismo evangelizador que actúa por atracción. (…) cuando somos nosotros quienes queremos construir la unidad con nuestros planes humanos, terminamos por imponer la uniformidad, la homologación. Esto no ayuda a la misión de la Iglesia.” (EG, 113)

 

MARTES 2 de Mayo  (Juan 6, 30-35)

“… el que cree en mí, nunca más tendrá hambre (…) nunca más trendrá sed.”

La exégesis de este texto se ha centrado tradicionalmente en su dimensión eucarística. Podemos abrirnos a una lectura que nos permita ver en Jesús la respuesta a las necesidades espirituales en su sentido más amplio.

Cualquiera sea el credo de nuestros destinatarios, queriendo o sin quererlo, han llegado a un sitio donde Jesús de Nazaret está en la fuente de la propuesta asistencial/educativa que ofertamos.

¿Sabremos, desde el respeto más absoluto al credo personal de cada persona,  ser mediadores eficaces para despertar y saciar su hambre y su sed de plenitud, tantas veces ignorada?

“En sus vidas cotidianas los ciudadanos muchas veces luchan por sobrevivir, y en esas luchas se esconde un sentido profundo de la existencia que suele entrañar también un hondo sentido religioso.” (EG, 72)

 

MIÉRCOLES 3 de Mayo  (Juan 14, 6-14)

“Lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré.”

De pequeños nos enseñaron que si pedimos algo en la oración y no se cumple es porque Dios sabe que, en realidad, no nos conviene. Convengamos que esta respuesta nos deja la herida abierta… ¿Cómo va a convenir tanta desolación, tantas injusticias, tanto dolor…?

Algo no encaja… o sí… porque dice Jesús: “El que cree en mí, también hará las obras que yo hago”. O sea que Jesús sigue actuando en sus seguidores.

Entonces la pregunta y el desconcierto se transforman en invitación al compromiso. ¿Cómo hacer posible el milagro del bien y la verdad a nuestro alrededor? ¿Cómo ser mediadores de un Dios que es bondad, justicia, fraternidad…? Un compromiso que nace, que se nutre desde una profunda espiritualidad:

“Existe el riesgo de que algunos momentos de oración se conviertan en excusa para no entregar la vida en la misión, porque la privatización del estilo de vida puede llevar a los cristianos a refugiarse en alguna falsa espiritualidad.” (EG, 262)

 

JUEVES  4 de Mayo   (Juan 6, 44-51)

“Yo soy el PAN VIVO…”

La “vida eterna”  no minusvalora sino integra la “vida del mundo”.

Resulta esencial considerar que al comulgar nos convertimos en “carne para la vida del mundo”.  Al comulgar, yo no asimilo a Dios, sino Dios me asimila, Dios mismo se hace carne en mí.  ¡Qué misterio y qué desafío!

No puede haber acto más comprometedor con la construcción de un mundo más fraterno, más justo, más “vivo”, que el comulgar. Y sin embargo debemos reconocer que a los creyentes nos acecha la rutina como un proceso desgastante que termina quitando esencia a lo más sagrado.

Ser “pan vivo” implica hacer de cada comunión eucarística un nuevo impulso para la entrega.

 

VIERNES 5 de Mayo  (Juan 6, 52-59)

“El que come mi carne vive en mí y yo vivo en él.”

Nuestro compromiso misionero como agentes de pastoral de la salud  perdería su fuente original si se alejara del sentido eucarístico implícito en él.

 

Estamos llamados a cultivar la raíz creyente de la misión desde este enfoque eucarístico. Sólo así seremos presencia sacramental de “Dios ternura” en el encuentro con las personas con enfermedades y limitaciones, que visitamos.

 

SÁBADO 6 de Mayo  (Juan 6, 60-69)

“Nosotros sí hemos creído y sabemos que eres el Santo de Dios. “

También entre los seguidores de Jesús hubo quienes se “echaron atrás” al no comprender su mensaje. Sólo el don de la fe y la adhesión emocional vuelven coherente el salto sobre la razón.

Para Pedro el fundamento de su fidelidad era el sentirse totalmente identificado con el maestro. Desde esta experiencia, no sólo racional, confiesa su adhesión.

Es en el cultivo de una amistad íntima con el Señor que se vuelve posible sostener nuestro credo. Dinámica que también se da en la relación interpersonal. Creo en ti porque te quiero. No hay más razones.

Renovemos hoy nuestra certeza: ¡creemos en el Señor Jesús!

“(…) creer que es verdad que nos ama, que vive, que es capaz de intervenir misteriosamente, que no nos abandona, que saca bien del mal con su poder y con su infinita creatividad. (…) La resurrección de Cristo provoca por todas partes gérmenes de ese mundo nuevo; y aunque se los corte, vuelven a surgir, porque la resurrección del Señor ya ha penetrado la trama oculta de esta historia, porque Jesús no ha resucitado en vano. ¡No nos quedemos al margen de esa marcha de la esperanza viva!” (EG 278)