SEXTA SEMANA DE PASCUA: 21 al 27 de Mayo de 2017

DOMINGO 21 de Mayo  (Juan 14, 15-21)                                                  PASCUA DEL ENFERMO

 “El Espíritu de la verdad… vive en vosotros y está con vosotros”.

La condición necesaria para que el Espíritu de Jesús permanezca en nosotros es aceptar y cumplir la Palabra. Una Palabra que privilegia el don de la fraternidad nacida de la común filiación con el Padre.

No hay presencia del Espíritu sin este ejercicio cotidiano de amar, de ensanchar el corazón. Y no es posible este compartirnos si el mismo Espíritu no nos asiste. Es el círculo virtuoso de la fe. El amor hace presente al Espíritu y el Espíritu hace posible el amor.

Celebramos este domingo la PASCUA DEL ENFERMO, inspirados por la llamada del Papa Francisco a ser promotores de una salud integral que implique cuidar “un estilo de vida sanante” a través de un compromiso muy especial por la “ética ecológica”. Sabemos que las causas ambientales están a la base de muchas enfermedades.

Sin dudas, una forma básica del amor en el Espíritu es el cuidado de la creación, como “casa común”.

 

LUNES 22 de Mayo  (Juan 15, 26-16, 4ª)

“…llegará el momento en que cualquiera que os mate creerá que le está prestando un servicio a Dios.”

Jesús advierte a los suyos de la presencia de la persecución en sus vidas. Una realidad con la que debemos contar y frente a la cual debemos tener una postura de autocrítica y fortaleza.

Autocrítica para no proyectar en Dios nuestras inconsistencias y desavenencias  cayendo en el victimismo y fortaleza para asumir en clave creyente el peso de la incomprensión.

La vivencia comprometida de nuestra identidad bautismal puede ser motivo de contradicción. Es más, no habrá fidelidad bautismal si no asumimos con serenidad las tensiones propias de una opción por vivir en clave de evangelio.

Estas tensiones dentro de la “vida ordinaria”, son nimias al lado de las realidad martirial de tantos miles de cristianos que son hoy perseguidos. Pongamos sus vidas en las manos del Padre.

 

MARTES 23 de Mayo  (Juan 16, 5-11)

“… os conviene que yo me vaya…”

Durante este tiempo las lecturas del Evangelio hacen referencia a cómo Jesús fue preparando a los suyos antes de regresar al Padre. Les reafirma en su fe y les asegura que, aunque se va, no les dejará solos. “… si no me voy no vendrá a vosotros el Defensor. En cambio, si me voy, os lo enviaré.”

Poco convincentes resultarían sus palabras ya que los suyos sólo entendían su presencia cercana y cotidiana. Más de uno se preguntaría, ¿cómo es eso que “nos conviene” que se vaya?

No acabarían por entender estas palabras sino después de Pentecostés. Entonces sabrían que Jesús se quedaba por siempre entre ellos por su Espíritu, sin limitaciones de tiempo y espacio.

Una ausencia-presencia que da un nuevo protagonismo a los seguidores de Jesús. No cuentan con la certeza de su voz y de sus gestos pero pueden escucharlo en las inspiraciones del Espíritu. Ello requiere una actitud de escucha, de profundidad, de discernimiento en la búsqueda del bien y la verdad.

 

 MIÉRCOLES 24 de Mayo  (Juan 16, 12-15)

“Cuando venga el Espíritu de la verdad, os guiará a toda la verdad…”

En el Espíritu Santo, Dios respeta profundamente nuestra realidad itinerante.

Es bueno aplicar esta pedagogía del respeto por los tiempos de cada uno. Es tan importante el mensaje como la capacidad receptiva de nuestro interlocutor.

Además de respetar los tiempos para la comunicación, debemos favorecer en el otro, la búsqueda de su propia verdad.

Jesús tenía claro su mensaje, sin embargo no lo transmite todo, deja que sea el Espíritu quien lo anuncie en el tiempo oportuno.  Pedagogía del encuentro, pedagogía de la comunicación en clave de receptor, no de emisor. ¡Todo un desafío!

Ciertamente la fidelidad a la que nos llama el Señor implica apertura, capacidad de renovación, asumir el peregrinar de la vocación bautismal. No debemos confundir la fidelidad con la inamovilidad…

 

JUEVES  25 de Mayo   (Juan 16, 16-20)

“… vuestra tristeza se convertirá en alegría.”

Jesús nos invita a ser sensibles ante las preocupaciones de los demás. No para ofrecer un falso consuelo desde una solidaridad emocional que camufla la realidad, sino para ayudar a que el otro comprenda mejor su situación.

El mensaje es realista y al mismo tiempo optimista “me volveréis a ver”, “vuestra tristeza se convertirá en gozo”. Y es que ser realista no significa negar la utopía ni dejar de creer en las personas y en los valores que movilizan nuestros sueños.

Realidad y utopía se unen en una misma dinámica que genera esperanza e ilusión.

 

VIERNES 26 de Mayo  (Juan 16, 20-23a)

“…estáis tristes, pero volveré a veros y de nuevo os alegraréis.”

¿Qué lugar tiene la alegría en la propuesta de acompañamiento de los agentes de pastoral de la salud? Mucho se ha escrito y no son pocas las propuestas que incluyen la risoterapia y en esta línea, la presencia esporádica de payasos en los hospitales…

Sabemos que sin un trabajo complementario y profundo dirigido a la búsqueda de sentido en la vivencia del dolor, estas alternativas, por cierto válidas, no serán sino flashes de una alegría pasajera.

Lo cierto es que el potenciar espacios y momentos de alegría son muy necesarios en cualquier circunstancia, pero particularmente en contextos marcados por el dolor. Podemos hoy preguntarnos si nuestra vida irradia la alegría que nos da la certeza de contar con Jesús en nuestras vidas.

Ser profetas de optimismo y alegría profunda es un signo pascual que debemos reivindicar ante tantos agoreros de la noche…

 

SÁBADO 27 de Mayo  (Juan 16, 23b-28)

“Ahora dejo el mundo y vuelvo al Padre.”

Jesús preparó a los suyos para el momento de la separación. Sabía que había llegado su hora de  volver al Padre, que sus discípulos le echarían mucho de menos.  Juan narra con detalle sus últimos consejos, dándoles la certeza que ni Él ni el Padre les abandonarían.

Si repasamos la vida de los santos, de los grandes testigos del evangelio, encontraremos, como si de una constante se tratara, la autoconciencia de debilidad acompañada por la sensación de abandono y soledad.

La paz interior, la serenidad, el valor para enfrentar las consecuencias del seguimiento son ciertamente un don, pero al mismo tiempo, una difícil conquista.  Necesitamos reafirmarnos en la certeza de un Dios que está a nuestro lado. Que nos escucha, que nos ama con el mismo amor que Jesús hizo tangible entre los suyos.