IX SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO: 4 al 10 de Junio de 2017

DOMINGO 4 de Junio  (Juan 20, 19-23)                                                                         PENTECOSTÉS

  “Recibid el Espíritu Santo”.

El Espíritu no se impone, se acoge o se rechaza. Jesús invita a los suyos a recibirlo, a abrir sus puertas, a vencer el miedo.

Y es que recibir el Espíritu implica acoger a un amigo incómodo que, en muchas circunstancias, pondrá patas arriba nuestros intereses. Y claro, puede resultar más cómodo dejarlo fuera, permanecer con las “puertas cerradas”.

Las pruebas de identidad de Jesús son las huellas de su pasión. Paz, perdón, pasión, Espíritu Santo y envío… todo va “en el mismo paquete”. ¿Estamos dispuestos a recibirlo?

El Papa Francisco nos recuerda que son necesarios “Evangelizadores con Espíritu”, es decir: “evangelizadores que se abren sin temor a la acción del Espíritu Santo. (…) Invoquémoslo hoy, bien apoyados en la oración, sin la cual toda acción corre el riesgo de quedarse vacía y el anuncio finalmente carece de alma. Jesús quiere evangelizadores que anuncien la Buena Noticia no sólo con palabras sino sobre todo con una vida que se ha transfigurado en la presencia de Dios.” (EG, 259)

 

LUNES 5 de Junio  (Marcos 12, 1-12)

  “Acabará con los labradores y arrendará la viña a otros.”

Los sumos sacerdotes se consideraban dueños y administradores de los favores de Dios.  Habían hecho del don, un tesoro particular.

Los dones del Espíritu están abiertos a la humanidad. No nos pertenecen en forma exclusiva y excluyente.

Quienes formamos parte de la comunidad de bautizados debemos asumir la gran responsabilidad de transmitir el mensaje y “dar frutos” que confirmen nuestra “escucha”.

En ocasiones pienso que como iglesia deberíamos hacer algo más para “socializar” el don bautismal, para romper las fronteras institucionales. Es necesario vencer la tendencia a “quedarnos con la herencia” y ser mediadores de una expansión del Espíritu que no necesariamente vendrá “desde dentro”. El diálogo con lo diverso abrirá fronteras insospechadas y los frutos, sin duda, se multiplicarán.

 

 

MARTES 6 de Junio  (Marcos 12, 13-17)

 “¿Es lícito pagar impuesto al César o no?” 

Jesús lleva a sus detractores al fondo de la cuestión. ¿De qué lado estáis? ¿Cuáles son vuestras referencias, vuestros valores? “Lo que es del César pagádselo al César, lo que es de Dios a Dios”.

No parece perder actualidad el mensaje y hoy, como ayer, los seguidores de Jesús debemos aplicarnos la pregunta: ¿Es lícito adherir al proyecto vital que nos imponen los medios de comunicación, la política, la economía, la moda… el poder del medio ambiente, los “César” con quienes convivimos?

Nuestra pregunta ya tiene respuesta. Se trata de no profanar lo divino y de no endiosar lo profano. Vivir sanamente esta tensión entre los bienes de este mundo y los valores del Evangelio constituye un desafío que solamente podremos resolver desde un discernimiento profundo y comprometido.

Es muy fácil caer en el sincretismo de quien piensa estar en la senda del evangelio al tiempo que obedece a todos los principios del “status quo” del contexto cultural. Jesús nos recuerda que es ineludible establecer una ruptura, fruto de una elección libre y responsable. No se puede decir sí a Dios y al César al mismo tiempo y ante las mismas circunstancias.

 

 MIÉRCOLES 7 de Junio  (Marcos 12, 18-27)

Estáis en un gran error.”

Exponer la propia verdad no implica que el otro admita su error. Quizá el efecto más significativo se centre en evitar que la duda cunda entre los inocentes, entre los que pueden confundirse ante los mensajes distorsionados.

Los seguidores de Jesús vivimos tiempos de diversidad ideológica y no pocas veces de declarada persecución. ¿Tenemos el valor de decir, de expresar nuestra verdad, de no dejar que la mentira y el ridículo campen por sus anchas? El silencio en estos casos puede estar más cercano de la omisión que de la supuesta virtud de la tolerancia.  Saber confrontar al otro en su error es un servicio delicado, difícil de vivir con paz y ecuanimidad, pero más necesario que nunca.

 

JUEVES  8 de Junio  (Lucas 22, 14-20)

“Haced esto en memoria mía.”

La dimensión eucarística se hace presente cada vez que somos capaces de poner en segundo lugar nuestros intereses para presentarnos como servidores de los demás. Cuando así obramos, el “pan y el vino” que alimenta nuestras vidas se convierte en “pan y vino” de vida para los demás.

Nos referimos a la entrega generosa, a la disponibilidad para servir, a la capacidad de darnos sin exigir nada a cambio, a comprometernos en ser constructores de fraternidad.

El carisma de todo agente de pastoral de la salud, por estar centrado en la acogida y la entrega incondicional, es esencialmente eucarístico.

 

VIERNES 9 de Junio  (Marcos 12, 35-37)

“¿Cómo puede ser…?

El rey David forma parte de una historia de salvación que se plenifica en Jesús. Fue referente en el largo itinerario que nos llevó hasta el Mesías, pero no fue el Mesías.

En esta perspectiva podemos ubicar a los santos y santas de todos los tiempos . Son referentes en la identidad de las diversas acentuaciones espirituales. Pero el único SEÑOR continúa siendo Jesús de Nazaret.

Por ello, todo carisma que hunda sus raíces en el evangelio, termina siendo cristocéntrico. Y desde Jesús, toda espiritualidad carismática es a la vez universal.  La fuente primigenia del carisma no son los santos o las santas… ha sido y continúa siendo la persona de Jesús de Nazaret.

 

SÁBADO 10 de Junio  (Marcos 12, 38-44)

“…ha echado todo lo que tenía para vivir.”

No todo lo que deslumbra por su grandiosidad o apariencia revela el corazón de las cosas. Hay actos y actitudes con poca visibilidad que esconden una plenitud insospechada.

Sería simplista condenarnos o vanagloriarnos en razón de nuestras cualidades y posibilidades, y a la vez resulta esencial el preguntarnos si estamos dando el cien por cien, si estamos siendo generosos y comprometidos desde la abundancia o desde la pobreza.

Lo que importa no es el mayor o menor cúmulo de posibilidades y cualidades que poseamos sino las motivaciones y actitudes que orientan nuestra entrega cotidiana.