X SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO: 11 al 17 de Junio de 2017

DOMINGO 11 de Junio (Juan 3, 16-18)                                                      SANTÍSIMA TRINIDAD

“No mandó a su Hijo para juzgar, sino para salvar”.
El Dios trino y uno de los evangelios siempre nos amará, cualquiera sea nuestro pasado o presente. En Dios, el amor es identitario. No puede no amar. Dejaría de ser.
Está claro que la justicia misericordiosa es incomprensible y escandalosa para quien pretende resolverlo todo condenando en el mal a la persona responsable.
La Iglesia, y ella nosotros, estamos llamados a ser signos de contradicción a causa de una bondad que trasciende las condiciones humanas de la justicia.
La justicia en clave de evangelio incluirá siempre la llamada a la fraternidad, la cual se nutre del misterio trinitario. Hemos sido creados a imagen de este Dios que es comunidad, que es fraternidad. Aceptar el amor de Dios provoca en nuestras vidas una “una primera y fundamental reacción: desear, buscar y cuidar el bien de los demás.” (Papa Francisco en E.G, 178) Esta actitud de acogida incondicional sólo es posible integrando la misericordia, el deseo de “salvar” y no condenar, la búsqueda del bien de todos aquellos con los que compartimos nuestras vidas.
Por todo ello, nuestra misión como agentes de pastoral de la salud, es una expresión privilegiada de la identidad de un Dios Amor que nos ha creado a su imagen y semejanza.

 

LUNES 12 de Junio (Mateo 5, 1-12)
“Dichosos los que…”
Las Bienaventuranzas prometen la felicidad a quienes asumen las exigencias evangélicas, al tiempo que manifiestan que no faltarán las contradicciones, las privaciones, la incomprensión, las calumnias y toda clase de persecución.
Debemos reconocer que se trata de una felicidad un tanto atípica, fundada en un sentido de plenitud no incompatible con el dolor que causan las propias limitaciones y las ajenas.
La felicidad a la que se refieren las Bienaventuranzas no se centra en la ausencia de las dificultades o del dolor, sino en la capacidad espiritual de superarlas desde la certeza de estar viviéndolo todo desde esas nuevas claves que Jesús predica y vive: la humildad, la sencillez, el no apego a las cosas, el reconocimiento de las propias miserias, la disponibilidad a servir al más necesitado, la compasión, el compromiso por la paz…

 

MARTES 13 de Junio (Mateo 5, 13-16)

“Alumbre así vuestra luz a los hombres”.
Vivir en positivo el seguimiento implica ser luz para quienes nos rodean. Ello conlleva ponerse en evidencia, salir del anonimato cómodo, asumir un compromiso y un protagonismo del cual, muchas veces, en nombre de una pretendida humildad, preferimos huir.
Desde este principio de “no aparecer” hemos ido, poco a poco, convirtiendo la religión y su vivencia en un tema privado, casi escondido.
Podemos reducir los ámbitos de actuación proactiva del evangelio en espacios intimistas, que camuflan una actitud cómoda y egoísta, cuando lo que hoy urge es que nuestra luz alumbre a los hombres.
El Papa Francisco nos recuerda esta llamada y nos hace una clara advertencia: “Cuando más necesitamos un dinamismo misionero que lleve sal y luz al mundo, muchos laicos sienten el temor de que alguien les invite a realizar alguna tarea apostólica, y tratan de escapar de cualquier compromiso que les pueda quitar su tiempo libre.” (EG, 81)

 

MIÉRCOLES 14 de Junio (Mateo 5, 17-19)

“No penséis que he venido a poner fin a las enseñanzas de los profetas.”
No se trata de abolir, sino de integrar la Ley y los Profetas en la nueva perspectiva de Jesús de Nazaret. ¡Qué importante es conservar esta visión histórica que hace posible y fundamenta el caminar! Tanto a nivel personal como colectivo o institucional, el pasado debe ser considerado como fuente del presente. Los cambios necesarios se comprenden y asimilan con mayor eficacia cuando “dan cumplimiento” a largos procesos de maduración.
Es interesante extrapolar una llamada concreta para nosotros.
De ahí la importancia de volver siempre a las fuentes para proyectar el presente y el futuro. Es en los orígenes, en la vivencia de las primeras comunidades cristianas, que encontraremos las claves que nos identifican. Unas claves que deben ser leídas desde un contexto diverso. Ahí radica la llamada a la creatividad. La misma que en su tiempo desarrolló Jesús y que tantas incomprensiones le ocasionaron.

JUEVES 15 de Junio (Mateo 5, 20-26)

“… ve primero a ponerte en paz con tu hermano.”
Perdonar implica asumir una actitud constructiva de aceptación de la persona que me ha ofendido. Ello no es sencillo cuando las heridas son muy profundas.
Dado que Dios no solamente no quiere el mal sino que desea el bien, estamos invitados a comprometernos con el duro proceso de perdonar. Hacerlo de esta manera no es sino entrar en el misterio del dolor redentor de Jesús.
No podemos confundir el perdón y la reconciliación con un proceso de sanación afectiva de las relaciones interpersonales. Es posible estar emocionalmente afectados y, al mismo tiempo, optar por perdonar. Es posible no encontrar reciprocidad en la búsqueda del encuentro con aquel a quien he ofendido o que me ha ofendido, pero ello no me privará de optar por el perdón, solicitado y donado, desde lo más profundo de nuestro ser.

 

VIERNES 16 de Junio (Mateo 5, 27-32)

“Sácatelo, córtatela, arrójala… “
El texto evangélico suena duro, casi inhumano… Sin embargo responden a una llamada clara: debemos ser protagonistas de una ética que nace desde lo más profundo y que nos exige discernir nuestros impulsos y tomar las riendas de los mismos.
Si damos cobijo a pensamientos y sentimientos negativos, muy probablemente estaremos hipotecando la fidelidad a nuestros ideales.
Jesús no se anda con medias tintas al plantearnos que la única solución está en “sacar, cortar, arrojar” todo lo que, aun siendo secreto, nos conducirá poco a poco y sin remedio hacia donde no queremos.
Las componendas, las dilaciones, las negociaciones con todo lo que vemos contradictorio en nosotros mismos, no hacen sino falsear nuestras conciencias y evitar las llamadas de conversión.
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SÁBADO 17 de Junio (Mateo 5, 33-37)

“Si decís, SÍ, que sea sí; y si decís NO, que sea no.”
Al parecer las indefiniciones no son muy compatibles con el Evangelio.
Al mismo tiempo es verdad que las decisiones no siempre son fáciles. Lo bello y lo feo, lo bueno y lo malo coexisten y esta dimensión poliédrica de la realidad hace que en toda opción debamos asumir un ámbito de riesgo. Lo no asumible es terminar por no decidirnos, parapetados en la complejidad de las cosas.
En ocasiones echamos en falta la asertividad necesaria para tomar decisiones y sostenerlas. Jugamos a contentar a todo y a todos, enlenteciendo nuestros procesos de cambio personales y también institucionales.