XVI SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO: 23 al 29 de Julio de 2017

DOMINGO 23 de Julio  (Mateo 13, 24-43)

 “Dejadlo crecer juntos hasta la siega.”

Nuestras biografías se construyen desde procesos que no son lineales. En todos los aspectos de la vida, lo biológico, psicológico, social y espiritual, vamos haciendo caminos marcados por subidas, bajadas, avances y retrocesos.

De ahí que estemos llamados a retomar nuestros proyectos, darles nuevo impulso, corregir errores, afianzar los logros, recomenzar cuantas veces haga falta…

El Evangelio nos recuerda que Dios es paciente. Nos espera. Tolera nuestras cizañas y bendice nuestro trigo. Al final, sólo al final, separará el trigo de la paja.

 

LUNES 24 de Julio  (Mateo 12, 38-42)

“Los habitantes de Nínive se levantarán en el día del juicio…”

Los lejanos, los que no están atados a paradigmas previos, son los más dispuestos a acoger la novedad del mensaje y la persona de Jesús. Algo de eso ocurre al interior de la Iglesia y de las congregaciones. ¡Cuántas evidencias son ignoradas por el simple hecho de no encajar en nuestros preconceptos!

Solemos reclamar “pruebas” para confirmarnos en nuestras verdades y no hay más prueba que la dimensión pascual asumida con esperanza. Es preciso morir a muchas certezas, sumergirnos en la “tierra”, en la realidad,  para resucitar a la frescura de los evangelios.

 

 MARTES 25 de Julio  (Mateo 20, 20-28)                                                    SANTIAGO APÓSTOL

 “El que entre vosotros quiera ser el primero…”

La pretensión de aquella madre, secundada por sus hijos, continúa repitiéndose. Aún desde un contexto personal o comunitario de entrega generosa, continúa colándose esta tendencia natural del ser humano a buscar el reconocimiento, el prestigio, ciertas cotas de poder.

Hay que recorrer un largo camino de madurez humana y fidelidad en el discipulado para que el servicio a los demás se purifique en sus motivaciones y termine sustentado en la sencillez, en la ausencia de segundas intenciones, en la certeza de que sentirnos amados por Dios nos basta para ser plenos y profundamente felices.

El Papa Francisco, dirigiéndose a las familias, recuerda que “para poder servir a los demás de corazón, es indispensable sanar el orgullo y cultivar la humildad. (…) La lógica del amor cristiano no es la de quien se siente más que otros y necesita hacerles sentir su poder…” (A.L., 98)

 

 MIÉRCOLES 26 de Julio  (Mateo 13, 1-9)                                   SAN JOAQUÍN Y SANTA ANA

 “Unas espigas dieron cien granos por semilla, otras dieron sesenta y otras treinta.”

Jesús no condena a aquel que produjo treinta ni tampoco ensalza particularmente al que produjo cien. Lo que importa es que cada uno produzca lo que pueda, de acuerdo a su realidad.

Dios no nos pedirá más de lo que podemos dar. Tampoco menos.

Este respeto profundo por los procesos personales en el seguimiento de Cristo ilumina de manera particular nuestro modo de entender el caminar comunitario. No se trata de un ser-hacer homogéneo, sino de compartir una misma inspiración, un mismo Espíritu y, desde Él, hacer camino sin escandalizarnos cuando vemos despuntar la cizaña en medio del trigo, sin caer en reacciones quejosas o criticonas hacia quienes, según nuestro parecer, no viven en plenitud la propuesta del nazareno.

El respeto que Dios nos tiene es el que debemos tener hacia los demás.

 

 

JUEVES 27 de Julio  (Mateo 13, 10-17)

“Al que tiene se le dará más (…) al que no tiene se le quitará…”

¿Cómo entender el mensaje de dar al que ya tiene y quitar al que no tiene nada?

El Señor nos recuerda que el bien llama al bien y el mal al mal, que el egoísmo genera mayor egoísmo y la entrega mayor entrega.

Nadie, por lo tanto, irá a quitarle nada a nadie. Simplemente quien se cierra, quien no quiere oír, quien no quiere ver… renuncia a crecer en los diversos órdenes de la vida.

Vivimos en un contexto que nos distrae más de la cuenta. De este modo las realidades se nos vuelven invisibles, los gritos de quienes nos demandan mayor entrega no nos llegan… “Ciegos y sordos”, perdemos la capacidad de dejarnos interpelar por ese Dios encarnado que nos invita a salir de nosotros mismos. ¡Señor que vea, Señor que oiga…!

 

VIERNES 28 de Julio  (Mateo 13, 18-23)

 

“Los que oyen el mensaje y no lo entienden…”

Jesús explica a sus discípulos el significado de la parábola del sembrador. No lo hacía con frecuencia, ya que las parábolas ofrecen imágenes abiertas a la interpretación. Pero esta vez el maestro es quien interpreta. ¿Quizá porque estaba refiriéndose a la Palabra? ¡Cuántas formas tenemos para no escucharle!

La semilla de la Palabra nos la ofrece el Señor a diario, con generosidad, en abundancia… De nosotros depende ofrecerle esa “tierra fértil” que la acoja y la transforme en vida nueva.

 

SÁBADO 29 de Julio  (Mateo 13, 24-30)

“Llegó un enemigo que sembró mala hierba.”

Quienes siembran cizaña lo hacen cuidando no ser descubiertos, por la noche, en las horas del sueño. De este modo el mal aparece aquí y allá, sin que se evidencie con precisión de dónde procede. Y el Señor permite que el trigo y la cizaña convivan.

La semilla es buena, el proyecto evangélico es maravilloso. ¿Cómo hacer para que la cizaña no se propague y ahogue el trigo? ¿Qué hacer para estar más atentos y no permitir que nuestros “sueños” favorezcan su siembra?

Quizá no podamos evitar que el enemigo lleve adelante sus planes, pero podemos cuidar “el trigo”, reforzar lo bueno… De nada sirve lamentarnos por todo aquello que no condice con el proyecto del Reino si no hacemos nada por hacer que la semilla de la Palabra crezca en nosotros y en nuestras comunidades.