XIV SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO: 8 al 14 de Julio de 2018

DOMINGO 8 de Julio  (Marcos 6, 1-6)

 “¿No es este el hijo del carpintero…?”

A los paisanos de Jesús les resultaba sospechoso que uno de ellos se manifestara como el Mesías. ¿Cómo podía ser posible tanta excepcionalidad desde la normalidad de su vida? Aquel niño que habían visto crecer de la mano de María y el carpintero José, no podía ser el mesías esperado… Y Jesús se duele ante el desprecio de su propia gente.

Algo de eso ocurre en nuestras relaciones interpersonales cuando no reconocemos ni potenciamos todo lo bueno, que ciertamente hay, en nuestros compañeros y compañeras de trabajo, en nuestras amistades, en nuestras parejas, hijos, vecinos, hermanas de comunidad. El Evangelio nos invita  a creer en ellos, a favorecer  el desarrollo pleno de su potencialidades.

Debemos reconocer que se trata de una actitud anticultural. Lo que hoy se impone es demostrar que somos buenos, competentes, eficaces y eficientes, que nos merecemos estar donde estamos y aún más arriba, porque valemos. En coherencia con este paradigma el otro se convierte en una competencia y por lo tanto cuanto menos favorezcamos su crecimiento personal y profesional, mejor.

Miremos hoy a nuestro alrededor, pensemos en las personas con las que tejemos nuestras biografías, revisemos ante la Palabra esta llamada a creer en ellos, a apoyarlos en su crecimiento, a ser potenciadores de toda la riqueza que esconden..

 

LUNES 9 de Julio  (Mateo 9, 18-28)

 “… ponle la mano en la cabeza, y vivirá (…) tocó el borde del manto (…) cogió a la niña de la mano, y ella se puso en pie…” 

Mateo condensa en pocas líneas la narración de estas dos intervenciones milagrosas del Señor.

Comprobamos una vez más la actitud de disponibilidad y la sensibilidad que manifiesta Jesús ante el mundo del dolor. En ambos casos se dan situaciones distintas. En el primero, Jesús lo deja todo y va al encuentro de la niña que acaba de morir. En el segundo,  la mujer hemorroísa toma la iniciativa, se acerca y toca el manto del Señor confiando en ser curada.

No existen caminos únicos y estandarizados para acceder a la VIDA que el Señor nos comparte. Podemos inferir en estos hechos una llamada a la apertura, la adaptación, la creatividad en las actuaciones pastorales.

Me ha llamado la atención la presencia de las manos, como instrumentos de sanación. Sin pretender forzar el texto bíblico el reclamo del padre para que Jesús impusiera sus manos a la hija muerta, el dejarse tocar por la hemorroísa, el coger de la mano a la niña, son gestos que podemos interpretar en clave Hospitalaria.

Todos ellos nos hablan de cercanía, de contacto, de implicación. No es posible vivir nuestra misión como agentes de pastoral de la salud permaneciendo indemnes o alejados ante la realidad del otro. Acoger las llamadas de cercanía (“ponle la mano en la cabeza”), dejarse tocar por el enfermo (tocó el borde del manto), tocar al enfermo (cogió a la niña de la mano), conforman actitudes de base en el desarrollo de nuestra misión.

 

MARTES 10 de Julio  (Mateo 9, 32-38)                                                                         

 “Jesús recorría las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, anunciando el Evangelio del reino y curando todas las enfermedades y todas las dolencias.”  (

Para Jesús de Nazaret, el anuncio del Reino va unido a la curación de las enfermedades y dolencias. De alguna manera la salud de las personas con las que se encontraba, se convierte en signo del Reino que predica. La salvación-salud que Jesús propone implica a toda la persona. De ahí que su compromiso no se haya limitado a lo espiritual.

El concepto de salud cristiano está íntimamente ligado al de la “VIDA en abundancia” de la que nos habla el Evangelio de Juan, llegando a toda la persona.  Por eso Jesús no solamente cura, sino que promueve la salud desde esa visión integral. De ahí que la defensa y la promoción de la vida y de la salud son aspectos íntimamente ligados a la evangelización.

En este contexto se integra nuestro compromiso como agentes de pastoral de la salud,  actualizando el compromiso de sanación-salvación de Jesús y siendo, al interno de la Iglesia, testimonio y memoria de identidad. No hay Iglesia, no hay Reino.  En ello se juega el ser y el deber ser de la Iglesia.

 

 

MIÉRCOLES 11 de Julio  (Mateo 10, 1-7)

“…les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolencia.” 

Contemplamos a Jesús enviando a sus discípulos para que compartan y más tarde continúen la obra por él iniciada. La sanación fue y seguirá siendo el signo privilegiado de la cercanía del Reino. De ahí que los Apóstoles recibieran el poder para expulsar demonios y “curar toda enfermedad y dolencia”.

Si bien se trata de los “doce”, cuya sucesión directa  recae en la jerarquía eclesiástica, podemos involucrar en este envío a todos los creyentes. La identidad bautismal nos confirma como constructores del Reino y son numerosos los documentos eclesiales que nos lo recuerdan.

Jesús, sanador, transmite a los apóstoles y a todos los discípulos que creen en Él, el “oficio” de sanar enfermos en el espíritu y en el cuerpo. Es un tema delicado, sometido a lo largo de la historia a muchas tergiversaciones. Sin embargo, no podemos despreciar las manifestaciones de sanación que se dan en nombre del Señor. Como agentes de pastoral de la salud,  hacemos nuestro, por vocación, el ministerio de la sanación .

 

 JUEVES  12 de Julio  (Mateo 10, 7-15)

“Gratis lo recibisteis; dadlo gratis.”

Mateo continúa presentándonos las recomendaciones que Jesús da a los apóstoles cuando les envía a “anunciar el Reino de los Cielos”. Me detengo en la fuerza que da a la gratuidad,  la disponibilidad total, la confianza,  la libertad y la “dependencia”…

“No os procuréis oro, ni plata, ni calderilla en vuestras fajas; ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón…”  Como si la autosuficiencia y el poder no fueran precisamente signos del Reino. ¡Vaya lío en el que nos mete el Evangelio! ¿Cómo comprender nuestras complejas y costosas organizaciones eclesiales   desde estas llamadas?

Probablemente no se trata de defender la irresponsabilidad como si ser apóstol implicara una actitud bondadosa y al mismo tiempo algo bohemia y  despreocupada. Nos encontramos con una llamada de atención para que asumamos la sana tensión que implica discernir lo necesario de lo superfluo.

Es necesario que nos confrontemos con toda la rigurosidad que se desprende de este Evangelio. No hay dudas que la actitud del apóstol cambia radicalmente cuando se ubica como un ser necesitado que da todo lo que tiene pero que también necesita del otro.

¿Cómo recuperar este espíritu en nuestras organizaciones? ¿Cómo promover el sentido de gratuidad, de entrega, de “necesitar del otro”, renunciando a un estatus de poder desigual entre quien da y quien recibe? No hay nada más deshumanizante que la entrega que no compromete ni implica al otro. Debemos encontrar una respuesta…

 

VIERNES 13 de Julio  (Mateo 10, 16-23)

“…os envío como ovejas en medio de lobos.”  (Mateo 10, 16-23)

Jesús no esconde a sus discípulos las dificultades inherentes al anuncio del Reino. Les advierte que encontrarán contradicción, acusaciones injustas, torturas y hasta la misma muerte.  Basta contemplar la historia de la Iglesia a lo largo de todos los tiempos  para comprobar la presencia de la persecución como si de un signo de identidad se tratara.

El dolor está presente en la vida de todo ser humano pero las causas pueden ser múltiples. Muchas veces son los propios errores los que motivan ese dolor y no las diversas formas que puede adquirir la persecución.

El Evangelio hace referencia al sufrimiento como consecuencia de optar por una vida coherente con la propuesta de vida de Jesús de Nazaret. Cuando la causa de la persecución es el Evangelio se dan una serie de situaciones espirituales y psicológicas que, ante todo, alejan al creyente del victimismo o de actitudes más complejas, cercanas al masoquismo.

El dolor no es un valor en sí mismo y debe ser combatido en todas sus formas. Sin embargo puede llegar a llenarse de sentido humanizador y santificador cuando es asumido como consecuencia de opciones de vida coherentes y marcadas por valores trascendentes.

Nuestro servicio como agentes de pastoral de la salud,  vivido con radicalidad, puede acarrearnos momentos de incomprensión y hasta de persecución. Recordemos entonces la advertencia del Maestro.

  

SÁBADO 14 de Julio  (Mateo10, 24-33)

“Un discípulo no es más que su maestro…”

Seguir a Jesús implica asumir un camino pascual donde no faltan ni faltarán las incertidumbres y el sufrimiento en sus más diversas formas. Pero hay un “cómo” que cualifica de modo radical todas las cruces y ese “cómo” no es otro que el abandono confiado en las manos del Padre. Un abandono que no nos ahorrará el sentimiento de soledad y el desconcierto.

Y hasta aquí llegamos… el misterio del dolor continúa siendo tal. En nosotros está convertir las penas y contradicciones en ocasiones para abandonarnos en brazos del Padre, como lo hizo María.