XVI SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO: 22 al 28 de Julio de 2018

DOMINGO 22 de Julio  (Marcos 6, 30-34)

 “Vamos a descansar un poco en algún lugar solitario.”

La fatiga y la falta de tiempo conforman una constante en nuestro diario vivir. Al parecer los primeros discípulos no se libraron de ella.

Contemplamos cómo Jesús les invitó a estar solos en un sitio apartado, pero el plan fracasó. El descanso duró lo que el viaje en barca de un lugar a otro.

Debemos descansar, reponer nuestras fuerzas en la misma dinámica de la entrega, crear espacios de soledad y encuentro con el Señor sin por ello alejarnos de la misión. Es el desafío de una sana espiritualidad en la vida activa.

Como nos lo recuerda el Papa Francisco, “no es sano amar el silencio y rehuir el encuentro con el otro, desear el descanso y rechazar la actividad, buscar la oración y menospreciar el servicio. Todo puede ser aceptado e integrado como parte de la propia existencia en este mundo, y se incorpora en el camino de santificación. Somos llamados a vivir la contemplación también en medio de la acción, y nos santificamos en el ejercicio responsable y generoso de la propia misión.” (GE, 26)

 

LUNES 23 de Julio  (Mateo 12, 38-42)

 “… esa reina vino de tierras lejanas a escuchar la sabiduría de Salomón, ¡y aquí hay alguien más importante que Salomón!”

Los lejanos, los que no están atados a paradigmas previos, son los más dispuestos a acoger la novedad del mensaje y la persona de Jesús. Algo de eso ocurre al interior de la Iglesia y de las congregaciones. ¡Cuántas evidencias son ignoradas por el simple hecho de no encajar en nuestros preconceptos!

Solemos reclamar “pruebas” para confirmarnos en nuestras verdades y no hay más prueba que la dimensión pascual asumida con esperanza. Es preciso morir a muchas certezas, sumergirnos en la “tierra”, en la realidad,  para resucitar a la frescura de los evangelios.

Una de las líneas pastorales de la renovación eclesial que promueve el Papa Francisco responde justamente a esta necesidad de integrar la diversidad, abrirnos al diálogo con el que siente y piensa de modo diverso, saber encontrar esas “semillas de evangelio” presentes en todo y en todos…

 

 MARTES 24 de Julio  (Mateo 12, 46-50)                                                                         

 “El que cumple la voluntad de mi Padre del cielo, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.”

Para María aquellas palabras le resultaban conocidas. Escuchó, una vez más, que el eje vital de su Hijo estaba en el cumplimiento de la voluntad del Padre. Así lo había vivido cuando su pequeño se perdió en el templo. Ella había crecido en el discipulado antes de que el Hijo se proyectara en la vida pública.  Ella es la primera en escuchar, meditar, practicar, guardar… la Palabra del Hijo. Una Palabra que para ella fue un don anticipado. Por eso María está en la raíz de la nueva evangelización, centrada en la Palabra del Hijo.

En María podemos ver a la mujer sencilla que no se vale de ninguna prerrogativa más que la de ser una discípula más del Hijo, viviendo en fidelidad a la voluntad del Padre.

 

MIÉRCOLES 25 de Julio  (Mateo 20,20-28)                                                     SANTIAGO APÓSTOL

 “Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu Reino…”

La pretensión de aquella madre, secundada por sus hijos, continúa repitiéndose. Aún desde un contexto personal o comunitario de entrega generosa, continúa colándose esta tendencia natural del ser humano a buscar el reconocimiento, el prestigio, ciertas cotas de poder.

Hay que recorrer un largo camino de madurez humana y fidelidad en el discipulado para que el servicio a los demás se purifique en sus motivaciones y termine sustentado en la sencillez, en la ausencia de segundas intenciones, en la certeza de que sentirnos amados por Dios nos basta para ser plenos y profundamente felices.

Nos dice el Papa Francisco: “Una tarea movida por la ansiedad, el orgullo, la necesidad de aparecer y de dominar, ciertamente no será santificadora. El desafío es vivir la propia entrega de tal manera que los esfuerzos tengan un sentido evangélico y nos identifiquen más y más con Jesucristo.” (GE,28)

 

JUEVES  26 de Julio  (Mateo 13, 10-17)

 “Porque al que tiene se la dará y tendrá de sobra y al quien no tiene se le quitará hasta lo que tiene.”

Quien no quiere ver ni oír, quien cerrar el corazón, perderá lo poco que pueda tener y quien, por el contrario,  se muestra atento a la Palabra y dispuesto a asumirla y vivirla, crecerá y estará dispuesto a recibir más.

Quien está abierto a las necesidades del prójimo y disponible al servicio tendrá más acogida y aceptación que aquel que se esconde y se retroalimenta de su propia negatividad.

Lo que nos recuerda el evangelio es que el bien llama al bien y el mal al mal, que el egoísmo genera mayor egoísmo y la entrega mayor entrega. Nadie, por lo tanto, irá a quitarle nada a nadie. Simplemente quien se cierra se niega a sí mismo la capacidad de crecer en los diversos órdenes de la vida.

 

 VIERNES 27 de Julio  (Mateo 13, 18-23)

“Hay quien es como la semilla que cayó en tierra fértil y da fruto al ciento, al sesenta o al treinta por uno.”

Jesús no condena a aquel que produjo treinta ni tampoco ensalza particularmente al que produjo cien. Lo que importa es que cada uno produzca los frutos que pueda, de acuerdo a su realidad personal.

La llamada a seguir al Señor no es un don para unos pocos privilegiados. Es para todos y en su siembra debemos asumir que, desde el misterio de la libertad, los frutos serán desiguales o inexistentes. Pero ese ya no es un problema del sembrador…

No es por tanto el resultado lo que importa, sino la actitud de entrega, de vaciamiento en el compromiso, de deseo sincero y comprometido por vivir lo que proclamamos. Los frutos los dejamos en manos del Señor.

 

SÁBADO 28 de Julio  (Mateo13, 24-30)

Quienes siembran cizaña lo hacen cuidando no ser descubiertos, por la noche, en las horas del sueño. De este modo el mal aparece aquí y allá, sin que se evidencie con precisión de dónde procede. Y el Señor permite que el trigo y la cizaña convivan.

La semilla es buena. Cómo hacer para que la cizaña no se propague y ahogue el trigo? ¿Cómo no negar el trigo al ver tanta cizaña? ¿Qué hacer para estar más atentos y no permitir que nuestros “sueños” favorezcan la siembra de la cizaña?

Sin duda debemos ser pacientes y aceptar que siempre habrá trigo y cizaña. Tanto en lo que nos rodea, como en nosotros mismos. El Dios de los evangelios es un Dios paciente, que sabe esperar, que no arrasa el trigo por cortar la cizaña…

Debemos cuidar el trigo y no perder la paz ante la cizaña, signo de nuestras debilidades, siempre presentes…