XIX SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO: 12 al 18 de Agosto de 2018

DOMINGO 12 de Agosto  (Juan 6, 41-52)

 “El pan que yo voy a dar es mi carne…”

Al comulgar, yo no asimilo a Dios, sino es Dios quien me asimila, Dios mismo se hace carne en mí.  Su carne es mi carne… y la de mi hermano necesitado, porque así lo quiso el Señor.

No puede haber acto más comprometedor con la construcción de un mundo más fraterno, más solidario, más justo, más “vivo”, que el comulgar. Y sin embargo debemos reconocer que a los creyentes nos acecha la rutina como un proceso desgastante que termina quitando esencia a lo más sagrado.

La Eucaristía como fuente de compromiso y motor de la entrega generosa a los demás es una constante en los más diversos carismas y no deja de ser una prioridad en nuestra labor como agentes de pastoral de la salud.

 

 

LUNES 13 de Agosto  (Marcos 17, 22-27)

 “¿A quién le cobran impuestos y tasas, a sus hijos o a los extraños?

Podemos contemplar en Jesús la pedagogía de la pregunta como vehículo para implicar a sus interlocutores en el descubrimiento de la verdad.

Podría haber hecho una proclama alta y clara de su filiación divina negándose a pagar pero prefiere centrarse en el proceso de comprensión del mensaje por parte de los suyos y en no ser causa de escándalo y confrontación.

Buscar la verdad desde la reflexión compartida y saber esperar las condiciones necesarias para abrirse a esa verdad por parte de los que piensan distinto, aparecen como claves pedagógicas en el proceso evangelizador.

Contemplamos la flexibilidad y capacidad de adaptación del mismo Jesús ante los cobradores de impuesto que no entendían por qué este predicador errante y sus seguidores no debían pagar el impuesto que permitía el funcionamiento del templo.

La opción por el diálogo, la reflexión compartida y el respeto a los ritmos cognitivos, emocionales, culturales… de nuestros interlocutores, aparecen como criterios evangélicos que orientan la vivencia y la propuesta de la Hospitalidad.

 

MARTES 14 de Agosto  (Mateo 18, 1-5.10.12-14)      

  “¿Quién es el más importante? 

Frente a la tendencia por acaparar poder y prestigio, Jesús presenta la centralidad de los “pequeños”. Los discípulos, como buenos hijos de su cultura, consideraban el poder como la herramienta fundamental para instaurar ese nuevo modelo ético y social que les presentaba el Maestro y que tanto les entusiasmaba.

Una vez más Jesús les desconcierta y les habla que los más importantes, en este Reino de fraternidad, son los más pequeños. Para más inri subraya la centralidad que deben tener aquellos que se han alejado de la comunidad. La parábola del pastor que deja el rebaño y sale a buscar a la oveja perdida deja claro que al centro del nuevo proyecto evangélico están las personas y entre ellas, los preferidos son los “pequeños” y aquellos que, por motivos diferentes se han alejado de la propuesta.

Este cambio de perspectiva es evangélicamente identitario pero continúa siendo un “debe” en la vivencia institucionalizada de la fe cristiana. Por todas las rendijas se nos cuelan los deseos y las concreciones de sistemas de poder que elevan a unas personas sobre otras, opacando y, en no pocas ocasiones, negando radicalmente la opción por los pequeños y alejados.

La Hospitalidad nos invita a asumir este evangelio con radicalidad. Desde sus fuentes, el carisma fundacional se orienta desde esta opción por los más abandonados entre los abandonados. Ellos son los pequeños.

No estaría mal que nos preguntemos, como si de un mantra se tratara, si estamos dando la centralidad suficiente a nuestros destinarios. Probablemente encontraremos pistas de fidelidad creativa al carisma…

 

MIÉRCOLES 15 de Agosto  (Lucas 1, 39-56)                     ASUNCIÓN DE MARÍA A LOS CIELOS

 En la fiesta de la Asunción de María a los cielos, el texto del evangelio del día nos recuerda un gesto paradigmático de la Hospitalidad: la visita de María a su prima Isabel, embarazada y necesitaba su ayuda.

María, atenta a los demás, se pone en camino. Las circunstancias no eran las mejores ya que debía asumir los riesgos de un viaje fatigoso, estando ella misma embarazada. Es el rostro comprometido y servicial de la Hospitalidad que también “sale aprisa” para servir al necesitado.

Es inconcebible comprender y vivir nuestro carisma institucional sin integrar este espíritu mariano de entrega generosa y sin condiciones al necesitado.

Si bien en nuestro Marco de Identidad la figura de María no aparece en ningún momento, (aspecto que habría que tener en cuenta en una nueva versión del documento), es innegable la presencia de María como referencia constante e inspiración en la conformación del carisma Hospitalario.

Desde ella nos sentimos llamados a dejar nuestra tierra y salir aprisa… Ponernos en marcha hacia “nuevas tierras” donde el rostro del necesitado se convierta en demanda de Hospitalidad.

 

JUEVES  16 de Agosto  (Mateo 18, 21-19,1)

“Ten paciencia conmigo.”

El evangelio nos invita a reflexionar sobre el perdón.  Se trata de uno de los aspectos más novedosos que aportaba la predicación de Jesús de Nazaret.

El pueblo hebreo estaba familiarizado con la imagen de un Dios justiciero más que con la de un Dios Padre bondadoso. Basta recordar las veces en que los sacerdotes, escribas y fariseos se escandalizaron ante el perdón ofrecido por Jesús a quienes la religión y la sociedad condenaban y rechazaban.

El perdón constituye una dimensión básica en nuestras vidas. Da respuesta a desequilibrios frecuentes en las relaciones interpersonales.  La ofensa, la bronca, la incomprensión, la sed de venganza, el juicio condenatorio, conforman actitudes lamentablemente muy repetidas.

Perdonar implica muchas veces un largo recorrido de objetivación y ascesis personal. Ver con serenidad la verdad, reconocer las inconsistencias que están detrás de nuestros sentimientos de ofensa, de ira, de venganza…, comprender al otro en sus propios procesos, aceptarlo y aceptarnos, dejarnos sanar, asumir el lento camino de reconciliación del corazón…

El evangelio nos recuerda el principio de reciprocidad: lo mismo que haces tú, hará el Padre del cielo contigo. El perdón que demandamos a Dios es el mismo que nosotros somos capaces de brindar a quien nos ofende

El perdón es uno de los rostros que tiene la misericordia, actitud y valor central en la vivencia de la Hospitalidad.

 

 

VIERNES 17 de Agosto  (Mateo 19, 3-12)

 “…no trae cuenta casarse.”

El evangelio que hoy reflexionamos nos mete en un lío que, por lo visto, traía también de cabeza a los coetáneos del Señor. Se trata de la indisolubilidad del vínculo conyugal, aspecto que, según la Ley de Moisés, podía tener ciertas excepciones en caso de infidelidad, prostitución o uniones incestuosas.

La Iglesia, enraizada en la Palabra, continúa sosteniendo la indisolubilidad del vínculo conyugal y al mismo tiempo desarrolla una amplia “pastoral de divorciados/as”, para acompañar a millares de personas cuyos matrimonios se han roto.  La postura pastoral del Papa Francisco al respecto es clara, al tiempo que resulta incómoda tanto para quienes solamente aceptan la radicalidad de la norma como para quienes optan por adaptar el mensaje a la realidad, a las mayorías, a las estadísticas…

Se impone acompañar cada vida, cada biografía, desde su realidad herida. Asumir el camino de la misericordia hacia nuestra debilidad y la de aquellos que nos rodean, sin enjuiciar jamás… Así lo expresa el Papa en Amoris Laetitia: “La mirada de Cristo, cuya luz alumbra a todo hombre inspira el cuidado pastoral de la Iglesia hacia los fieles que simplemente conviven, quienes han contraído matrimonio sólo civil o los divorciados vueltos a casar. Con el enfoque de la pedagogía divina, la Iglesia mira con amor a quienes participan en su vida de modo imperfecto.”

 

SÁBADO 18 de Agosto  (Mateo19, 13-15)

 “Dejad que los niños vengan a mí…”

Contemplo en los tres niños de mi hogar la identidad del discípulo: “de los que son como ellos es el Reino de Dios”.

Ríen mucho, pero también se enfadan. Hacen las tareas del cole pero tienen tardes más pesadas… Se abrazan a menudo y se dicen cuánto se quieren, pero de tanto en tanto estallan en llanto por alguna pelea. Por las noches, cuando tienen alguna pesadilla, corren a refugiarse en la cama de mamá y papá…

Definitivamente, ser discípulo de Jesús no implica ninguna perfección. Consiste en ser transparentes y en abandonarnos en Él.

Cuando leemos la exhortación del Papa Francisco “Gaudete et exultate” encontramos esta línea maestra recorriendo todo el documento. Ser discípulo de Jesús no es ser perfecto. Los santos tampoco lo han sido. El discipulado implica ponerse en camino, tropezar, levantarse, no renunciar a la meta…

“Deja que la gracia de tu Bautismo fructifique en un camino de santidad. Deja que todo esté abierto a Dios y para ello opta por él, elige a Dios una y otra vez. No te desalientes, porque tienes la fuerza del Espíritu Santo para que sea posible, y la santidad, en el fondo, es el fruto del Espíritu Santo en tu vida. Cuando sientas la tentación de enredarte en tu debilidad, levanta los ojos al Crucificado y dile: «Señor, yo soy un pobrecillo, pero tú puedes realizar el milagro de hacerme un poco mejor». (GE, 15)