XVIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO: 4 AL 11 de Agosto de 2018

DOMINGO 5 de Agosto  (Juan 6, 24-35)

 “El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed.”

La exégesis de este texto ha tenido siempre un cariz eminentemente eucarístico. Sin embargo es posible abrirnos hacia una lectura que nos permita ver en Jesús la respuesta al “hambre y la sed” de las personas atendidas en nuestras obras.

Ante la vulnerabilidad emocional y espiritual todos buscamos una respuesta que nos dé serenidad, que nos ayude a asumir la fragilidad inherente a nuestra humana condición, que nos regale una luz de esperanza…

¿Cómo hacer que Jesús sea respuesta al hambre y la sed de una persona no creyente, o de quien ha olvidado su bautismo? La respuesta está en la misma pedagogía del nazareno: acogida incondicional, caminar junto al otro, testimoniar una vida abierta a la voluntad del Padre… Todo lo demás se dará “por añadidura”… En esta dinámica se centra el corazón de nuestra labor pastoral como agentes de pastoral de la salud.

 

LUNES 6 de Agosto  (Marcos 9, 1-9)

 “No contéis a nadie lo que habéis visto.” 

Celebramos la fiesta de la transfiguración del Señor. Como en otros pasajes evangélicos  en los que Jesús manifiesta la divinidad se repite la advertencia: Me pregunto el porqué de esa prohibición de contar a otros lo vivido. Todo el grupo de seguidores estaba desconcertado ante el anuncio de su pasión y muerte y nos les hubiera venido nada mal una bocanada de esperanza.

Intimidad con el maestro y liderazgo parecen ir de la mano. Pedro, Santiago y Juan eran sus predilectos y fueron los pilares de la primitiva comunidad cristiana. No era la primera vez que el maestro les separaba y les regalaba momentos de profundo encuentro y revelación.

Si bien es cierto que todo seguidor se siente especialmente llamado al encuentro con el Maestro, no menos cierto es que quienes tienen el servicio de liderar a la comunidad deben cultivar con especial cuidado estos momentos y espacios para “subir solos a una alta montaña”…  Momentos que les llenen el alma de esperanza, que les hagan sentirse bien y renovar así el fuego interior que debe estar presente en todo liderazgo.

Comprender la Hospitalidad desde esta Palabra implica detener nuestra mirada en aquellas personas que tienen funciones de dirección, gestión y coordinación. Cuando reflexionamos sobre la importancia de su formación de cara a la vivencia del carisma institucional tengo la impresión que aún debemos y podemos hacer más en vistas a un liderazgo Hospitalario impregnado de mística carismática.

 

MARTES 7 de Agosto  (Mateo 14, 22-36)      

Señor, sálvame”.

 ¡Qué breve y qué bonita plegaria la de Pedro!  

El Señor le invita a dar el paso hacia el vacío, el paso ilógico de caminar sobre las olas embravecidas. Pedro se lanza pero el contexto no podía ser peor. Sintió miedo y empezó a hundirse. Entonces brotó de sus labios, y de lo profundo de su corazón, aquel grito esperanzado: “Señor, sálvame”.

Como Pedro hemos dado el paso del seguimiento del Señor y como él sentimos  que a veces nos hundimos, que las circunstancias son demasiado duras.  Pero el Señor nos conoce bien.  Sabe de nuestro entusiasmo, nuestra ilusión, nuestras ganas de seguirle. Al mismo tiempo, asume nuestras debilidades. Porque no siempre es fácil vivir en clave de evangelio las realidades familiares, comunitarias, laborales, sociales…

Estamos invitados a lanzarnos, a caminar sobre “olas embravecidas”, contando siempre con la ayuda del Señor. Él no nos faltará.

 

MIÉRCOLES 8 de Agosto  (Mateo 15, 21-28)

 “Qué grande es tu fe”.

Jesús pone en evidencia la diversidad espiritual de su interlocutora y con sus preguntas provoca que confiese su fe en Él.

Se trata de un tema recurrente en nuestras reflexiones relativas a la dimensión evangelizadora del Modelo Hospitalario y sobre la cual la institución ha asumido una postura inclusiva.  La Hospitalidad, “… lleva a experimentar en la sanación la salvación humana y espiritual. Es un lenguaje universal, comprensible a toda persona desde cualquier cultura, lengua o religión y siempre es buena noticia.” (MII, 5)

¿Cómo hacer para que la Buena Noticia que fundamenta el carisma estén presentes en los contextos socio-sanitarios y educativos en los que se proyecta la misión hospitalaria? Hay una dimensión mística que es consustancial a nuestras raíces fundacionales. Está fuertemente enraizada en las primeras comunidades de hermanas hospitalarias y necesita encontrar caminos concretos para aportar su savia en todas las dimensiones institucionales.

¿Cómo hacer para que nuestro compromiso sanador sostenga la propuesta de una propuesta salvadora? Hay mucha fe oculta, confusa, quizá negada…

No será silenciando la dimensión evangelizadora del carisma hospitalario que daremos una renovada vitalidad al carisma y a la misión.

 

JUEVES  9 de Agosto  (Mateo 16, 13-23)

 “Te daré las llaves del Reino”.

Quien tiene la llave tiene el dominio, la autoridad, la posesión del bien que la llave custodia.

Sabemos que este texto siempre se ha referido a la cátedra de Pedro, convertido en el referente de unidad de la primitiva comunidad cristiana.

Integrando esta exégesis, desde la perspectiva de una comunidad de discípulos unidos en la común dignidad que nos otorga el bautismo, podemos afirmar que estas llaves del Reino están también en nuestras manos. ¿Qué hacemos con ellas?

Una de las líneas fuertes de la pastoral del Papa Francisco reside justamente en esta llamada a asumir la identidad bautismal, a ser corresponsables de los dones del Espíritu, a ser constructores de una realidad eclesial encarnada. El modelo de una eclesiología piramidal, centrada en el poder que da la jerarquía no responde al sueño del nazareno.

“En virtud del Bautismo recibido, cada miembro del Pueblo de Dios se ha convertido en discípulo misionero. (…)La nueva evangelización debe implicar un nuevo protagonismo de cada uno de los bautizados.” EG, 102

Las llaves del Reino están en nuestras manos…

 

 VIERNES 10 de Agosto  (Mateo 16, 24-28)

 “Si alguno quiere ser discípulo mío, deberá olvidarse de sí mismo, cargar su cruz y seguirme.”

Cargar con la cruz es consecuencia, no objetivo. Lo que buscamos es seguir a Jesús, desde una opción libre y personal. Ese seguimiento lleva implícita la renuncia a todo lo que nos aleje del proyecto de vida evangélico. Pero la meta no es la cruz, sino la VIDA en Dios.

En ocasiones uno tiene la impresión de que el cristianismo ha descentrado la opción por el Resucitado y prefiere acentuar la dimensión dolorista del seguimiento desvirtuando así su sentido pascual.

No optamos por la cruz, optamos por Jesús, con todas sus consecuencias. ¡Cuánta insistencia pastoral pone el Papa Francisco en esta dimensión pascual de nuestra identidad bautismal! Ser seguidores de Jesús es ser personas cargadas de ilusión, de esperanza, de alegría serena, aún con la presencia incontestable de la cruz…

 

SÁBADO 11 de Agosto  (Mateo17, 14-20)

 ¿Hasta cuándo habré de estar entre vosotros?

Jesús manifiesta su cansancio, impaciencia y enfado. Le contemplamos como si fuera uno de nosotros cuando nos cansamos de hacer el bien y pensamos que los demás están abusando. Pero el enojo de Jesús tiene un límite y es la fidelidad a la misión. “Traédmelo”, y el niño se curó.

Como el Señor tenemos derecho a manifestar nuestros sentimientos y frustraciones. También como Él estamos invitados a mantenernos firmes en nuestra vocación de servicio.

El enfado tiene su función pedagógica y evangelizadora puntual. Es una llamada de atención, una invitación a la responsabilidad. Pero no nos puede paralizar…

En este día mariano pidamos a la Madre Buena que nos regale un corazón lleno de compasión y ternura, de comprensión ante las molestias de aquellos con quienes convivimos, sin que ello nos inhiba ante el deber de ayudar a que el otro mejore como persona con la amonestación, la crítica constructiva cuando sean necesarias. (Lo que en otros tiempos llamábamos “la corrección fraterna”.)