XXII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO: 2 al 8 de Septiembre de 2018

DOMINGO 2 de Septiembre  (Marcos 7, 1-8ª.14-15.21-23)

 “Lo que sale del corazón…”

Jesús afirma la centralidad de las motivaciones interiores. Son ellas las que determinan el valor ético de cuanto vivimos.

Por nuestra humana condición tendemos a valorarlo todo desde las apariencias o desde las normas establecidas, con el consiguiente peligro de dar por bueno lo socialmente establecido más allá de su maldad o bondad intrínseca.

La solución está en cultivar la interioridad, en adentrarnos en un comprometido discernimiento personal y comunitario que nos permita descubrir el valor real de cuanto realizamos.

 

 

LUNES 3 de Septiembre  (Lucas 4, 16-30)

“Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.

Saber “abrirse paso” en medio de la incomprensión, ser capaces de seguir el propio camino, son actitudes proactivas que exigen mucha madurez. La persecución no debe nunca paralizarnos.

Cuando lo que nos rodea nos exige alinearnos con un modo de pensar que no casa con el Evangelio debemos asumir las exigencias del profetismo en la propia tierra, con todas sus consecuencias.

Comprender nuestra misión desde la perspectiva de esta Palabra nos pone en guardia respecto a actitudes complacientes o a pactos condescendientes con la incoherencia.

 

  

MARTES 4 de Septiembre: (Lucas 4, 31-37)                                                       

 “Todos quedaban impresionados de sus enseñanzas porque les hablaba con autoridad.”

Jesús hablaba con autoridad. Su radical coherencia lo hacía creíble.

La asertividad conceptual y actitudinal es escasa, justificada desde una cultura que sobredimensiona el relativismo, el “todo vale”. Ser coherentes reviste hoy dimensiones de excepcionalidad.

Vivir el proyecto de ser agentes de pastoral de la salud tiene exigencias contraculturales que sólo podremos proponer y exigir desde la “autoridad” que emane de nuestra coherencia. Cuando las palabras se alejan de la vida estamos poniendo en juego el valor de propuesta.

 

 

MIÉRCOLES 5 de Septiembre (Lucas 4, 38-44)

“Se marchó a un lugar solitario.”

Después de una jornada intensa de predicación y curaciones, Jesús busca tiempo y lugar para encontrarse con el Padre.

El cansancio y el agobio, acompañados por niveles preocupantes de estrés, parecen ser el denominador común de muchas personas buenas que consagran sus vidas al servicio de los demás.

Es un fenómeno muy presente entre sacerdotes, religiosas/os y también entre seglares.

¿No nos faltarán esos espacios de soledad para serenarnos en el encuentro con el Padre, para reorientar nuestras prioridades, para medir nuestras fuerzas, para no quedarnos estancados?

 

 

 JUEVES 6 de Septiembre: (Lucas 5, 1-11)

“Rema mar adentro y echa las redes…”

El Señor siempre multiplica los frutos del compromiso de quienes se ponen en sus manos con confianza. ¿Por qué no hará lo mismo con nosotros, hoy y ahora?

Es necesario tener los pies en la tierra, como lo hacía Simón Pedro, y al mismo tiempo cultivar la capacidad de soñar imposibles, de jugarnos por aquello en lo que creemos a pesar de las limitaciones con las que nos encontremos.

Que nunca nos frenen los cálculos de nuestras propias fuerzas y recursos. El Señor nos convoca a la esperanza y nos alienta: ¡Rema mar adentro!

 

 

 

Viernes 7 de Septiembre: (Lucas 5, 33-39)

 “El vino nuevo hay que echarlo en odres nuevos.”

El valor no está en lo nuevo o lo viejo, sino en el bien en sí mismo. Ni todo lo viejo es malo por ser viejo ni todo lo nuevo es bueno por su novedad. Parece ser un principio lógico, pero cuesta asumirlo.

Toda renovación es exigente. El remiendo nuevo no pega en el paño viejo, el vino nuevo revienta los odres viejos.

Para que el paño viejo no se rompa es necesario remojar el paño nuevo y el viejo. Entonces, desde la “ternura” es posible unir lo viejo con lo nuevo y arreglar el odre… ¡Toda una metáfora de lo que implica asumir caminos de renovación, de fidelidad creativa!

El paño nuevo va bien con el nuevo, pero si queremos remendar el viejo hay que ablandar ambos paños antes de unirlos…

 

 

SÁBADO  8 de Septiembre: (Mateo 1, 1-16.18-23)         NATIVIDAD DE LA VIRGEN MARÍA

 “Y María fue la madre de Jesús, que es el Mesías.”

La tarea que se nos ha confiado como agentes de pastoral de la salud tiene una dimensión mariana innegable. Como María, como una madre… nos acercamos a las personas desde la escucha, la ternura, la acogida incondicional.

La Natividad nos recuerda que Dios hace maravillas en la sencillez de nuestra cotidianeidad. Que quiere contar con nosotros para hacerse presente en el mundo del dolor. Que sólo reclama disponibilidad, sencillez, apertura, entrega… y todo lo demás nos será dado de manera sorprendente y abundante.

Es la mística de lo pequeño y de la disponibilidad