XXIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO: 9 al 15 de Septiembre de 2018

DOMINGO 9 de Septiembre  (Marcos 7, 31-37)

 “Jesús se llevó al hombre aparte de la gente…”

La curación del sordomudo se realiza desde la secuencia de una serie de acciones. Asumidas como criterios de evangelización, en ambientes espiritualmente plurales, cada acción puede implicar procesos más o menos largos que no necesariamente se suceden de forma inmediata.

Estar atentos a las demandas espirituales de todos nuestros destinatarios cualquiera sea su credo, crear ambientes de encuentro en profundidad, manifestar cercanía desde lo concreto, no atarnos a condicionamientos formales, priorizar el testimonio frente a la palabra.

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LUNES 10 de Septiembre  (Lucas 6, 6-11)

“…dijo al hombre de brazo paralítico: Levántate y ponte ahí en medio”

En un mundo donde el dolor y las limitaciones son a olvidadas o escondidas es preciso que alguien las ponga en evidencia para que esa presencia nos cuestione.

Jesús, al poner de pie, delante de la gente, a aquel paralítico, nos propone romper con la inercia de la indiferencia y dejarnos tocar por el dolor del otro.

Necesitamos que haya quienes sepan “poner de pie”, ante nuestros ojos a quienes conforman la razón de ser de nuestra misión: ¿No es acaso una labor propia de la pastoral de la salud?

 

 

MARTES 11 de Septiembre: (Lucas 6, 12-19)                                                       

 “…pasó la noche orando a Dios. Cuando se hizo de día (…) escogió a doce de ellos…”

Con frecuencia Jesús se retiraba a la soledad, en lo alto de algún monte, para estar a solas, en oración. El Evangelio nos recuerda que así lo hizo antes de escoger a los doce apóstoles. Sabemos que escogió a gente sencilla, abierta a la novedad del mensaje y que, entre ellos, también estaba Judas, quien le traicionaría.

Estos hechos me sugieren dos reflexiones: en primer lugar y quizá lo más evidente, hace referencia al lugar de la oración y de la soledad en la misión y, en segundo lugar, tomar conciencia que la oración no es garantía de infalibilidad, ni de perfección alguna.

En esta línea nos podemos preguntar: ¿Es que Jesús falló al escoger a Judas? ¿Es que no supo escuchar al Espíritu?  Entiendo que Dios, en Jesús, “se la juega” en cada elección y nada queda definitivamente escrito. Cuenta con nuestras fortalezas y debilidades y desde ellas apuesta por llevar adelante su plan de salvación, de fraternidad universal.

La historia se repite hoy en los seguidores de Jesús de Nazaret. Él sigue apostando por cada uno, pero de nosotros depende que ese proyecto de Dios se realice o fracase. Pensar lo contrario sería caer en un determinismo totalmente ajeno a los evangelios.

 

MIÉRCOLES 12 de Septiembre (Lucas 6, 20-26)

“Saltad de gozo…”

Para muchos exégetas, el sermón de la montaña y específicamente el pasaje de las bienaventuranzas constituyen la mejor síntesis de los evangelios.  No deja de ser llamativo el hecho que tantas penurias y limitaciones den lugar a la felicidad. El texto proclama dichosos a los pobres en el espíritu, a los que lloran, los sufridos, los perseguidos, aquellos que son insultados y calumniados… ¿Cuál es el secreto para que tantos aspectos negativos den lugar a la felicidad?

En Gaudete et Exultate, el Papa Francisco presenta las bienaventuranzas como camino de santidad: “Son como el carnet de identidad del cristiano. Así, si alguno de nosotros se plantea la pregunta: «¿Cómo se hace para llegar a ser un buen cristiano?», la respuesta es sencilla: es necesario hacer, cada uno a su modo, lo que dice Jesús en el sermón de las bienaventuranzas. En ellas se dibuja el rostro del Maestro, que estamos llamados a transparentar en lo cotidiano de nuestras vidas. La palabra «feliz» o «bienaventurado», pasa a ser sinónimo de «santo», porque expresa que la persona que es fiel a Dios y vive su Palabra alcanza, en la entrega de sí, la verdadera dicha.”

 

 

JUEVES 13 de Septiembre: (Lucas 6, 27-38)

“Con la medida que midáis se os medirá.”

El pueblo hebreo había crecido rodeado de pueblos que les perseguían y sometían periódicamente. Durante siglos habían cultivado el desprecio a todo aquello que no fuera de su misma raza y religión.

Es más, esta dinámica de rechazo al diferente, se había asentado en las relaciones interpersonales y estaba consagrada por la Ley del Talión que proponía la “venganza justa”.

Jesús de Nazaret cambia el principio de reciprocidad por el de la asimetría de la misericordia. La fuerza cuestionadora de semejante propuesta mantiene la vigencia del primer día. El dilema humano de dejarnos guiar por las filias y las fobias continúa tan presente para nosotros como para los contemporáneos del Señor.

¡Cuánto nos cuesta la gratuidad del amor! Aún en contextos cargados de humanidad y evangelio se filtran dinámicas pautadas por las simpatías y antipatías. De este modo en nuestras comunidades se forman círculos en los que, de forma más o menos explícita, unos son aceptados y otros excluidos.

Se necesita mucha madurez – psicológica, emocional, espiritual – para acoger a quien nos rechaza. No se trata de negar los sentimientos o las razones que nos acercan o distancian de las personas. Se trata de asumir que el otro merece nuestro respeto y nuestro amor gratuito de la misma manera que somos gratuitamente amados. Nadie que no se sienta profunda e incondicionalmente amado puede dar este salto de amor asimétrico.

 

 

Viernes 14 de Septiembre: (Juan 3, 13-17)                            EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ

 “Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.” 

En nombre de Jesús y bajo el signo de la cruz se han tejido miles de historias de redención y también de condena. Para los cristianos de hoy el recuerdo más flagrante y doloroso de la fe vivida como opresión nos lleva a la etapa de la inquisición, cuando en nombre de Dios y bajo el signo de la cruz, la iglesia, aliada al poder de los estados, cometió gravísimos atropellos. Me pregunto en qué clave leerían entonces el texto del evangelio que hoy reflexionamos. Nuestro Dios se ha hecho hombre para salvar, no para condenar a la humanidad.

Proclives como somos a la ley del péndulo, en no pocas circunstancias he podido observar la postura de quien se siente salvado y exento de toda responsabilidad y compromiso. Pasamos del rigorismo a una postura “facilista”, ajena al compromiso exigente de la fe.

Celebrar la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz implica contemplar que en Cristo hemos sido redimidos y al mismo tiempo asumir la renuncia y el esfuerzo como compañeros de camino en el seguimiento del crucificado.

San Benito Menni escribía al respecto en una de sus cartas: “concedernos a todos la gracia de saber descubrir una miajita del precioso tesoro que se encierra en la cruz.” (Carta 71)

Ese tesoro del que nos habla nuestro Fundador tiene que ver con la capacidad de entrega. El dolor de la cruz no es objetivo sino consecuencia de una opción mucho más profunda, que hunde sus raíces en el amor desinteresado por los demás.

 

 

SÁBADO  15 de Septiembre: (Juan 19, 25-27)                            VIRGEN DE LOS DOLORES

 Junto a la cruz de Jesús estaba su madre.”

La fiesta de Nuestra Señora de los Dolores nos ubica, con María, al pie de la cruz de su hijo. Ese hijo que perpetúa su presencia en los pobres, los sencillos, los sufrientes…

Y allí nos encontramos nosotros, llamados desde la misión de agentes de pastoral de la salud a “ser como sus madres”, contemplando en María el perfil más certero de aquello que estamos llamados a ser.

Como “sanadores heridos” la necesitamos cercana a nuestras cruces, al tiempo que nos sentimos llamados a estar presentes, como ella, junto a las personas que acompañamos.

María, ven con nosotros al caminar.