XXXIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO: 18 al 24 de Noviembre de 2018

DOMINGO 18 de Noviembre (Marcos 13, 24-32)

 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”

El discurso escatológico en el que el Maestro anuncia tanto la ruina de Jerusalén como el fin del mundo se refuerza con la narrativa de fenómenos cósmicos prodigiosos: el cielo se oscurece, la tierra tiembla, caen las estrellas…

En ese contexto, lo que perdura es la PALABRA.  Y la palabra, que es el mismo Jesús, nos refiere a un Dios misericordioso que nos ama por sobre todas las cosas. Un Dios que “se ríe del juicio” y que convocará a los elegidos “de los cuatro puntos cardinales”…

En este tiempo en el que resurgen posturas teológicas y pastorales rigoristas enfrentadas al mensaje del Papa Francisco que recupera la centralidad de la ternura de Dios en nuestras vidas, es bueno, es necesario, reafirmarnos en la PALABRA. El Verbo se hizo carne. El Verbo es Dios. Dios es amor. El amor perdura sobre todo… Seguramente “se oscurecerá el cielo, temblará la tierra, caerán estrellas…”, pero la Palabra permanecerá.

De ahí la centralidad dada por el mismo Papa Francisco al encuentro con el Señor en la Palabra.

 

LUNES 19 de Noviembre  (Lucas 18, 35-43)

 “Se detuvo y mandó que se lo trajeran.”

Son muchos los paralelismos que podemos establecer entre la parábola del Buen Samaritano y el encuentro de Jesús con el ciego de Jericó. En este caso es el mismo Jesús el que vivencia lo que en su momento quiso explicar con la parábola.

Escuchó los gritos insistentes del ciego, detuvo su marcha y mandó que se lo trajeran.

Nos centramos en este hecho y nos preguntamos si no estamos aturdidos por tantas circunstancias que nos hacen incapaces de escuchar a quien, estando al borde del camino, necesita nuestra ayuda, nuestra palabra, nuestra mirada, nuestra solidaridad. Para ello debemos ser capaces de detener la marcha, escuchar, mirar…

Muchos son los que gritan su fragilidad. Las personas atendidas en nuestros centros, ciertamente, pero hay muchos más fuera de ellos… ¿Le mandamos callar?… Será inútil, los gritos serán más y más fuertes…

 

MARTES 20 de Noviembre  (Lucas 19, 1-10)

“También este es hijo de Abrahan.”

Como en tantas ocasiones, la presencia de Jesús en contextos supuestamente ajenos a la religión, fue causa de murmuraciones y críticas. Esta vez criticaban que hubiera aceptado ir a la casa de un pecador, alguien que se había enriquecido desde la avaricia y los negocios abusivos.

¿Dónde debe estar presente Jesús, su persona y su mensaje? ¿En ámbitos supuestamente “puros”?  La apertura del Maestro debe motivar e iluminar nuestro compromiso por esa “iglesia en salida”, de la que tanto nos habla el Papa Francisco.

¿Hacemos que los ambientes parroquiales sean lugares inclusivos, de encuentro, de diálogo abierto y sincero?

 

 MIÉRCOLES 21 de Noviembre  (Lucas 19, 11-28)

Dicho esto echó a andar delante de ellos, subiendo hacia Jerusalén.”

“…estaban cerca de Jerusalén, y se pensaba que el Reino de Dios iba a despuntar de un momento a otro.”  Las expectativas estaban en alza y los seguidores de Jesús creían que había llegado la hora de hacer presente el Reino prometido, “a su manera”…

Jesús les da un baño de realidad y les advierte: ¡Cuidado, el Reino sólo se construye desde la difícil y comprometida fidelidad a todo lo que habéis recibido! ¡Tenéis una grave responsabilidad, proporcional a los dones que Dios os ha dado!

A continuación Jesús se “echó a andar delante de ellos”, sabiendo que su subida Jerusalén implicaba abrazar la traición y la muerte en cruz. El contexto es tan radical como las palabras. Al ponerse delante, asume en primera persona lo que exige a sus seguidores. ¡Palabras y hechos! El binomio inseparable de toda acción evangelizadora.

El seguimiento de Jesús desde la misión del agente de pastoral de la salud no será siempre un camino de rosas. Es fundamental que haya quienes, con palabras y acciones, se echen a andar y tomen la delantera, haciendo posible la fidelidad creativa al carisma recibido. Asumiendo los costos que ello implique. Sólo desde estas actitudes de coherencia radical tiene sentido promover la exigencia en la entrega.

 

JUEVES 22 de Noviembre  (Lucas 19, 41-44)

 “No supiste reconocer el momento en que Dios quiso salvarte.”

Jerusalén no supo reconocer “el momento de su venida.”

Para los sacerdotes, levitas, fariseos, escribas… los paradigmas socio-religiosos les impedían reconocerle.  ¿Y para nosotros?

Es evidente que se alzan muros que nos impide ver a quienes peregrinan a nuestro lado, a ese Dios encarnado que nos interpela en los rostros de quienes nos rodean.

La misión de agentes de pastoral de la salud nos brinda la preciada epifanía de Dios en la persona que padece. El “momento de su venida” se multiplica  a nuestro lado. ¿Sabemos reconocerle?

El Papa Francisco en Gaudete et Exultate nos dice: “Dejémonos estimular por los signos de santidad que el Señor nos presenta a través de los más humildes miembros de ese pueblo que «participa también de la función profética de Cristo, difundiendo su testimonio vivo sobre todo con la vida de fe y caridad.” (GE,8)

 

VIERNES 23 de Noviembre (Lucas 19, 45-48)

“Mi casa ha de ser casa de oración, pero la habéis convertido en cueva de ladrones.”

Jesús expulsó a los vendedores del templo y habló con claridad a quienes acudían a escucharle. La palabra iluminaba la vida y la vida confirmaba la palabra.

Es imposible meditar este texto sin que nuestro pensamiento nos lleve a la curia vaticana y al profundo movimiento de reforma que el Papa Francisco está liderando. Los escándalos financieros, los casos de pedofilia, las traiciones… aparecen retratadas día tras día en la prensa internacional.  ¿En qué hemos convertido la casa de Dios? ¡Cuántos escándalos, cuánta corrupción!

Oremos en este día por el Papa Francisco, como él mismo nos lo pide insistentemente. Muchos son los que, como en tiempos de Jesús, piensan en cómo desautorizarlo, en cómo minimizar su acción pastoral y la reforma que ha emprendido.

¿Nosotros queremos sumarnos a este movimiento que nos lleva a un renacer eclesial en fidelidad al Jesús de los Evangelios?

  

SÁBADO 24 de Noviembre  (Lucas 20, 27-40)

 “No es un Dios de muertos sino de vivos.”

Los saduceos, que no creían en la resurrección, intentaban burlarse del Maestro.

Contemplamos su templanza y su capacidad para remontarse sobre la insidia para anunciar lo que importa: Nuestro Dios “no es un Dios de muertos sino de vivos”.

Es frecuente encontrar estrategias defensivas detrás de pensamientos y actitudes agresivas.

Ser anunciadores de un Dios que quiere la vida para todos y para siempre se convierte en la mejor clave para defender la validez del Reino.

¿Anuncio con mi vida y mis palabras a ese Dios de la VIDA?