I SEMANA DE ADVIENTO: 2 al 8 de Diciembre de 2018

DOMINGO 2 de Diciembre (Lucas 21, 25-28.34-36)

 “Estad atentos y no dejéis que os esclavicen el vicio (…) o las preocupaciones de la vida.”

Comenzamos el Adviento. Un tiempo de espera desde la purificación de todo aquello que nos impide “mantenernos de pie” delante del Hijo del hombre. Es decir, de todo aquello que acalla o empequeñece nuestro ser más profundo.

Curiosamente en tantas mentes, este tiempo se dedica más a decidir qué comprar para las fiestas, qué es lo que me ha quedado pendiente del “black Friday”, cómo vamos a celebrar la Nochebuena o la Nochevieja… Nos dejamos esclavizar por el “dios consumo”… ¿La venida del Señor nos encontrará “de pie delante del Hijo del hombre?

El Adviento nos invita, un año más, a abandonarnos en la certeza de un Dios que se acerca a nuestra humanidad herida y nos invita a ponernos de pie desde lo esencial, desde aquello que nos libera… “la liberación está cerca”. De nosotros depende acogerla.

 

 

LUNES 3 de Diciembre  (Mateo 8, 5-11)

 “Vendrán muchos de Oriente y Occidente y se sentarán a la mesa con Abraham…”

¿Cómo es eso que de oriente y occidente vendrán y se sentarán junto a nuestros padres Abrahán, Isaac y Jacob?

El contexto en el que Jesús reafirma este anuncio es más crítico aún pues pone la fe de un centurión romano sobre la del pueblo de Israel. “Os aseguro que en Israel no he encontrado a nadie con tanta fe.”

Aplicar esta palabra a nuestro contexto cristiano implica abordar el tema de la INCLUSIÓN a partir de la cual todos estamos llamados a vivir la propuesta samaritana de Jesús.

El Papa Francisco termina Evangelii Gaudium, donde expone su plan de pontificado, orando a María para que para que “la alegría del Evangelio llegue hasta los confines de la tierra y ninguna periferia se prive de su luz.”

 

MARTES 4 de Diciembre  (Lucas 10, 21-24)

 “¡Felices los que puedan ver todo lo que vosotros estáis viendo!”

Los “sabios e inteligentes” no supieron o no quisieron desmontar sus propias verdades para abrirse a la novedad que aportaba aquel predicador errante.

Comprender y orientar la propia existencia desde el mensaje de Jesús de Nazaret exigía un ejercicio de profunda sinceridad y humildad para desmontar los paradigmas previos.

Necesitamos la actitud de quien, aún cargado de conocimientos y experiencias, permanece abierto y disponible a la dinámica evangélica y carismática en su vida. Ser vulnerables ante la novedad de la acción del Espíritu en nuestras vidas: de eso se trata.

El Papa Francisco nos lo recuerda con este testimonio: “Puedo decir que los gozos más bellos y espontáneos que he visto en mis años de vida son los de personas muy pobres que tienen poco a qué aferrarse. También recuerdo la genuina alegría de aquellos que, aun en medio de grandes compromisos profesionales, han sabido conservar un corazón creyente, desprendido y sencillo.” (EG,7)

 

MIÉRCOLES 5 de Diciembre  (Mateo 15, 29-37)

“Tomó los siete panes y los peces (…) y se los fue dando a los discípulos y estos se los fueron dando a la gente.”

Jesús siente lástima y actúa. No se queda en sentimientos, pasa a la acción.

Vivimos en una cultura cargada de contraluces. Junto a personas que entienden el sentido de sus vidas desde la entrega, se extienden opciones pautadas por el individualismo más radical y desencarnado.

¿De qué lado queremos ubicarnos? No ya desde el mundo de las ideas, sino de los hechos. ¿He dejado en mi corazón espacio para la solidaridad? ¿Puedo decir que formo parte de aquellos que continúan multiplicando el pan y los peces a favor de los menos favorecidos?

Hoy la solidaridad es una urgencia ante el “grito” de millones de personas que sufren todo tipo de pobrezas. El compromiso con los pobres es un tema identitario para los seguidores de Jesús de Nazaret.

 

JUEVES 6 de Diciembre  (Mateo 7, 21.24-27)

 No todos los que dicen: “Señor, Señor”, entrarán en el Reino de los cielos…”

Es importante acercarnos a la Palabra, orar con ella… pero todo este proceso queda vacío si no provoca en nosotros procesos de conversión, cambios reales y constatables en nuestro modo de comprender y vivir la realidad.

La conciencia es necesaria pero insuficiente. Es preciso que se traduzca en hechos. Y los hechos no se improvisan, se maduran desde un caminar, que implican el conocimiento de la Palabra, pero también capacidad para la autocrítica, deseo de cambio, revisión de nuestras “prácticas” y el humilde y sincero compromiso de retomar día a día la andadura.

 

VIERNES 7 de Diciembre (Mateo 9, 27-31)

“Lo siguieron dos ciegos que suplicaban dando voces.”

Los ciegos del Evangelio comenzaron con un grito lejano y terminaron dialogando cara a cara con el Señor. Es necesario leer este itinerario en la doble perspectiva de quien lo realiza y de quien acompaña a otros a realizarlo.

En la labor pastoral desarrollada en nuestros centros y dispositivos podemos quizá identificar a quienes está dando esas voces lejanas, buscando respuestas a cuestiones de sentido en sus vidas. Nuestra misión consiste en ponernos a su lado, acompañarles en el camino, para que sus preguntas terminen convirtiéndose en súplicas íntimas al Dios de la Vida.

 

 

SÁBADO 8 de Diciembre  (Lucas 21, 34-36)                                           INMACULADA CONCEPCIÓN

 “…para Dios nada hay imposible.”

Su inmaculada concepción no le restó humanidad ni le ahorró el lento camino de la fe. Inmaculada desde el seno materno en virtud de su maternidad divina, María se hace cercana a cada uno de nosotros y nos muestra que “para Dios nada hay imposible”.

Asumimos el misterio que el dogma encierra, al tiempo que contemplamos en ella al modelo de vida marcada por el desafío de creer. Tanto en María como en cada uno de nosotros la fe es un don y también una conquista.

María ocupa un lugar central en el carisma institucional. Vivir el adviento en clave mariana es asumir la dimensión del misterio de la gracia que, también en nosotros, está presente y nos convoca a encarnar al hijo de María. ¿Cómo podrá ser eso si somos débiles, inconstantes, temerosos…? El mensaje del ángel Gabriel resuena como un grito de esperanza: No temamos… “para Dios nada hay imposible”.