TIEMPO DE NAVIDAD: 30 de Diciembre de 2018 a 5 de Enero de 2019

DOMINGO 30 de Diciembre (Lucas 2, 41-52)

 ¿Por qué nos has tratado así?”  

El texto de Lucas nos lo presenta a María y a José inquietos, angustiados, hasta enfadados ante la conducta del hijo. No logran descifrar las razones de su pequeño hijo.

Ser discípulo con y como María y José, significa pasar por malos ratos, cargados de desconsuelo. Desde ellos aprendemos a comprender la realidad con las razones del corazón.

María y José nos enseñan a dar corazón al discipulado. No todo se puede comprender, pero todo se puede aceptar desde el amor.

  

LUNES 31 de Diciembre  (Juan 1, 1-18)

 “La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros.”

Un Dios hecho PALABRA. Una PALABRA hecha carne, es decir, hermanada con nuestra humana condición de caminantes. Por eso, cada vez que nos acercamos a la PALABRA para orientar y alimentar nuestros proyectos vitales, estamos haciendo posible, una vez más, la NAVIDAD.

Hoy es un día que nos invita a reforzar nuestro compromiso de encuentro con la Palabra, con el Verbo de Dios. El Niño de Belén continúa habitando en nosotros en la Palabra y su mensaje adquiere la actualidad y el dinamismo de nuestras propias existencias. ¿Creemos realmente que es así? Es maravilloso pensar y vivir desde esta espiritualidad de un Dios que sigue “habitando” entre nosotros por medio de la Palabra.

De ahí la centralidad que tiene la Palabra en la Nueva Evangelización. Debemos dejarnos evangelizar por la Palabra y centrar en ella nuestra acción misionera-testimonial.

Este Tiempo de Navidad me invita a reafirmar nuestra fe en la presencia sacramental de Jesús en la Palabra.

 

 

MARTES 1 de Enero  (Lucas 2, 16-21)                 SANTA MARÍA  MADRE DE DIOS

 “Todos los que lo oían se admiraban de lo que decían los pastores.” 

Iniciamos un nuevo año y lo hacemos celebrando a Santa María, Madre de Dios y uniéndonos también a la Jornada Mundial de oración por la Paz.

Es interesante contemplar la conjunción de acontecimientos y la estrecha relación que hay entre ellos. No es posible la paz sin el encuentro y la escucha al que es diferente y no es posible esta escucha sin la ternura que caracteriza la maternidad.

Los pastores que fueron a adorar al Niño Dios eran personas consideradas impuras y de mala reputación. Sin embargo, quienes les oían se admiraban de lo que decían. Fueron reconocidos y sus palabras acogidas. María las guardó “meditándolas en su corazón.”

Vivimos tiempos en los que el pluralismo es considerado un valor en sí mismo. Sin embargo, me temo que detrás de esta afirmación hay más retórica que realidad. Basta con comprobar los centenares de focos de violencia fratricida que se extienden entre nosotros.

El Evangelio nos invita a la escucha del otro y a dejarnos “tocar” por lo que el otro dice. Todo ello es posible desde la simpatía, la ternura, la aceptación incondicional. Todo ello no es sino expresión de la hospitalidad que acoge al otro, cualquiera sea su realidad y lo hace su hermano, su hermana.

Esa aceptación es un camino esencial para la paz.

  

 

MIÉRCOLES 2 de Enero  (Juan 1, 19-28)

“Yo bautizo con agua.”  

Al reflexionar sobre estos hechos encuentro una doble lectura. La primera es horizontal y se centra en la llamada a reconocer nuestra aportación en la historia sin pretender mayores reconocimientos  y al mismo tiempo saber dar el lugar que corresponde a los demás. Se trata de una actitud fundamental para optimizar el funcionamiento de una comunidad, respetando los roles y las funciones de cada uno, pero va más allá de lo organizacional y toca la calidad humana, la capacidad de ser uno mismo y de potenciar la realización de los demás.

La segunda lectura es de carácter espiritual y religioso. En la vivencia de nuestra misión buscamos aportar todo lo que profesionalmente puede ser beneficioso para las personas que atendemos. Si lo hacemos desde un compromiso con la calidad asistencial seguramente lograremos buenos resultados y, aunque no sea condición necesaria, quizá hasta el reconocimiento público de nuestro bien hacer. Sin embargo, desde la mística evangélica, sabemos que “hay alguien”, que quizá muchos de nuestros destinatarios no conozcan, que “viene detrás nuestra” y que es el auténtico “salvador”, el dador de la salud en su plenitud.

Vivir la misión de agentes de pastoral de la salud desde esta visión nos ubica como instrumentos comprometidos con la salud integral de las personas.

 

 

JUEVES 3 de Enero  (Juan 1, 29-34)

 “Yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios”  

En el contexto navideño, la figura de Juan el Bautista, que nos acompañó durante el Adviento, vuelve para acicatear la dimensión misionera de nuestra vida creyente.

Desde la encarnación sabemos que la humanidad y su historia son lugares teológicos en los que el mismo Dios se manifiesta. El desafío consiste en saber hacer una adecuada lectura, contemplando la realidad con ojos de fe. Esta hermenéutica de la historia en clave creyente nos permite identificar a ese Dios encarnado que ha puesto su tienda entre nosotros.

Quien es capaz de contemplar la acción del Espíritu debe “socializar su espiritualidad”, debe ser capaz de dar testimonio de esa presencia escondida, y muchas veces desconcertante, del Dios de los evangelios.

La tendencia cultural dominante, marcada por el individualismo y cierto capillismo espiritual y religioso ha hecho que esta dimensión profética de la vivencia de la fe quede opacada y hasta justificada. ¿No será que, con demasiada frecuencia, nuestros silencios impiden o dificultan el encuentro de aquellos que nos rodean con el Mesías?

Mientras a los creyentes nos siga invadiendo el pudor espiritual al punto de silenciar nuestro testimonio, el Dios de los evangelios continuará oculto entre los signos de los tiempos sin que nada ni nadie lo haga reconocible.

  

VIERNES 4 de Enero (Juan 1, 35-42)

 “Venid y veréis”

Los discípulos de Juan el Bautista se dirigen hacia Jesús y le preguntan: “Rabí, ¿Dónde vives? Él les dijo: “Venid y veréis.”   Esta breve respuesta se ha constituido en un referente teológico-pastoral fundamental a la hora de comprender la pedagogía de Dios.  El testimonio de vida es clave a la hora de anunciar el Reino.

Ciertamente Jesús se manifestó también por la palabra y sus tres años como predicador itinerante lo confirman.  La Palabra, siendo fundamental, se vio siempre refrendada por la vida, por la coherencia testimonial. De ahí que a los discípulos de Juan les invitara a conocerle por su vida. Habían escuchado hablar del Mesías, había llegado el tiempo de contemplar cómo aquellas palabras se encarnaban en Jesús.

Estamos ante las dos formas en que Dios quiso revelarse, la palabra y el testimonio. Si no integramos el testimonio todo proceso evangelizador queda hipotecado. A la hora de explicitar los contenidos de la evangelización deberíamos ser capaces de repetir con Jesús: ¿Queréis saber en qué consiste la propuesta de vida de Jesús de Nazaret? Venid y vedlo en nosotros.

¿Dios no nos pedirá la perfección, pero sí reclamará de nuestra parte una postura de sincero compromiso a partir del cual transmitamos con nuestras vidas la misma fe que profesamos con nuestros labios, retomando la andadura cada vez que nos sintamos fuera del camino. Esta es la forma en la que cada creyente está llamado a ser epifanía de Dios para sus hermanos.

 

 

SÁBADO 5 de Enero (Juan 1, 43-51)

  “Aquel de quien escribieron Moisés en la Ley y los Profetas, lo hemos encontrado.”

En estos primeros días del año la liturgia de la Palabra nos narra el proceso por el cual Jesús de Nazaret escoge a sus apóstoles.  Hoy reflexionamos sobre el seguimiento de Felipe y de Natanael,  más tarde conocido como el apóstol Bartolomé.

Hay un aspecto que capta mi atención y es la importancia de la mediación de los amigos y conocidos en el proceso vocacional. Andrés  sigue a Jesús por el testimonio de Juan el Bautista,  Pedro lo hace por el de Andrés, Bartolomé por el de Felipe.

¡Cuánta importancia tiene el compartir nuestras certezas y nuestro credo con quienes hacemos el camino de la vida!

Lo que no se expresa, lo que no encuentra un lenguaje, lo que no se comparte, se debilita y finalmente desaparece. Por lo tanto, no sólo en función del testimonio sino también del vigor de nuestras convicciones y nuestros credos, es fundamental que sepamos expresarlos y compartirlos.

En Debemos compartir un mismo lenguaje que nos refuerce en las convicciones, nos aliente en las dificultades, nos vuelva a unir después de cada desencuentro, nos haga compartir un mismo sueño, un mismo proyecto.