VIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO: 3 al 9 de Marzo de 2019

 DOMINGO 3 de Marzo (Lucas 6, 39-45)

“¿Por qué miras la brizna que tiene tu hermano?

 La hipocresía daña profundamente las relaciones interpersonales. ¡Qué difícil se nos hace reconocer en nosotros lo que condenamos en los demás!

El evangelio nos invita a optar por la sinceridad, la transparencia, la delicadeza en el trato, la humildad.

En relación con los demás, recordar la vieja regla de oro: “Si no tienes nada bueno que decir de tu prójimo, no digas nada.”   Sin duda el espíritu de familia que debe cualificar a toda comunidad cristiana crecerá desde estas opciones. El silencio respetuoso, la prudente autocrítica es una forma de respeto, valor sobre el que debemos acordar significados.

 

LUNES 4 de Marzo  (Marcos 10, 17-27)

“Vende cuanto posees y reparte el producto entre los pobres.”

Sociológica y económicamente hablando, la mayoría de los europeos debemos reconocernos cercanos al “joven rico”. Formamos parte de esa minoría de la población mundial que posee la mayoría de los recursos y la prueba más contundente son las masas de emigrantes que golpean a las puertas de nuestras fronteras.

Hay una dimensión ética del poseer que pasa por una solidaridad exigente. No se trata de dejar caer migajas sino de “desposeernos”. ¿Frunciremos el ceño y nos alejaremos de las exigencias del Reino como el joven rico? Nuestra abundancia, o es radicalmente solidaria,  o no es evangélica.

 

MARTES 5 de Marzo (Marcos 10, 28-31)

 “Lo hemos dejado todo para seguirte.”

La exégesis ha aplicado este texto a la vida consagrada pero no es legítimo desposeer de calidad evangélica a otras formas de vida.

Cualquiera sea nuestra realidad personal – vida consagrada, sacerdotal o laical – estamos llamados a despojarnos de aquello que nos impide optar por Jesús y su Evangelio.

Tanto en lo personal como en lo institucional es preciso  revisar con serenidad y verdad nuestras renuncias y posesiones, analizadas como causas de mayor o menor libertad para vivir en clave de evangelio.

¿De qué debo despojarme para ser más acogedor, más fraterno?

 

MIÉRCOLES  6 de Marzo (Mateo 6, 1-6.16-18)              MIÉRCOLES DE CENIZA – INICIA LA CUARESMA

 “… no lo pregones a bombo y platillo…”

Jesús, asume lo positivo que encierran la limosna, el ayuno y la oración, pero hace una advertencia: “no lo hagáis como los demás”. No lo hagáis para aparentar, hacedlo sin estridencias.

La tendencia a ponernos en el escaparate y ser admirados, por las razones más variopintas, conforma una tendencia muy frecuente que termina dañando seriamente la construcción de comunidades sanas.

La vitrina social permite la admiración y la manipulación de afectos y adhesiones, pero no llega muy lejos.

Ser, sin necesidad de reconocimientos y apariencias, ese es el camino evangélico. Un camino difícil… sin duda alguna. Al iniciar la CUARESMA, el Señor nos presenta una dimensión exigente del seguimiento.

 

JUEVES 7 de Marzo  (Lucas 9, 22-25)

“El que quiera seguirme, que cargue su cruz…”

Se trata de cargar la propia cruz. No hace falta salir a buscar cruces ajenas. Cada uno tiene la suya, marcada por circunstancias comunes y también específicas, únicas. Nadie puede llevar la cruz de otro. Podemos ayudar, podemos prestar apoyos, pero jamás remplazar, ni quitar al otro el derecho a asumir su propia vida.

En el misterio del dolor debemos respetar el desafío de construcción de la persona que está sufriendo.

Está claro que no nos ubicamos en un planteamiento dolorista. Debemos luchar contra el dolor. Estamos hablando de la dimensión personal e inevitable del dolor que acompaña nuestra creaturidad, nuestra fragilidad intrínseca. Ese dolor o lo asumimos desde una espiritualidad del abandono en el Padre, o nos destruye.

El Papa Francisco nos recuerda: “La cruz, sobre todo los cansancios y los dolores que soportamos por vivir el mandamiento del amor y el camino de la justicia, es fuente de maduración y de santificación.” (GE, 92)

 

 

VIERNES 8 de Marzo  (Mateo 9, 14-15)

«Por qué nosotros y los fariseos ayunamos, y tus discípulos no ayunan?».

En este viernes después de ceniza, la Palabra nos invita a reflexionar sobre el sentido del ayuno.

El ayuno en sí mismo no tiene razón de ser si no nos lleva a vivir con mayor desprendimiento hacia las cosas y mayor disponibilidad para servir a los demás. De hecho la lectura de Isaías que precede al texto del Evangelio nos recuerda que el ayuno que Dios acepta es el del servicio y el compromiso con las personas necesitadas que nos rodean.

Si hacemos del ayuno un rito más y sólo con su cumplimiento nos sentimos “buenos”, estaremos entrando en la dinámica de un ritualismo compensatorio, poco menos que vano…

El Papa Francisco nos lo recuerda con dureza: “La corrupción espiritual es peor que la caída de un pecador, porque se trata de una ceguera cómoda y autosuficiente donde todo termina pareciendo lícito: el engaño, la calumnia, el egoísmo y tantas formas sutiles de autorreferencialidad, ya que «el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz»” (GE, 165)

 

 SÁBADO 9 de Marzo  (Lucas 5, 27-32)

“Vio a un recaudador de impuestos llamado Leví”.

Jesús mira al cobrador de impuestos, al pecador, al despreciado. Se acerca, le acoge, le reconoce, supera el estigma social que lo invitaba a no mezclarse “con esa gente…

¡Qué difícil se nos hace “mirar”… “querer mirar”… Es más sencillo desviar la mirada. Tener una “mirada amaestrada” que sólo capta aquello que es “políticamente correcto”, que no genera conflicto alguno, que no descompone ni inquieta nuestro estatus ideológico, religioso, profesional…

El Evangelio de hoy nos invita a “mirar”, a integrar al diferente, a correr el riesgo de la incomprensión y de la crítica a nuestros paradigmas. Nada ni nadie puede interponerse en esa llamada de fraternidad universal. ¡Vaya desafío!