V SEMANA DE CUARESMA: 7 al 13 de abril de 2019

7 de Abril (Juan 8, 1-11)

“Tampoco yo te condeno. Anda y en adelante no peques más.”

En estos tiempos en los que todo y todos son medidos desde parámetros éticos, estéticos, políticos, morales… Jesús nos invita a practicar la única medida que tiene cabida en el evangelio: la aceptación amorosa y gratuita.

El Papa Francisco nos recuerda que “el amor salvífico de Dios es previo a la obligación moral y religiosa”. De ahí la necesidad de generar entre nosotros actitudes de “cercanía, apertura al diálogo, paciencia, acogida cordial que no condena.”

¡Cuán necesario y urgente se nos hace el cultivar estas actitudes evangélicas cuando vemos crecer la intolerancia y la condena como armas arrojadizas que paralizan y enfrentan a nuestra sociedad!

 

 LUNES 8 de Abril  (Juan 8, 12-20)

  “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no caminará en tinieblas…”

Que Jesús sea luz del mundo no implica que seguirle sea sencillo. No es una cuestión asimilable a las leyes físicas: hay luz, entonces puedo ver. La luz puede estar a nuestro lado y, sin embargo, seguir en las tinieblas, no querer ver, porque tememos que se ponga en cuestión el paradigma de nuestras vidas, cualquiera sea. Debemos “querer ver”, debemos querer dejarnos iluminar, debemos querer salir de lo que no es luz en nosotros.

Nuestro desafío consiste en salir de la mediocridad para, como Jesús, SER LUZ en nuestros ámbitos de vida, en nuestros centros, junto a los enfermos, a sus familiares, a los compañeros y compañeras de trabajo, en la comunidad… ¿Estamos dispuestos a dejarnos consumir, como el cirio se consume al regalarnos su luz? De la calidad a esa respuesta depende que Jesús continúe siendo luz para el mundo.

 

MARTES 9 de Abril  (Juan 8, 21-30)

“El que me envió está conmigo, no me ha dejado solo.”

Vivir en clave de evangelio no es sencillo. Conlleva muchas incomprensiones y hasta la persecución. El dolor está presente en la vida del discípulo. Jesús de Nazaret nos brinda una clave para asumirlo en paz: abandonarnos en las manos del Padre, confiar en la VIDA sin dejar de reconocer y sentir los aguijones de la muerte.

En definitiva, integrar el dolor, no como un valor en sí mismo, sino como un camino de humanización, contando con la certeza de que el Dios de los evangelios nos lleva en el centro de su corazón.

 

MIÉRCOLES  10 de Abril (Juan 8, 31-42)

  «Tratáis de matarme a mí, que os he hablado de la verdad que le escuché a Dios.”

Contemplamos la fuerza testimonial de Jesús jugándose en el anuncio de la Buena Nueva. Podría haberse callado la boca para no alentar la ira de sus enemigos. Pero prefirió la dura libertad de la verdad.

Desde esta misma actitud, multitud de sus seguidores han sabido – y saben– jugarse la propia vida en el anuncio y el testimonio de la Buena Nueva.

Resuena en mi interior el eco desafiante de Benito Menni y tantos testigos de la fe y pido fidelidad y transparencia en la vivencia cotidiana y pública de mi fe en Jesús.

 

 

JUEVES 11 de Abril  (Juan 8, 51-59)

 “Entonces cogieron piedras para tirárselas…”

Contemplamos la fortaleza, el amor a la verdad, la fidelidad, la conciencia de estar en las manos del Padre, la asertividad y resiliencia de Jesús que le permite sobreponerse ante el dramatismo que encierra una situación de persecución tan concreta y amenazante.

Ser sus discípulos no significa ir en búsqueda de contradicciones o persecuciones. Ellas llegan solas, como consecuencia de una vivencia entusiasta y transparente de nuestra fe. Ante ellas no cabe victimismo alguno. El objetivo no es “ser apedreados” sino vivir, en todo momento, en sintonía con la voluntad del Padre.

 

VIERNES  12 de Abril (Juan 10, 31-42)

«Si no creéis en mis palabras, creed en mis obras?

Contemplamos a Jesús en una situación límite de persecución. Su persona y sus palabras continúan levantando pasiones. ¿Podemos, como él, argumentar la verdad de nuestras palabras con la coherencia de nuestras vidas?

La dimensión testimonial que brota de una vida coherente con el bautismo, recibido y acogido, es una exigencia del discipulado que reclama una humilde y constante autocrítica y conversión.

¡Cuánto bien nos hace compartir la vida de fe con personas que hacen vida lo que afirman creer!

 

 SÁBADO 13 de Abril  (Juan 11, 45-57)

Allí se quedó con sus discípulos…”

Los sacerdotes y fariseos habían decidido darle muerte. Ante la gravedad y trascendencia de los hechos que se avecinaban sintió la necesidad de afianzarse en el cariño de sus discípulos.

No es posible vivir el Evangelio en solitario. Necesitamos encontrarnos con quienes compartimos los mismos sueños. Vivir en cristiano es vivir en comunidad. Es crear tiempos para compartir proyectos y fortalecer lazos. El individualismo no es compatible con una vida en clave pascual.

“…los discípulos del Señor son llamados a vivir como comunidad que sea sal de la tierra y luz del mundo. Son llamados a dar testimonio de una pertenencia evangelizadora de manera siempre nueva. ¡No nos dejemos robar la comunidad!” (EG, 92)

Como agente de pastoral de la salud, ¿qué hago para crear espacios de comunidad parroquial donde compartir y fortalecer la fe, la misión?