SEMANA SANTA: 14 al 20 de abril de 2019

DOMINGO DE RAMOS, 14 de Abril (Lucas 23, 1-49)

“¡Fuera ese! Suétanos a Barrabás”

Todo discipulado exige comulgar con un proyecto, compartir un sueño y ser capaces de asumir sus consecuencias. Las respuestas “a medias” terminan en componendas que vuelven poco creíble el proyecto que decimos abrazar.

No hay discipulado sin “pasión”. Y este concepto debemos asumirlo en la doble acepción de sufrimiento y de entusiasmo.

Como ocurrió con Jesús, el odio y la sinrazón se imponen en un mundo en guerra de todos contra todos. Vivimos tiempos donde nuestro discipulado es puesto a prueba. ¿Qué hacemos por la paz y la verdad? ¿Cómo salir en defensa de tantos inocentes? Mientras “nos lo pensamos…”, Jesús sigue traicionado…

 

LUNES SANTO, 15 de Abril  (Juan 12, 1-11)

 “… decidieron también matar a Lázaro…».

Jesús se acercó a la casa de Marta, María y Lázaro, sus amigos de Betania. No era un encuentro más, era la despedida.  Las autoridades habían decidido eliminar a Lázaro. El testimonio de su resurrección hacía que muchos creyeran en aquel nazareno.

Hoy, como en los primeros tiempos, el discipulado, el seguimiento de Jesús, implica correr riesgos. La historia de la comunidad creyente lo atestigua sobradamente. El Papa Francisco nos recuerda a menudo que en estos tiempos hay más mártires cristianos que durante los primeros siglos del cristianismo.

Comenzamos la SEMANA SANTA.  A la luz de la Palabra, podemos a leer nuestra propia historia de creyentes, asociada a la misma condena, pasión y muerte.

El testimonio de Lázaro resultaba molesto porque suscitaba la conversión e muchos judíos.  Son las dos caras del testimonio: despertar adhesión y rechazo.  En no pocas ocasiones, el testimonio de una vida evangélicamente coherente nos pone en apuros, nos acarrea incomprensión y hasta persecución.

La SEMANA SANTA puede ser muy reductiva si no hacemos de ella una ocasión para comprender mejor nuestro propio discipulado.

 

 

MARTES SANTO, 16 de Abril  (Juan 13, 21-33.36-38)

“No cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces.”

En la experiencia de discipulado podemos vernos ante la posibilidad de traicionar nuestras opciones. No solamente ante la posibilidad, sino ante la constatación de andar por caminos distintos a los prometidos.

Entonces nos enfrentamos a las opciones de Judas y de Pedro: desentendernos de nuestra propia conciencia o asumir con dolor nuestras debilidades y reemprender el camino.

Ser discípulos no implica ser indemnes ante el mal, sino tener la capacidad de reconocerlo en nuestras vidas y volver, una y mil veces, a retomar los criterios y las acciones que nos legó Jesús de Nazaret.

 

 

MIÉRCOLES SANTO,  17 de Abril (Mateo 26, 14-25)

“¿Qué estáis dispuesto a darme, si os lo entrego?” 

Reflexionar el drama de la vida y la muerte de Judas implica ser conscientes que ninguno de los seguidores actuales de Jesús de Nazaret estamos libres del paradigma conductual que lo llevó a la perdición. Confundir los medios con los fines no es algo del pasado. El dedo acusador se puede transformar en un puño cerrado que da golpes de arrepentimiento sobre el propio pecho…

Leer desde el plan salvífico de Dios la vida de Judas implica reconocer en su experiencia vital una llamada urgente respecto la necesidad de no perder el norte en nuestras vidas personales e institucionales.

La actualidad de su mensaje es evidente. La gran cantidad de recursos de los que disponemos pueden llegar a marearnos. A tal punto que la tecnología se impone al encuentro personal, los títulos a la sabiduría de la vida, los protocolos al buen trato, las normas financieras al principio fundamental de justicia en el compartir los bienes, lo “políticamente correcto” a la verdad, las infraestructuras, a la calidad del servicio… Podemos agregar un largo etcétera…

Judas, con su triste biografía nos advierte que debemos revisar la relación entre los medios y los fines y que debemos hacerlo ahora, porque pactar con el enemigo es muy peligroso y el arrepentimiento puede llegar demasiado tarde.

 

  

JUEVES SANTO,  18 de Abril  (Juan 13, 1-15)

 “…también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros.”                DÍA DEL AMOR FRATERNO

San Juan nos narra cómo se ciñó una toalla, echó agua en una jofaina y se puso a lavar los pies de sus discípulos. Podemos imaginarnos las caras de extrañeza de todos, el rechazo y la pregunta de Pedro que no se hizo esperar: “Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?”

Aquel rito social, practicado por la servidumbre cuando alguien llegaba a la casa de sus señores, iba más allá del cumplimiento de una norma de cortesía. Se convertía en el signo del AMOR FRATERNO.

Amar al otro implica ponernos a su servicio y sólo es posible amar desde la sencillez. Quizá nos parezca demasiado simplista el resumir toda la Ley y los Profetas en un gesto tan cotidiano.

Echamos de menos un discurso más enjundioso que recapitulara todo el proyecto de salvación que culmina en Cristo. Nada de eso. El evangelio nos invita a contemplar a Cristo lavando los pies a sus discípulos e invitándoles a hacer los mismo: “…también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros”.

En este día del AMOR FRATERNO, examinemos si la actitud de servicio, desde la sencillez, está al centro de nuestro modo de ser Hospitalario.

“El espíritu fundacional tiene un elemento inspirador, que es el “amor sin límites”. Estuvo presente como dinamizador de los Fundadores y en las generaciones posteriores que han expandido nuestro carisma trascendiendo todas las fronteras.” (MII, 18)

 

 

VIERNES SANTO,  19 de Abril (Juan 18, 1-19,42)

“…lo crucificaron, y con él a otros dos…”

A los lados de Jesús de Nazaret continúan multiplicándose los crucificados por un dolor que tiene mil caras y que siempre, siempre… resulta incomprensible. Habrá causas, pero nunca razones inapelables. El misterio se hace presente con la misma rotundidad de la angustia. ¿Por qué Padre? ¿Por qué a mí? ¿Por qué a los míos? ¿Por qué a ellos? ¿Por qué así? ¿Por qué ahora?

La lectura de la pasión es rica en evocaciones y podemos vernos en la piel de todos y cada uno de los personajes que nos presenta el evangelista Juan. Pero en este Viernes Santo contemplemos al crucificado al lado del maestro y contemplemos en ellos a las personas que atendemos en ese mismo trance.

Ante el misterio sólo cabe el silencio y la hondura de una serenidad siempre buscada y ofrecida. Una paz del alma ante la cual enmudecen las preguntas, para respirar en Dios.

Somos sanadores herido, como tantos y tantas personas que acompañamos

Será por este calado del misterio que los Viernes Santo son días marcados por el silencio. Un silencio activo que nos permite atisbar respuestas que ninguna respuesta es capaz de abarcar.

El Nazareno continúa en la cruz en mí, en ti, en nuestros hermanos y hermanas. Necesitamos y necesitan el testimonio del abandono confiado en los brazos del Padre, necesitamos y necesitan la presencia firme, empática, respetuosa, esperanzada de María. Ella permaneció de pie junto a la cruz…

 

SÁBADO SANTO,  20 de Abril  (Lucas 24, 1-12)

“De madrugada, las mujeres fueron al sepulcro…”

Fueron las primeras. Siempre ellas… las mujeres. Desde la ternura que las movía a dignificar, aunque sea mínimamente, aquel cuerpo que había contemplado derramar hasta la última gota de sangre, cogieron sábanas y perfumes y apuraron la aurora para acercarse al sepulcro.

En estos tiempos donde sobreabunda la violencia en el trato, el desprecio, “el descarte”… del que nos habla el Papa Francisco… necesitamos volver la mirada hacia estas mujeres tan cargadas de ternura como de valentía. Y es que la ternura es la virtud de los fuertes.

Estas primeras discípulas nos enseñan a hacer de la ternura un compromiso por servir al otro y, sobre todo, a tanto “Ecce-Homo” con los cuales compartimos el día a día. Un servicio que se vuelve urgencia. No podemos seguir mirando para otro lado, quedarnos “dormidos”… Hay que madrugar… hay que “primerear” en el servicio.