PASCUA: 21 AL 26 de abril de 2019

DOMINGO, 21 de Abril (Juan 20. 1-9)                                              PASCUA DE RESURRECCIÓN

  “Hasta entonces no habían entendido las Escrituras.”

La Magdalena, Juan y Pedro nos anteceden en la experiencia de ver que el sepulcro está abierto y el Señor no está entre los muertos. ¡Vive!

Entonces, y sólo entonces, el corazón de estos tres discípulos se abrió a la esperanza. Descubrieron que la persecución, las mentiras, la traición, el dolor, la soledad,  la enfermedad, la muerte… no tenían la última palabra.

En esta mañana de resurrección nos preguntamos si el sentido pascual impregna suficientemente nuestras vidas. Si nuestra esperanza va más allá de nuestras certezas, si nuestra fe es abandono en las manos de Dios o meras convicciones heredadas, si nuestro amor a Dios en los menos favorecidos es reflejo de la misericordia de Dios o simple filantropía…

Aún resuenan los tambores de Semana Santa… En tantos contraluces, contemplando dolor y vida, nos imaginamos a un Dios cercano; que se abre camino y entra en los corazones. Que da respuesta a una esperanza escondida en los entresijos de vidas rotas… ¿Cómo hacer más fuerte el grito por la VIDA, ante la contemplación de tanta muerte, de tantas limitaciones que nos rodean y hasta nos asfixian?

 

LUNES, 22 de Abril  (Mateo 28, 8-15)

Id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán.”

Los discípulos acababan de vivir días muy densos y excepcionales. El maestro los invita a un encuentro sereno en Galilea.

A nosotros también nos espera en “nuestra Galilea”, en el día a día de la vida comunitaria, familiar, social, Hospitalaria…

La resurrección se actúa en nuestro compromiso por llevar adelante un proyecto compartido, por cuidar la vida, por devolver la dignidad perdida a la persona que ha enfermado.

La Buena Noticia de la resurrección debe encontrar en la cotidianeidad una expresión privilegiada o quedará reducida a una buena idea, una buena sensación, al recuerdo de unos días intensos, sin más…

Como afirma el Papa Francisco,  “es posible amar con el amor incondicional del Señor, porque el Resucitado comparte su vida poderosa con nuestras frágiles vidas: Su amor no tiene límites y una vez dado nunca se echó atrás. Fue incondicional y permaneció fiel. Amar así no es fácil porque muchas veces somos tan débiles. Pero precisamente para tratar de amar como Cristo nos amó, Cristo comparte su propia vida resucitada con nosotros.” (GE, 18)

 

MARTES, 23 de Abril  (Juan 20, 11-18)

“Ve a Jesús de pie, pero no sabía que era Jesús.”

María lo vio pero no lo reconoció.

La resurrección nos invita a descubrir la realidad con una nueva mirada. Desde ella y en apariencias inesperadas podemos encontrar al Resucitado.

Quizá en las personas con las que vivimos, en quienes atendemos en nuestros centros, en aquellos que consideramos nuestros enemigos, en los más débiles, sin duda…

Aprender a ver la VIDA del resucitado presente en tantos pequeños acontecimientos y personas. En formas que no reconocemos como “pascuales” pero que pueden ser fermento de renovación, de cambio, de esa conversión a la que estamos convocados.

La nueva vida no es evidente… debemos descubrirla, promoverla, hacerla visible.

“…dejemos que el Espíritu Santo nos haga contemplar la historia en la clave de Jesús resucitado. De ese modo la Iglesia, en lugar de estancarse, podrá seguir adelante acogiendo las sorpresas del Señor.” (Papa Fco., GE, 139)

 

MIÉRCOLES, 24 de Abril (Lucas 24, 13-35)

 “Se puso a caminar con ellos.”

No es sencillo dejar nuestras prisas y proyectos para entrar en la realidad del otro, darnos el espacio necesario para caminar junto a él, desde su realidad y en su dirección.

Vivimos apretados por los compromisos, las tareas, las planificaciones, la preparación de actuaciones de todo tipo, las reuniones que se multiplican aquí y allá, los hijos, las tareas de la casa, las demandas de la familia, la búsqueda de espacios personales, el cuidado de la salud…

Todo requiere tiempo y en esa dinámica se nos hace difícil “estar con”, “acercarnos al caminar del otro”, “ponernos a su lado y andar juntos”, acogerlo y dejarnos acoger, dándole y dándonos tiempo, acogiendo al otro en su dolor, tocar su herida, experimentar que las distancias se borran…

 

 

 JUEVES, 25 de Abril (Lucas 24, 35-48)

 “Vosotros sois testigos de estas cosas”

Jesús deposita toda su confianza en un grupo de hombres y mujeres desconcertado, temeroso, inseguro. Hombres y mujeres marcados por sus propias contradicciones fueron los depositarios y testigos primeros de la vida-mensaje de Jesús de Nazaret. Prolonga así la opción por la encarnación, asumiendo con todas sus consecuencias la humanización del Reino.

Y Dios continúa optando por cada uno de nosotros y nos repite como a sus discípulos: “Tú eres testigo de estas cosas.”   A pesar de mis dudas, mis temores, soy testigo de un Dios que es VIDA. Ante la debilidad, siempre constatada, nos encontramos con el mismo voto de confianza que Jesús brindó a los suyos.

La misión de los primeros discípulos se prolonga en cada bautizado. ¿Soy testigo del Resucitado? “Ojalá puedas reconocer cuál es esa palabra, ese mensaje de Jesús que Dios quiere decir al mundo con tu vida. Déjate transformar, déjate renovar por el Espíritu, para que eso sea posible, y así tu preciosa misión no se malogrará. El Señor la cumplirá también en medio de tus errores y malos momentos, con tal que no abandones el camino del amor y estés siempre abierto a su acción sobrenatural que purifica e ilumina.” ( Papa Francisco, EG, 24)

 

 

VIERNES, 26 de Abril (Juan 21, 1-14)

“Vamos también nosotros contigo.”

Ni María Magdalena, ni los discípulos de Emaús, ni los demás apóstoles fueran capaces de identificar inmediatamente a su maestro resucitado. ¿Qué había cambiado para que ahora nadie se atreviera a preguntarle quién era?

Se tuvieron que dar otros gestos para que cayeran en la cuenta que no era un desconocido el que estaba con ellos, sino Jesús.

Ya no importaban los rasgos y las condiciones humanas sino las obras, caracterizadas siempre por ser signos de fraternidad. Así ocurrió aquella mañana en que habían salido a pescar.

A partir de la resurrección lo comunitario adquiere una entidad fundamental en la vivencia de la fe. No hay cristianismo posible desde el individualismo.

“La comunidad está llamada a crear ese «espacio teologal en el que se puede experimentar la presencia mística del Señor resucitado. Compartir la Palabra y celebrar juntos la Eucaristía nos hace más hermanos y nos va convirtiendo en comunidad santa y misionera.” (Papa Fco., GE, 142)

 

 

SÁBADO, 27 de Abril (Marcos 16, 9-15)

“Les echó en cara su incredulidad (…) Id y proclamad…”

La incredulidad es una constante en la narrativa de las primeras apariciones del resucitado. Y esa experiencia se daba en las personas más cercanas. A pesar de ello el Señor termina encomendándoles que anuncien el Evangelio “a toda la creación”.

Ciertamente el mensaje de la Pascua supera ampliamente nuestra capacidad de comprensión pero ello no nos inhibe de ser sus testigos.

Aún desde la debilidad de nuestra fe estamos llamados a compartir el sentido de plenitud que nos da el encuentro con Jesús y su mensaje.

Si queremos reafirmarnos en la fe en el resucitado, debemos proclamarla. No hay mejor manera de empobrecer el propio credo que acallándolo. Y nuestro contexto cotidiano es nuestro espacio para ser testigos del Resucitado:

“Todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra. ¿Eres consagrada o consagrado? Sé santo viviendo con alegría tu entrega. ¿Estás casado? Sé santo amando y ocupándote de tu marido o de tu esposa, como Cristo lo hizo con la Iglesia. ¿Eres un trabajador? Sé santo cumpliendo con honradez y competencia tu trabajo al servicio de los hermanos. ¿Eres padre, abuela o abuelo? Sé santo enseñando con paciencia a los niños a seguir a Jesús. ¿Tienes autoridad? Sé santo luchando por el bien común y renunciando a tus intereses personales.” (Papa Fco. GE, 14)