SEGUNDA SEMANA DE PASCUA: 28 de abril a 4 de Mayo de 2019

DOMINGO, 28 de Abril (Juan 20, 19, 31)

“Estaban los discípulos en una casa”.

Los discípulos no terminaban por vencer el miedo que se les había metido en el cuerpo al ver a su maestro apresado, condenado y ajusticiado.

En medio aquella situación, tan tensa, ellos supieron, sin embargo, mantenerse unidos. Así les encontró Jesús. Entonces les transmitió la paz y les reafirmó en la fe.

Quizá no pasemos por situaciones tan extremas como las vividas por los primeros discípulos, pero no nos faltan ocasiones en las que nos sentimos desorientados y hasta desanimados.  Entonces, es normal tener miedo, replegarnos y hasta poner en tela de juicio nuestro credo…

Hoy el evangelio nos invita a vivir esos momentos en clave de discipulado. Es decir, a permanecer unidos, a compartir nuestras dudas y también la certeza pascual que Jesús se hará presente.

Nuestra fe, vivida desde procesos en los que no faltarán los momentos de desolación, reclama ser vivida, sostenida, reafirmada, en comunidad. Entonces, y sólo entonces, el Señor no faltará a la cita…

 

LUNES, 29 de Abril

 “Mi yugo es suave y mi carga ligera.”

El Evangelio nos habla hoy de la sencillez como exigencia en el seguimiento de Jesús. En un contexto cultural en el que todo se cuestiona y todo adquiere valor en tanto en cuanto es convincente para la persona, la llamada del Evangelio a asumir con sencillez el mensaje de Jesús nos pone fuera de la pretendida sapiencia de quien todo lo quiere controlar con la razón.

El profundo misterio pascual que celebramos en este tiempo litúrgico violenta el pseudo-cientificismo con el que pretendemos controlarlo todo. ¿Quién puede decir que Jesús VIVE si no es desde la fe, desde el abandono confiando en el testimonio del mismo Resucitado y sus primeros discípulos?

La humildad del corazón es la condición necesaria para vivir en la fe un hecho tan desconcertante como maravilloso.

En la Resurrección se centra el sentido más profundo de la reconciliación entre Dios y cada uno de nosotros. Jesús dio su vida para darnos VIDA, para decirnos que el Padre nos ama incondicionalmente, para asegurarnos que el mal, los cansancios, las dificultades en el seguimiento, no tienen la última palabra. Por eso… porque Él resucitó, su yugo termina siendo suave y su carga ligera.

 

MARTES, 30 de Abril  (Juan 3, 7b-15)

“Tenéis que nacer de nuevo.”

Está claro que para un fariseo como Nicodemo,  acostumbrado a interpretar las Escrituras y a traducirlas en normas socio-religiosas rigurosas y estables, este nuevo marco de precariedad y hasta de incertidumbre, le traería de cabeza.

Un cambio tan radical en su modo de concebir la espiritualidad del Reino significaba para él un nuevo nacimiento. Y así se lo hace ver Jesús.

La llamada a Nicodemo mantiene su vigencia y provocación. Resulta mucho más sencillo crear estructuras inamovibles,  criterios de funcionamiento incuestionables, que someternos a la acción del Espíritu y arriesgarnos a nacer de nuevo cuantas veces sean necesarias, sin poner condición alguna.

El Señor, con su Palabra, nos invita cada día a renacer, abandonados en la acción del Espíritu.

 

 Miércoles,  1 de Mayo  (Juan 3, 16-21)

  “Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.”  

Muchos hemos crecido con una visión moralista desde la que consideramos buena o mala a una persona según sus obras. Y solemos poner como referencia de esa bondad o maldad el mensaje evangélico.

Deberíamos releer con atención el texto de hoy para darnos cuenta que no hay nada más lejano al Dios de Jesús de Nazaret que esta intencionalidad de juicio moral

En Dios, la misericordia siempre va por delante. Eso es lo que machaconamente nos está recordando el Papa Francisco.

¡Cuánto debemos caminar para entender que la bondad, el perdón, la cercanía, la empatía, la tolerancia… constituyen el eje del mensaje y de la vida de Jesús de Nazaret!

  

JUEVES, 2 de Mayo  (Juan 3, 31-36)

“El que cree en el Hijo, tiene vida eterna.”

Jesús manifiesta su autoconciencia como Mesías a fin de afianzar la frágil adhesión de sus seguidores y de denunciar la terquedad de quienes le rechazaban visceralmente.

Hoy somos testigos de cómo hacer pública la identidad creyente puede costar la propia vida. Se multiplican las noticias referidas a las minorías cristianas que viven en territorios islámicos, sistemáticamente perseguidas. Hace un par de semanas contemplamos con dolor el atentado suicida en Sri Lanka, con cientos de cristianos asesinados.

Pero, ¿qué ocurre con nosotros, habitantes de una región que se considera tolerante y plural? ¿No confundimos el respeto por el pluralismo con la falta de identidad o con la difusión de identidades débiles, sometidas al vaivén de las corrientes ideológicas imperantes?

Creer en el Hijo de Dios, creer en el Mesías Resucitado, ya no resulta cómodo, ni tan siquiera en un país de profundas raíces cristianas. Ser profetas, ser misioneros de la misericordia, implica reafirmarnos en la certeza de que la fe en el Hijo, es motivo de VIDA. Una VIDA distinta… que puede traer consigo la incomprensión y hasta el ser socialmente segregados.

 

VIERNES 3 de Mayo, Juan 14, 6-14                                                                                          

 “Yo soy el camino y la verdad y la vida.”

Cuando en el día a día sentimos el peso de llevar adelante un proyecto de vida, con sus exigencias laborales, familiares y sociales, con esa llamada, muchas veces convertida en queja, de cuidarnos a nosotros mismos, de no caer en la vorágine del activismo… las palabras del Evangelio de este día nos regalan la posibilidad de reubicar tantas exigencias en un proyecto diferente: Seguir a Jesús, hacer de Jesús nuestro camino, nuestra verdad, nuestra vida…

Probablemente tendremos que continuar haciendo lo mismo, pero ya no desde el agobio y las tensiones gratuitas que muchas veces nos acompañan. Todo en Jesús, todo desde Jesús. De este modo, sin duda, la vida será NUEVA, será RESUCITADA…

 

SÁBADO 4 de Mayo (Juan 6, 16-21)

 “Jesús caminaba sobre el lago y se acercaba a la barca.”

¿Acaso no estamos viviendo tiempos difíciles, con el “mar alborotado” y sufriendo la “noche” del desencuentro? ¡Cómo nos duele el asesinato impune de cientos de seguidores de Jesús en distintos puntos del planeta que están siendo martirizados por el extremismo religioso!

Nos consuela la certeza de no estar solos. Jesús, el Resucitado, “camina sobre las olas” de ese mar embravecido, se hace cercano y nos invita a la esperanza.

Es en Él que debemos y podemos vislumbrar que la VIDA puede más. Sus discípulos asesinados interpelan nuestras opciones. Rezamos por ellos, por sus familias…y nos encomendamos a su intercesión. ¡Mártires cristianos del siglo XXI, rueguen por nosotros!