CUARTA SEMANA DE PASCUA : 12 al 18 de Mayo de 2019

DOMINGO, 12 de Mayo (Juan 10, 27-30)

“Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen…”

Solemos ubicarnos ante esta Palabra, en el lugar del discípulo que escucha, que es conocido, que hace su andadura detrás del maestro. Ello nos lleva a sentirnos cuidados por Aquel que nos conoce bien.

Podemos releer el texto desde las personas que Dios ha puesto en nuestro camino para que nos comprometamos en su cuidado. Nuestros hijos, esposas, esposos, las personas que atendemos en el hospital, los compañeros y compañeras de trabajo, los amigos y amigas que la vida nos regala…

Ese círculo de personas con las que tejemos nuestro día a día y que reclaman escucha, comprensión, cercanía desde el corazón, protección ante las situaciones de dolor o de empobrecimiento personal…

Nos preguntamos de qué manera somos portadores de vida para los demás. Podemos sentir nuestras limitaciones, al tiempo que encontramos una luz de esperanza en la actitud de Jesús. El único secreto para ser “buen pastor” es ser uno con el Padre.

Ser “Iglesia en salida”, implica ante todo ser “discípulo en salida”… es decir, dejar de mirar nuestra propia y limitada realidad para compartir la VIDA que el Resucitado nos ha regalado… Ser cristiano es ser “discípulo misionero”…

 

LUNES, 13 de Mayo (Juan 10, 1-10)

«Camina delante de ellas.”

La Iglesia en reclama líderes que “caminen delante”, que marquen rumbo, que indiquen por dónde están esos “verdes prados” en los que podemos encontrar fuerzas y renovación.

La tendencia fácil nos lleva a pensar que los liderazgos deben coincidir con quienes detentan autoridad, dejando fuera de su responsabilidad bautismal a las grandes mayorías.

Una eclesiología de comunión y participación es implicativa y no entiende de jerarquías. Todos estamos llamados a ser “buenos pastores”, responsables, creativos, promotores de “vida en abundancia”.

A ello nos invita el último Capítulo General: “La dimensión evangelizadora de la misión es el eje transversal que nos define y da sentido a la hospitalidad que juntos, como comunidad hospitalaria, hemos de continuar en el tiempo.” (Cap III, 1)   

 

 MARTES, 14 de Mayo (Juan 15, 9-17)

“Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros.”

La alegría de la que nos hablan los evangelios es profunda, serena, con manifestaciones acordes con esa profundidad que nace de la certeza de sentirnos acompañados por un Dios vivo, cercano y compañero infatigable de camino.

Las circunstancias socio-económicas y políticas, así como el contexto internacional de violencia, por el que atravesamos, pueden golpearnos de modo que esa alegría expansiva que se traduce en dinamismo y creatividad, en apuesta cierta por un futuro mejor, se vaya difuminando en nuestra vida.

Jesús y el Padre están a nuestro lado. Es motivo suficiente para hacer de la alegría un antídoto ante la desesperanza /o el desánimo.

No se trata de un enajenamiento ante la dureza de la realidad. Se trata de expandir el amor del Padre desde nuestro compromiso. ¿Cómo hago visible el amor del Padre?

 

MIÉRCOLES, 15 de Mayo  (Juan 12, 44-50)                             

“No he venido para juzgar al mundo, sino para salvarlo.”

La experiencia cotidiana de las debilidades propias y las de quienes nos rodean nos colocan frente a la alternativa del juicio o la misericordia.

El juicio puede generar indignación, rechazo, incomprensión. La misericordia nos devuelve la paz, la capacidad de encuentro con el otro, sin quitarnos la conciencia moral.

Esta llamada nos remite a una de las actitudes básicas que debemos tener en la relación con los demás: la aceptación incondicional desde la consideración positiva de la persona.  ¡Cuántas biografías destrozadas nos encontramos a diario dentro del mundo del sufrimiento , justamente porque se sienten condenadas por su entorno afectivo más inmediato!

 

 JUEVES, 16 de Mayo (Juan 13, 16-20)

 “El que compartía mi pan, me ha traicionado.”

La traición, aún al interno de quienes nos proclamamos seguidores de Jesús, está presente hoy como lo estuvo en la primera hora.

En este mismo pasaje del evangelio, Jesús nos invita a “lavar los pies” para quitar y quitarnos las impurezas del camino. No se trata de hacer polvareda sino de implicarnos en la limpieza.

La crítica fácil, el dedo acusador, la falta de comprensión no pueden ganarnos la partida… al reflexionar y orar este texto evangélico, reforcemos la convicción y las actitudes de cercanía y comprensión.

 

VIERNES, 17 de Mayo  (Juan 14, 1-6)

“Yo soy el camino, la verdad y la vida.”

Lo hemos leído y reflexionado cientos de veces, pero en cada recodo de nuestra vida la llamada tiene un color, una insistencia, una luz particular.

Todos vivimos momentos marcados por la incertidumbre y, en ocasiones, por la angustia que de ella se deriva. También en esas situaciones, Jesús continúa presentándose como camino, verdad y vida. De nosotros depende buscarlo e integrarlo en el diario vivir, o perderemos el rumbo.

Un cristiano no puede jamás afirmar que no sabe qué hacer ni hacia dónde ir. Aún en la desolación más profunda Jesús se nos presenta como respuesta. Una respuesta que, en definitiva, es abandono en los brazos del Padre.

 

 SÁBADO, 18 de Mayo (Juan 14, 7-14)

“El que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores.”

De pequeños nos enseñaron que si pedimos algo en la oración y no se cumple es porque Dios sabe que, en realidad, no nos conviene. ¡Vaya faena!

¿Cómo va a convenir tanta desolación, tantas injusticias, tanto dolor…?

Algo no encaja… o sí… porque dice Jesús: “El que cree en mí, también hará las obras que yo hago”. O sea que Jesús sigue actuando en sus seguidores.

Entonces la pregunta y el desconcierto se transforman en invitación al compromiso. ¿Cómo hacer posible el milagro del bien y la verdad a nuestro alrededor?

La presencia amorosa de Dios en nuestras vidas no anula sino acicatea nuestra capacidad de entrega, de ser constructores de todo el bien que deseamos.

En este sábado del Mes de María, Nuestra Madre, contemplemos su disponibilidad a “salir de prisa” para acompañar, sostener, consolar, cuidar… a quien lo necesita.