SÉPTIMA SEMANA DE PASCUA: 2 al 8 de Junio de 2019

 

DOMINGO, 2 de Junio (Lucas 24, 46-53)                                               ASCENSIÓN DEL SEÑOR     

“Se volvieron a Jerusalén con gran alegría.”

Los discípulos acababan de presenciar la ascensión del Señor.  Ya no le verían, pero contaban con la certeza de una tarea y una promesa: “Seréis mis testigos… os enviaré mi Espíritu.”

Fueron días muy intensos, desde la entrada triunfal a Jerusalén, pasando por la muerte en cruz y las apariciones después de la resurrección. El Señor les reafirma en su misión y en su presencia por el Espíritu.

¡Cuánta necesidad tenemos de reencontrarnos con esa experiencia fundante de la misión de todo bautizado! Somos llamados a ser testigos en un contexto marcado por tantas incertidumbres como las que acompañaron a los primeros discípulos.

El Señor nos repite lo mismo: “Estoy contigo, cuenta con mi Espíritu.” Quizá necesitamos reunirnos más, compartir más, orar más… como lo hicieron los apóstoles en Jerusalén.

El Espíritu nos lo enseñará todo. Sostengamos la ilusión, la esperanza, la certeza de no estar solos. Volvamos a “nuestra Jerusalén”, con alegría, a descubrir en qué consiste ser hoy testigos del Resucitado..

 

LUNES, 3 de Junio  (Juan 16, 29-33)

 “En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo.”

Antes de partir Jesús reitera machaconamente el mismo mensaje: la debilidad os acompañará pero tened confianza, yo estaré con vosotros, os enviaré mi Espíritu.

Solemos lamentar la divergencia entre una evangelización  proclamada y aquella que muestra su peor versión en las incoherencias que a todos nos acompañan.

Es preciso reconocernos pequeños ante el desafío, tener valor para asumir nuestra verdad y recordar la promesa del Señor. Él continúa confiando en nosotros, está con nosotros, nos da su paz, nos envía su Espíritu.

Ninguna pretendida perfección tiene sentido. Somos caminantes y es preciso asumirlo con la paz de quien, sabiéndose débil, no se centra en los tropiezos, sino que una y mil veces vuelve sobre la senda que conduce a la meta.

 

MARTES, 4 de Junio  (Juan 17, 1-11a)

  “Te ruego por ellos…”

El Evangelio de hoy nos presenta una preciosa oración de Jesús al Padre.  En ella nos sentimos invitados a hacer como El: dialogar sobre nuestra vida con el Padre.

Dialogar desde lo cotidiano, leer con el Padre nuestra biografía en clave evangélica, abriéndonos a todo lo que ocurre a nuestro alrededor. En especial, a lo que sucede en aquellos con quienes nos relacionamos día a día.

Hacer de la oración un discurrir sereno sobre la propia vida y la de los demás para, finalmente, abandonarnos y ponerlos en el corazón del Padre.

Convertir la oración una tertulia amigable y serena, más que la secuenciación de textos prefabricados o ritos más o menos impactantes o gratificantes.

 

 MIÉRCOLES, 5 de Junio  (Juan, 17, 11b-19)

 “Yo les he dado tu Palabra.”

La Palabra es la mejor herencia que deja el Señor a sus discípulos. En ella y por ella prolonga su magisterio.

No hay espiritualidad evangélica posible sin un acercamiento frecuente, y en lo posible cotidiano, con la Palabra. Todos los carismas encuentran en ella su fuente, su presente y su futuro.

De ahí la importancia de cultivar una espiritualidad enraizada en el conocimiento y la praxis de la Palabra. De lo contrario perderemos, irremediablemente, la esencia y el sentido último de nuestra existencia.

 

 JUEVES, 6 de Junio (Juan 17, 20-26)

“Que el amor que me tenías esté con ellos, como también yo estoy con ellos.”

El Dios de los evangelios se define en el amor y por tanto es un Dios comunidad que genera comunidad y se revela en la comunidad. El discipulado no se construye desde una pretendida fe “personal”.

Esta visión dista bastante de la praxis espiritual y religiosa en la que quizá muchos hemos sido formados y a la que la cultura actual, marcada por el individualismo, nos convoca.

La revitalización del carisma necesita liderazgos, ciertamente, pero sólo desde la promoción y acompañamiento de un fuerte sentido de comunidad será posible recrear la misión encomendada.

 

VIERNES, 7 de Junio  (Juan 21, 15-19)

“Señor, tú conoces todo, tú sabes que te amo.”

La respuesta de Pedro se ha convertido en inspiración y referente de toda espiritualidad del seguimiento: “Tú lo sabes todo”.

No hace falta entrar en detalles, no hace falta remarcar la triste experiencia de la traición. Basta con reafirmar, de corazón, la firme opción por retomar la andadura.

Debemos reconocernos en estas inconsistencias y, como Pedro, repetir con sencillez, “Señor, tú lo sabes todo.”  Sabes de nuestras luchas y dudas, de nuestros múltiples errores, pero también sabes que te amamos, que eres el referente central en la construcción de nuestros proyectos de vida.

 

SÁBADO, 8 de Junio (Juan 21, 20-25)

“Señor, ¿y qué hay de éste?”

Juan afirma que no todo lo que dijo e hizo Jesús consta en los evangelios.  La narrativa está en función de un mensaje y no al revés.

Encuentro en esta reflexión de Juan una llamada a la discreción, a la mesura, a cierto pudor, a saber transmitir lo necesario, no más, ni menos. Tampoco a pretender saber más de lo que realmente es preciso o necesario.

En la era de la comunicación en la que todo y todos corremos el riesgo de obligarnos a estar presentes en una especie de escaparate social, el cuidado por la intimidad y hasta el silencio deberían ser reivindicados como valores evangélicos.