XIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO: 30 de Junio al 6 de Julio de 2019

 DOMINGO, 30 de Junio (Lucas 9, 51-62)                       

“No lo recibieron… se marcharon a otra aldea.”

Saber disimular la ofensa recibida, saber “marcharse a otra aldea”, implica contar con una fuerte personalidad. No es signo de debilidad, sino de ecuanimidad, de sano equilibrio emocional.

El menosprecio de algún compañero, la crítica injustificada, el olvido o el vacío aparecen puntualmente en nuestras vidas. ¿Sabemos procesar sanamente esas agresiones o preferimos alimentar el victimismo o el revanchismo?

La serenidad y ecuanimidad de quienes se mantienen en paz a pesar de las agresiones constituye un testimonio de primer orden de cara a la construcción del espíritu de familia, de fraternidad, de paz…

 

 LUNES 1 de Julio   (Mateo 8, 18-22)

“Tú, sígueme…”

Para ser discípulos debemos poner en su justo lugar tanto los bienes materiales como los afectos. Ni unos ni otros deberían distorsionar nuestra capacidad de fidelidad al proyecto de vida que nos ofrece Jesús de Nazaret.

Sin duda es un tema que exige un constante discernimiento y “puesta a punto”, cualquiera sea nuestra opción vocacional.

La vida consagrada canaliza su respuesta a través de los votos vividos en comunidad. Los seglares debemos encontrar formas adaptadas al proyecto de vida que hayamos escogido. La radicalidad en el seguimiento es fruto de la común vocación nacida del bautismo. No es algo excepcional, para curas y monjas…

Posiblemente esa visión de “especial vocación”, aplicada hasta el presente en algunas teologías de la vida consagrada, haya terminado por socavar la radicalidad evangélica de la vocación cristiana, creando seguidores “de primera y de segunda”…

 

MARTES 2 de Julio  (Mateo 8, 23-27)

En el reproche a los suyos Jesús establece una estrecha relación entre la cobardía y la falta de fe. Como si la fe fuera la fuente necesaria para afrontar con valor las circunstancias adversas de la vida.

Está claro que no nos referimos al “fideísmo” que empequeñece y enajena al creyente sino de esa fe con mayúsculas que nos devuelve todo el protagonismo al tiempo que llena de esperanza nuestras luchas.

Creemos en un Dios cercano, al que en ocasiones percibimos como dormido a nuestro lado, que nos invita a ser valientes en la fe. Cuando las circunstancias parecen negarnos los sueños y las intuiciones más auténticas, entonces es preciso redoblar el empeño. Para que ello sea posible es preciso reafirmarnos en nuestro credo.

 

MIÉRCOLES 3 de Julio (Juan 20, 24-29)

 “Si no meto mi dedo en la señal dejada por los clavos y mi mano en la herida del costado, no lo creeré.”

El acercamiento a la figura de Santo Tomás, nos remite al conflicto existente en el mundo sanitario entre el positivismo biológico y la dimensión espiritual de la persona.

El positivismo hunde sus raíces en el racionalismo y en el método experimental. Existe lo susceptible al análisis científico de hechos verificados por la experiencia.

La figura de Tomás, el apóstol que todo lo quiso comprobar, nos invita  a reconocer, asumir y proteger la intangibilidad del misterio y su radical influencia en la salud integral de la persona.

 

JUEVES 4 de Julio (Mateo 9, 1-8)

“Levántate y anda.”

El Evangelio de hoy nos presenta el concepto integral de salud de Jesús de Nazaret. En la curación del paralítico aparecen profundamente integradas las dimensiones biológica (levántate), psicológica (toma tu camilla), social (vete a tu casa) y espiritual (ánimo, tus pecados te son perdonados).

Ante el escándalo que provocaba entre los escribas la acción curativa en el ámbito espiritual Jesús reafirma, con la curación biológica, su capacidad para atender todas las dimensiones del ser humano. Estamos ante un texto profundamente significativo para la vivencia de nuestra misión.

¿Podemos revisar nuestras actuaciones asistenciales desde este enfoque evangélico y carismático? Sin duda debemos hacerlo.

 

 

VIERNES 5 de Julio  (Mateo 9, 9-13)

“¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?”

Cualesquiera sean las pobrezas de aquellos con los que nos relacionamos, siempre serán dignos, como personas, de respeto y confianza. El mismo respeto y confianza practicado por Jesús con la Samaritana, con María Magdalena, con publicanos y pecadores como Mateo, con el buen ladrón…

Para ellos, esa actitud de aceptación incondicional, fue el inicio de una nueva vida.

Sólo quien se siente amado es capaz de reconocerse y cambiar. Estamos ante un nuevo paradigma relacional, facilitador en la construcción cotidiana de la fraternidad y con profunda significación terapéutica.

           

SÁBADO  6 de Julio (Mateo 9, 14-17)

“Nadie echa un remiendo nuevo sin remojar a un manto pasado…”

La alternativa está clara: o somos odres nuevos para acoger el vino nuevo del Espíritu sin “reventar”, o bien, identificándonos con los odres viejos, acogemos los remiendos “remojados” y aceptamos el proceso de ir adaptándonos, haciendo posible la acomodación entre lo nuevo y lo viejo.

Quizás ambas “velocidades” sean necesarias en el proceso de fidelidad al plan de Dios en nuestras vidas. Quizás haya llamadas que comprendamos y nos entusiasmen al tiempo que otras que no entendamos ni deseemos asumir, que reclamen más tiempos, “más remojo”…

El Señor acepta lo nuevo y lo viejo que hay en nosotros y nos invita a caminar.