XXIV SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO: 15 al 21 de Septiembre de 2019

DOMINGO 15 de Septiembre  (Lucas 15, 1-32)

“El Padre le vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello…”

En estos tiempos en los que el perdón parece no tener lugar y en el que se impone la condena sin paliativos, el desprecio, el desprestigio… la Palabra nos presenta el rostro de un Dios que es MISERICORDIA.

La parábola del hijo pródigo nos permite confrontarnos con diversos personajes. Quisiera centrarme en el padre y su forma de perdonar.

Hacerlo de este modo implica salir en búsqueda de quien me ha ofendido, verle en su realidad, conmoverme ante su debilidad, acortar los tiempos del encuentro, estrechar distancias, demostrarle afecto…

Se trata de ser facilitadores del perdón, desde la conciencia de que no siempre es sencillo perdonar. Es don y también es tarea.

El Padre de la parábola nos señala un itinerario que puede iluminar el siempre difícil proceso del perdón y de la reconciliación. El Papa Francisco nos recuerda que el perdón es la forma más exigente del amor.

 

 LUNES 16 de Septiembre  (Lucas 7, 1-10)

“Señor, no soy digno de que vengas a mi casa, pero di una palabra y mi criado sanará.”

Quisiera detenerme en la importancia de la intercesión, en la necesidad de presentar nuestros enfermos para que Jesús les acompañe. Me pregunto si esta actitud es frecuente entre nosotros o si más bien la rutina terapéutica nos hace olvidar que el Dios de Jesús de Nazaret es un Dios cercano y comprometido con el que sufre.

¿Oramos suficientemente por las personas enfermas que nos han sido encomendadas? La premisa es la misma que la vivida por el centurión: estimar, querer mucho a nuestros enfermos. Si la persona enferma pasa a ser uno más a quien aplicar el protocolo correspondiente, difícilmente llegaremos a preocuparnos por cómo se sienten, qué anhelan, qué temen, qué más podemos hacer por ellos…

Podemos decir que el centurión tenía “alma hospitalaria”. Había acogido a su criado, le había dado un lugar importante en su corazón, en sus afectos y por eso se preocupó sobremanera cuando enfermó.

Recojamos hoy la llamada a ser intercesores e intercesoras ante el Señor por la salud de quienes tanto queremos: las personas con diversas dolencias que acuden a nuestros centros.

  

MARTES 17 de Septiembre  (Lucas 7, 11-17)

“Se acercó al ataúd, lo tocó y dijo…”

La narrativa de la resurrección del hijo de la viuda de Naín nos confronta con elementos significativos del itinerario de la pastoral de la salud: saber ver al necesitado,  sensibilizarnos, detenernos, tocar, implicarnos, correr riesgos, contar con el otro, integrarlo… Podemos detenernos en el aspecto que más nos impacta.

El punto de partida consiste en ser capaces de ir más allá de la norma cuando está en juego el bien de las personas. Una actitud que puede resultar incómoda porque se convierte en una denuncia testimonial ante la pasividad o el retraimiento en la vivencia de nuestra misión.

 

MIÉRCOLES 18 de Septiembre  (Lucas 7, 31-35)

 “Tocamos la flauta y no bailasteis, tocamos canciones tristes y no llorasteis.”

El “estar en contra”, parece ser una actitud ancestral, alimentada por las más diversas inconsistencias de la personalidad.

Algo de esto ocurría con los contemporáneos de Jesús que rechazaban su persona y sus obras. En toda ocasión debían criticarlo: si comía lo tildaban de glotón, si no comía lo consideraban poseído por un demonio.

Para construir una dinámica comunitaria sana es preciso estar atentos a estos mecanismos. La crítica gratuita, la desautorización, la interpretación tendenciosa, la oposición más visceral que racional, conforman dinámicas de destrucción de la fraternidad, del amor fraterno.

Desde la serenidad que da el sentirnos en “la sabiduría de Dios”, es decir, bajo su compasiva mirada, debemos ser capaces de superar los círculos perversos de la desautorización recíproca. Ello sólo es posible desde la fortaleza del Amor.

  

JUEVES 19 de Septiembre  (Lucas 7, 36-50)

 “…entrando en casa del fariseo se recostó a la mesa”

Jesús entra en la casa de un fariseo, acepta su invitación, come con él, su familia y amigos. No parece “políticamente correcto” el mantener unas relaciones tan fraternas con quienes le denigraban y perseguían.

Pero Jesús no vino a condenar sino a salvar… también a sus enemigos declarados…  Se trata de una postura cargada de mansedumbre, ecuanimidad, apertura, sencillez, aceptación incondicional…

Aun sabiendo que sus enemigos socio-religiosos difícilmente cambiarían de posturas, Jesús no rompe relaciones, Jesús construye puentes…  Encuentro aquí una llamada de gran actualidad. Vivimos en una sociedad plural. Convivimos con personas que piensan, sienten, viven desde parámetros no necesariamente iguales a los nuestros y, en no pocas ocasiones, opuestos a los nuestros.

Jesús nos invita hoy a esa gran apertura que, por otro lado, debe ser un elemento característico de todo “corazón Hospitalario”. Acoger al diferente, “sentarnos a su mesa” sin por eso renunciar a nuestro modo de ser.

  

VIERNES 20 de Septiembre (Lucas 8, 1-3)

“Le acompañaban los Doce y algunas mujeres…”

Jesús integró entre sus seguidores a un grupo significativo de mujeres que colaboraban eficazmente en el desarrollo de la misión.  Fue un paso provocativo y anticultural orientado a una nueva propuesta de relación entre el hombre y la mujer.

A pesar de ello, tanto la reflexión como la vivencia eclesial de esa igualdad esencial, ha sido empobrecedora y contradictoria.

El Evangelio nos invita a reflexionar sobre el lugar de la mujer en la Iglesia. Se trata de un aspecto a profundizar en sus vertientes de vida consagrada y laical.

El Papa Francisco, desde una mirada al Jesús de los Evangelios, afirma: “En la Iglesia hay que pensar en la mujer en esta perspectiva de decisiones arriesgadas, pero como mujer. Creo que todavía no hemos hecho una profunda teología de la mujer en la Iglesia. Sólo un poco de esto y de lo otro: lee la lectura, mujeres monaguillo, es la presidenta de Cáritas…Pero hay más. Hay que hacer una profunda Teología de la mujer».

 

 SÁBADO 21 de Septiembre  (Mateo 9, 9-13)              SAN MATEO, APÓSTOL Y EVANGELISTA

“¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?”

Cualesquiera sean las pobrezas de aquellos con los que nos relacionamos, siempre serán dignos, como personas, de respeto y confianza. El mismo respeto y confianza practicado por Jesús con la Samaritana, con María Magdalena, con publicanos y pecadores como Mateo, con el buen ladrón…

Para ellos, esa actitud de aceptación incondicional, fue el inicio de una nueva vida.

Sólo quien se siente amado es capaz de reconocerse y cambiar. Estamos ante un nuevo paradigma relacional, facilitador en la construcción cotidiana de la fraternidad, con profunda significación terapéutica.

No podemos hacer camino de comunidad Hospitalaria sin confiar en las posibilidades del otro. La apertura, la confianza mutua nos permite avanzar y sacar lo mejor de nosotros y de los demás.