XXIII SEMANA TIEMPO ORDINARIO: 6 al 12 de septiembre de 2020

DOMINGO 6 de Septiembre  (Mateo 18, 15-20)

 “Si te ofende… habla con él a solas.”

Qué difícil se nos hace perdonar, disimular los errores de aquellos con quienes convivimos, apostar por la corrección fraterna y no por la crítica que destruye. El Señor hoy nos invita a revisar nuestro modo de actuar ante las ofensas. Un modo que tiene como referente el amor misericordioso de Dios hacia cada uno de nosotros.

Sólo desde la experiencia de ser gratuitamente perdonados seremos capaces de perdonar y  perdonarnos. Sin esta perspectiva de misericordia nos volvemos incapaces de crear espacios de comprensión y damos lugar a las tensiones personales y comunitarias que tanto daño nos hacen.

Sentirnos perdonados y proyectar la bondad recibida en los demás es una experiencia fundamental en la vida fraterna, familiar, laboral…

No siempre seremos capaces de hacerlo… ¡en cuántas ocasiones nos dominan la rabia, el desaliento, el dolor de la ofensa!

Sin duda el perdón, con todas sus exigencias es la forma más alta del amor. Reclama madurez, capacidad para entendernos en nuestros límites, deseos sinceros de superar los conflictos naturales que surgen en toda relación humana. Lo importante no será hacerlo siempre bien… sino ser capaces de reconocernos en las limitaciones y retomar la andadura evangélica cuantas veces sea necesario. Perdonarnos y perdonar setenta veces siete…

 

 LUNES 7 de Septiembre  (Lucas 6, 6-11)

 “…dijo al hombre de brazo paralítico: Levántate y ponte ahí en medio”

En un mundo donde el dolor es disimulado, escondido, olvidado… es preciso que alguien las ponga en evidencia para que esa presencia nos cuestione.

Jesús, al poner de pie a aquel paralítico delante de la gente, nos propone romper con la inercia de la indiferencia y dejarnos tocar por el dolor del otro.

Necesitamos que haya quienes sepan “poner de pie”, ante nuestros ojos a quienes conforman la razón de ser de nuestra misión como agentes de pastoral de la salud.

No hay camino samaritano sin ver al otro, sin descubrir a quien está tirado al borde del camino. Curiosamente, en medio de la cultura de la comunicación, donde todo se lleva a la imagen, coexiste la actitud del no querer ver. Saturados de imágenes llegamos a insensibilizarnos, como forma de protegernos. Porque el ver, es comprometedor… ¿Somos capaces de volvernos vulnerables ante tantos “paralíticos” que nos rodean? ¿Somos capaces de ponerlos en pie, de hacerlos visibles, de luchar contra la hipocresía del “no ver”?

 

 

MARTES 8 de Septiembre   (Mateo 1, 1-16.18-23)                        NATIVIDAD DE LA VIRGEN MARÍA

 “Y María fue la madre de Jesús, que es el Mesías.”

La misión eclesial tiene una dimensión mariana innegable.

La Natividad nos recuerda que Dios hace maravillas en la sencillez de nuestra cotidianeidad. Que quiere contar con nosotros para hacerse presente en el mundo del dolor. Que sólo reclama disponibilidad, sencillez, apertura, entrega… y todo lo demás nos será dado de manera sorprendente y abundante.

Es la mística de lo pequeño y de la disponibilidad. María es referente. Inspira un modo de ser para el agente de pastoral de la salud. Al celebrar su nacimiento contemplamos el caminar de Dios en la criatura. Un Dios que quiere renacer en cada uno de los discípulos del Hijo. Por eso estamos llamados a “ser María”… a renacer para transparentar al Hijo.

 

  

MIÉRCOLES 9 de Septiembre  (Lucas 6, 20-26)

 “Dichosos los que ahora lloráis…”

Las bienaventuranzas constituyen la mejor síntesis de los evangelios.

La pobreza, el hambre, el dolor, la persecución, definitivamente no son bienes. Son males en sí mismos. Por lo tanto, no nos confundamos. No se trata de proclamar que la fuente de la felicidad está en la pobreza, el hambre, el dolor, la persecución… sino que cuando estas realidades se hacen presentes en la vida del discípulo en razón de su fidelidad, Dios mismo le acompaña con la paz,  la serenidad y la alegría.

Nos toca luchar contra todo lo que deshumanice, buscar el progreso de los pueblos y de las personas, siendo conscientes que nuestra aportación no terminará resolviendo las limitaciones que nos acompañan. El dolor, la pobreza, el hambre, la persecución en sus formas más diversas continuará como la paja que crece con el trigo…

Pero tenemos una esperanza que es de plenitud. Una plenitud que debemos apurar desde el compromiso humanizador de cada día.

 

 

JUEVES 10 de Septiembre  (Lucas 6, 27-38)

“Con la medida que midáis se os medirá.”

El pueblo hebreo había crecido rodeado de otros pueblos que les perseguían y sometían periódicamente. Durante siglos habían cultivado el desprecio a todo aquello que no fuera de su misma raza y religión.

Es más, esta dinámica de rechazo al diferente, se había asentado en las relaciones interpersonales y estaba consagrada por la Ley del Talión que proponía la “venganza justa”.

Jesús de Nazaret cambia el principio de reciprocidad por el de la asimetría de la misericordia. La fuerza cuestionadora de semejante propuesta mantiene la vigencia del primer día. El dilema humano de dejarnos guiar por las filias y las fobias continúa tan presente para nosotros como para los contemporáneos del Señor.

¡Cuánto nos cuesta la gratuidad del amor! Aún en contextos cargados de humanidad y evangelio se filtran dinámicas pautadas por las simpatías y antipatías. De este modo en nuestras comunidades se forman círculos en los que, de forma más o menos explícita, unos son aceptados y otros excluidos.

Se necesita mucha madurez – psicológica, emocional, espiritual – para acoger a quien nos rechaza. No se trata de negar los sentimientos o las razones que nos acercan o distancian de las personas. Se trata de asumir que el otro merece nuestro respeto y nuestro amor gratuito de la misma manera que somos gratuitamente amados. Nadie que no se sienta profunda e incondicionalmente amado puede dar este salto de amor asimétrico.

 

VIERNES 11 de Septiembre  (Lucas 6, 39-42)

“Sácate la viga de tu ojo…”

La hipocresía daña profundamente las relaciones interpersonales. ¡Qué difícil se nos hace reconocer en nosotros lo que condenamos en los demás!

El evangelio nos invita a optar por la sinceridad, la transparencia, la delicadeza en el trato, la humildad.

En relación con los demás, recordar la vieja regla de oro: “Si no tienes nada bueno que decir de tu prójimo, no digas nada.”   Sin duda el espíritu de familia que debe cualificar toda tarea eclesial crecerá desde estas opciones.

 

 

SÁBADO 12 de Septiembre  (Lucas 6, 43-49)

“No hay árbol bueno que dé mal fruto…”

Para Jesús, lo ético no está vinculado al cumplimiento de las normas sino a la bondad objetiva de lo que hacemos o dejamos de hacer. Los frutos.

Para una religiosidad que había involucionado hacia el detallismo normativo, la propuesta significa una bocanada de aire fresco y de libertad.

Incorporar estas enseñanzas significa vivir el proceso de fidelidad con una gran apertura a la novedad del Espíritu. La referencia es la Palabra. Una Palabra escuchada y hecha vida. Una Palabra que continúe siendo fundamento de identidad, hoy como ayer y siempre.