XXIV SEMANA TIEMPO ORDINARIO: 13 al 19 de setiembre de 2020

DOMINGO 13 de Septiembre  (Mateo 18, 21-35)

 “¿Cuántas veces he de perdonar a mi hermano?

El perdón constituye una dimensión básica en nuestras vidas. Da respuesta a los desequilibrios que normalmente se dan en las relaciones interpersonales.

Perdonar puede implicar un largo recorrido de objetivación y ascesis personal. Ver con serenidad la verdad, reconocer las inconsistencias que están detrás de nuestros sentimientos de ofensa, de ira, de venganza; comprendernos en el dolor y comprender al otro en sus propios procesos, aceptarlo, dejarnos sanar, asumir el lento camino de reconciliación del corazón.

El perdón es uno de los rostros que tiene la misericordia, actitud y valor central en la vivencia de nuestra fe.

El Papa Francisco, en Amore e Laitizia afirma: “(El perdón) se fundamenta en una actitud positiva, que intenta comprender la debilidad ajena y trata de buscarle excusas a la otra persona, como Jesús cuando dijo: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34). Pero la tendencia suele ser la de buscar más y más culpas, la de imaginar más y más maldad, la de suponer todo tipo de malas intenciones, y así el rencor va creciendo y se arraiga.”

De ahí que no haya otra forma para romper el círculo perverso del rencor que creando el círculo benéfico del perdón. Y para ello hay que perdonar, siempre.

 

 LUNES 14 de Septiembre  (Juan 3, 13-17)                                  EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ

“Para que el mundo se salve”.

La de hoy es una celebración “anticultural”. Lo era en tiempos de San Pablo. ¡Un escándalo! Así también es vista la cruz en nuestros días.

No es posible vivir la acogida incondicional y el servicio a personas marcadas por el dolor psíquico, sin aceptar las renuncias que ello conlleva. La cruz, desde su profundidad evangélica, es escuela de servicio.

¿Cómo hacer para que la experiencia de la cruz sea fuente de fortaleza y no termine desmotivando el compromiso?

Formación en la espiritualidad y acompañamiento parecen ser dos claves necesarias. ¿Estamos en ello? ¿Suficientemente?

 

 

MARTES 15 de Septiembre  (Juan 19, 25-27)                       NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES

 “Junto a la cruz de Jesús estaba su madre…”

La fiesta de Nuestra Señora de los Dolores nos ubica, con María, al pie de la cruz de su hijo. Ese hijo que perpetúa su presencia en los pobres, los sencillos, los sufrientes…

Y allí nos encontramos nosotros, llamados desde la misión de agentes de pastoral de la salud a “ser como sus madres”, contemplando en María el perfil más certero de aquello que estamos llamados a ser.

Como “sanadores heridos” la necesitamos cercana a nuestras cruces, al tiempo que nos sentimos llamados a estar presentes, como ella, junto a las personas que acompañamos.

María, ven con nosotros al caminar.

 

 

MIÉRCOLES 16 de Septiembre  (Lucas 7, 31-35)

 “Tocamos la flauta y no bailasteis, tocamos canciones tristes y no llorasteis.”

El “estar en contra”, parece ser una actitud ancestral, alimentada por las más diversas inconsistencias de la personalidad.

Algo de esto ocurría con los contemporáneos de Jesús que rechazaban su persona y sus obras. En toda ocasión debían criticarlo: si comía lo tildaban de glotón, si no comía lo consideraban poseído por un demonio.

Para construir una dinámica comunitaria sana es preciso estar atentos a estos mecanismos. La crítica gratuita, la desautorización, la interpretación tendenciosa, la oposición más visceral que racional, conforman dinámicas de destrucción de la fraternidad, del amor fraterno.

Desde la serenidad que da el sentirnos en “la sabiduría de Dios”, es decir, bajo su compasiva mirada, debemos ser capaces de superar los círculos perversos de la desautorización recíproca. Ello sólo es posible desde la fortaleza del Amor.

 

  

JUEVES 17 de Septiembre  (Lucas 7, 36-50)

 “…entrando en casa del fariseo se recostó a la mesa”

Jesús entra en la casa de un fariseo, acepta su invitación, come con él, su familia y amigos. No parece “políticamente correcto” el mantener unas relaciones tan fraternas con quienes le denigraban y perseguían.

Pero Jesús no vino a condenar sino a salvar… también a sus enemigos declarados…  Se trata de una postura cargada de mansedumbre, ecuanimidad, apertura, sencillez, aceptación incondicional…

Aun sabiendo que sus enemigos socio-religiosos difícilmente cambiarían de posturas, Jesús no rompe relaciones, Jesús construye puentes…  Encuentro aquí una llamada de gran actualidad. Vivimos en una sociedad plural. Convivimos con personas que piensan, sienten, viven desde parámetros no necesariamente iguales a los nuestros y, en no pocas ocasiones, opuestos a los nuestros.

Jesús nos invita hoy a esa gran apertura que, por otro lado, debe ser un elemento característico de todo “corazón Hospitalario”. Acoger al diferente, “sentarnos a su mesa” sin por eso renunciar a nuestro modo de ser.

 

 

VIERNES 18 de Septiembre  (Lucas 8, 1-13)

“Entre ellos estaba María (…) también Juana (…) y Susana.”

Jesús integró entre sus seguidores a un grupo significativo de mujeres que colaboraban eficazmente en el desarrollo de la misión.  Fue un paso provocativo y anticultural orientado a una nueva propuesta de relación entre el hombre y la mujer.

A pesar de ello, tanto la reflexión como la vivencia eclesial de esa igualdad esencial, ha sido empobrecedora y contradictoria.

El Evangelio nos invita a reflexionar sobre el lugar de la mujer en la misión  eclesial.  Se trata de un aspecto identitario a profundizar en sus vertientes de vida consagrada y laical.

¿ La fuente evangélica no entiende de sexos. Hoy, varones y mujeres lo compartimos y hacemos de la misión un espacio de evangelio.

Sin embargo hace falta hacer mucho camino para que la igualdad, como criterio de respeto y promoción de la singularidad,  sea real.

 

SÁBADO 19 de Septiembre  (Lucas 8, 4-15)

“… oyen el mensaje, y lo guardan, y permaneciendo firmes dan una buena cosecha.”

La parábola del sembrador se reitera a lo largo del año litúrgico, evidenciando la importancia que tiene el valorar nuestras actitudes personales y comunitarias ante la Palabra.

Nos recuerda que el hecho de entrar en contacto con ella no garantiza fruto alguno. La agresividad del contexto socio-cultural, la falta de profundidad vital, el acoger intereses incompatibles con el seguimiento de Jesús, minan nuestras buenas intenciones e impiden que la Palabra genere y afiance en nosotros una vida en clave de evangelio.

¿Cómo volver fértil nuestra tierra para acoger la Palabra y dar “permaneciendo firmes”? Nuestra cultura se distingue por lo provisorio, lo inmediato, lo pasajero…  Permanecer firmes en la Palabra, sostener su inspiración en nuestra conducta cotidiana implica superar esta tendencia a “vivir el instante”, sin reconocernos en camino…