XXV SEMANA TIEMPO ORDINARIO: 20 al 26 de septiembre de 2020

DOMINGO 20 de Septiembre  (Mateo 20, 1-16)

 “Quiero darle a este último igual que a ti.

 ¡Vaya plan Señor! ¿Así que darás lo mismo al invitado de última hora que al que lo ha dado todo desde el amanecer? Es que estamos entre estos últimos y no hay derecho…

Definitivamente no entendemos tu concepto de justicia. Y no lo entenderemos hasta que no aceptemos que para ti, amor y justicia no se diferencian. Para ti lo justo es amar sin condiciones.

Y está bien que así sea Señor, porque nosotros no nos salvamos.  Nos salvas Tú. ¡Cuánto nos cuesta alejarnos de la teología del mérito!

Señor, tu amor-justicia me llena de esperanza. Sabes que, aunque soy de los de la primera hora, nada me diferencia de quienes te abrazan al final del camino. Dame un corazón grande como el tuyo.

 

LUNES 21 de Septiembre  (Mateo 9, 9-13)                           SAN MATEO, APÓSTOL Y EVANGELISTA

“¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?”

Cualesquiera sean las pobrezas de aquellos con los que nos relacionamos, siempre serán dignos, como personas, de respeto y confianza. El mismo respeto y confianza practicado por Jesús con la Samaritana, con María Magdalena, con publicanos y pecadores como Mateo o como el buen ladrón…

Para ellos, esa actitud de aceptación incondicional, fue el inicio de una nueva vida.

Sólo quien se siente amado es capaz de reconocerse en su debilidad y cambiar. Estamos ante un nuevo paradigma relacional, facilitador en la construcción cotidiana de la fraternidad y con profunda significación terapéutica.

No podemos hacer camino de comunidad eclesial sin confiar en las posibilidades del otro. La apertura, la confianza mutua nos permite avanzar y sacar lo mejor de nosotros y de los demás.

 

 

MARTES 22 de Septiembre  (Lucas 8, 19-21)

“Mi madre y mis hermanos son estos: los que escuchan la palabra de Dios y la ponen por obra.”

¿Qué lugar encuentra la escucha y la vivencia de la Palabra entre nosotros?

Nos preguntamos si no debemos hacer de la Palabra la fuente común en la que, al menos desde su antropología filosófica, toda la comunidad eclesial se nutra y se reconozca. En ella encontraremos los referentes para soñar y construir el presente y el futuro.

Desde sus fuentes la misión eclesial se nutre en la Palabra y es en ella que debemos encontrar los itinerarios para volverla actual y fecunda.

 

 MIÉRCOLES  23 de Septiembre  (Lucas 9, 1-6)

“Ellos se pusieron en camino y fueron de aldea en aldea, anunciando el Evangelio y curando en todas partes.”

El texto que hoy reflexionamos nos presenta el contenido de la misión apostólica: anunciar el Evangelio y curar a los enfermos. Hasta tres veces aparece el envío a curar, unido al de evangelizar. Podríamos decir que estamos ante uno de los textos que fundamentan el carisma del agente de pastoral de la salud, precisando que, desde la óptica cristiana, el curar implicar evangelizar y el evangelizar, curar.

En no pocas ocasiones institucionales se nos desdibuja esta unidad e intentamos separar lo terapéutico de lo evangelizador. Es más, la afirmación de que la evangelización aporta un apoyo terapéutico suele ser rechazada de forma tajante, generando una dicotomía que Jesucristo nunca vivió.  Si repasamos su vida y obra constataremos la profunda simbiosis que hay entre curación y sanación-salvación espiritual.

Es oportuno recordar lo que al respecto nos dice el Marco de Identidad: “La Institución, fiel a su tradición y valores,  desde el absoluto respeto a la dignidad de la persona, considera la atención integral a los asistidos un pilar fundamental del proceso terapéutico, en el que se incluye el derecho a la atención espiritual y religiosa. (MII, 46)

El evangelio que reflexionamos nos reafirma en la integración de “ciencia y caridad”, tal como lo expresaba nuestro santo Fundador.

 

 

JUEVES  24 de Septiembre  (Lucas 9, 7-9)

 “…buscaba verle.” 

Herodes tenía curiosidad por conocer a Jesús, el predicador nazareno que tanta expectativa despertaba entre el pueblo judío. Llegó a verlo… y lo utilizó como moneda de cambio para sanear sus relaciones con Pilatos.

Querer ver a Jesús y hasta llegar a verle no parece garantizar un cambio en nuestras vidas. Se necesita algo más, y ese algo más tiene que ver con opciones más profundas, que brotan desde el don de la fe y se expresan en la conformación de nuestras opciones a la luz de su mensaje y de su vida.

El mismo Jesús nos habló de su presencia en los pobres, los enfermos, los pequeños… Pero de poco nos sirve una convicción conceptual que no termina motivando y cualificando nuestro modo de vivir. Como Herodes podemos quedar fuera del misterio e ignorar la riqueza sacramental presente en cada uno de nuestros enfermos y enfermas o hacer de nuestra misión un encuentro cotidiano y transformador con el Cristo de los Evangelios.

 

 

VIERNES 25 de Septiembre (Lucas 9, 18-22)

“El Hijo del hombre tiene que padecer mucho… ser ejecutado y resucitar al tercer día.”

Jesús sufriente, muerto y resucitado se muestra como paradigma de nuestra propia biografía y de la de las personas que acompañamos en nuestros centros.

Sin la perspectiva de la resurrección pierde sentido el compromiso de estar y luchar por la salud integral de cada uno de ellos.

La dignidad absoluta de sus vidas radica en esta llamada a la plenitud en Dios. Como el Cristo de los Evangelios muchos entre ellos deben “sufrir mucho”  y este sufrimiento es un escándalo y un sin sentido si lo privamos de la llamada a compartir su resurrección.

 

 

SÁBADO 26 de Septiembre  (Lucas 9, 43b-45)

“Pero ellos no entendían este lenguaje…”

Jesús acababa de curar a un enfermo mental y, estando todos “maravillados por las cosas que hacía”, anuncia por segunda vez su pasión. Advirtiendo de este modo a quienes le seguían para que no se quedaran extasiados con los milagros y la consiguiente admiración popular. Vendrían tiempos de rechazo, traición y muerte.

Para sus discípulos era imposible captar el significado de semejante anuncio.  Aún lo es para nosotros, a pesar de contar con la perspectiva histórica del misterio pascual.

El misterio del dolor nos desorienta y sólo encuentra sentido si somos capaces de hacer el ejercicio creyente de releerlo a la luz de la resurrección.