VI SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO – COMIENZA EL TIEMPO DE CUAREMA

DOMINGO 14 de febrero (Marcos 1, 40-45)

 “Jesús tuvo compasión de él, le tocó con la mano y le dijo…”

Hemos intentado crear una cultura de espaldas al dolor de quienes nos rodean. La realidad que vivimos, marcada por la pandemia, nos ha arrojado a la cara nuestra vulnerabilidad personal y comunitaria. Sin embargo, aún ante esta realidad extrema hay quienes se esfuerzan por negarlo todo, por no reconocerse ni reconocer a los demás en la debilidad.

Como agentes de Pastoral de la Salud tenemos la preciosa oportunidad de comprometernos con quien sufre, con los “descartados” de nuestro tiempo.

Ellos, los ancianos, las personas con enfermedad mental, los moribundos, aquellos que visitamos en sus casas… son los marginados del sistema que nos suplican: “Si quieres, puedes limpiarme.”

Ante ellos debemos detenernos, ir a su encuentro, ser conscientes de su dolor, dejarnos conmover, actuar con delicadeza, iluminar sus vidas con nuestras palabras.

Estamos ante el itinerario samaritano que debe cualificar el trato cotidiano con los destinatarios de nuestra misión.

 

 

 LUNES 15 de febrero (Marcos 8, 11-13)

“Comenzaron a discutir con Jesús para tenderle una trampa.”

La dinámica de no querer ver, de tejer una maraña de falsas razones para huir de verdades incómodas forma parte de nuestra limitada condición. ¡Lo vemos día a día con los “negacionistas” de la pandemia! La única “razón” está en no hacer ningún cambio en sus vidas.

Para los fariseos, aceptar el anuncio y la persona de Jesús, implicaba romper con sus propias convicciones, reflejadas en un modo de vida segregacionista, y asumir un duro camino de transformación.

¿Qué llamadas de cambio nos está pidiendo hoy el desafío de vivir en clave de evangelios, nuestra misión? ¿No jugamos a hacernos trampas a nosotros mismos para no asumir el desafío del cambio de vida que nos pide día a día el Evangelio?

 

 MARTES 16 de febrero: (Marcos 8, 14-21)                          SE INTERRUMPE EL TIEMPO ORDINARIO

“¡Tenéis ojos pero no veis!”

¡Cuántas dificultades solemos tener para reconocer a Dios en nuestras vidas! En el proceso de búsqueda de la verdad solemos encontrarnos con elementos distorsionantes que no nos dejan “ver y oír”.

Temores por nuestras debilidades, intereses, afectos… hacen que lo transparencia de Dios termine no siendo reconocida.

El texto de Marcos nos da una clave fundamental para acercarnos con serenidad a la verdad, a nuestra realidad, y es la certeza de que nuestras debilidades. La conciencia de nuestras inconsistencias nos hace caer en la cuenta de que estamos en las manos de Dios.

Asumir en paz nuestras limitaciones nos evitará caer en complejos mecanismos de defensa.

 

 MIÉRCOLES 17 de febrero (Mateo 6, 1-6.16-18)                   COMIENZA EL TIEMPO DE CUARESMA

“… tu Padre que ve lo que haces en secreto…”

La cuaresma es una llamada a la interioridad, a quitarnos máscaras, a reconocernos peregrinos, necesitados de descanso, del agua fresca que nos reconforta, del diálogo sereno con los compañeros y compañeras de camino, de echar una mirada al horizonte para reconocer el camino recorrido y reorientar los próximos pasos.

Abrirnos a las necesidades de quienes nos rodean, controlar nuestros deseos de posesión y consumo desde la austeridad solidaria, darnos oportunidades para el encuentro sereno con Dios en la plegaria.  Todo un mapa de ruta para el tiempo que hoy recomenzamos.

 

 JUEVES 18 de febrero (Lucas 9, 22-25)

 “El que quiera seguirme, que cargue su cruz…”

Se trata de cargar la propia cruz. No hace falta salir a buscar cruces ajenas. Cada uno tiene la suya, marcada por circunstancias comunes y también específicas, únicas. Nadie puede llevar la cruz de otro. Podemos ayudar, podemos prestar apoyos, pero jamás remplazar ni quitar al otro el derecho a asumir su propia vida.

En el misterio del dolor debemos respetar el desafío de construcción de la persona que está sufriendo.

Está claro que no nos ubicamos en un planteamiento dolorista. Debemos luchar contra el dolor. Estamos hablando de la dimensión personal e inevitable del dolor que acompaña nuestra creaturidad, nuestra fragilidad intrínseca. Ese dolor, o lo asumimos desde una espiritualidad del abandono en el Padre, o nos destruye.

 

VIERNES 19 de febrero (Mateo 9, 14-15)

“Los fariseos ayunamos tantas veces…”

Si hacemos del ayuno un rito más y sólo con su cumplimiento nos sentimos “buenos”, estaremos entrando en la dinámica de un ritualismo compensatorio, poco menos que vano.

Quizás una buena manera de ayunar consista en acercarnos con mayor disponibilidad y alegría a las personas cuyo cuidado se nos ha confiado,  echar un cable al compañero y la compañera que lo están necesitando, disimular un error y animar a quien lo haya cometido, callar ante el dolor que nos pueda provocar una actitud o una palabra malsonante…

Seguramente todos sabremos identificar esos “ayunos significativos” que nos ayudan a crecer como personas y como discípulos y asumir las llamadas de conversión que se evidencian en nuestra fragilidad y reclaman una respuesta.

 

SÁBADO 20 de febrero (Lucas 5, 27-32)

 “Vio a un recaudador de impuestos llamado Leví”.

Jesús mira al cobrador de impuestos, al pecador, al despreciado. Se acerca, le acoge, le reconoce, supera el estigma social que lo invitaba a no mezclarse “con esa gente…

Qué difícil se nos hace “mirar”… “querer mirar”… Es más sencillo desviar la mirada. Tener una “mirada amaestrada” que sólo capta aquello que es “políticamente correcto”, que no genera conflicto alguno, que no descompone ni inquieta nuestro estatus ideológico, religioso, profesional…

El Evangelio de hoy nos invita a “mirar”, a integrar al diferente, a correr el riesgo de la incomprensión y de la crítica a nuestros paradigmas.

Nada ni nadie puede interponerse en esa llamada de fraternidad universal. En estos tiempos de exclusión, el encuentro y la aceptación del diferente se vuelve evangélicamente anticultural.