TERCERA SEMANA DE CUARESMA 7 al 13 de marzo de 2021

DOMINGO 7 de marzo (Juan 2, 13-25)

“¡No convirtáis en mercado la casa de mi Padre!”                       

Jesús echa a los comerciantes del templo, esparce sus monedas, vuelca sus mesas… La escena habrá sido poco menos que desconcertante.  Aquella manera de actuar no era coherente con aquel profeta de la reconciliación.

Para Juan evangelista, la relectura de este hecho, a la luz de la resurrección, manifestaba el fin de una etapa “sacrificial” centrada en las ofrendas de animales y de monedas. Nada de todo aquello tenía sentido. El auténtico templo no es sino el mismo Jesús, muerto y resucitado y en él cada ser humano es templo de Dios

No es lícito prostituir el símbolo. Tampoco confundirlo con el significado. En el carisma de todo agente de pastoral de la salud está clara esta visión. En cada persona, especialmente en aquellas heridas por la pobreza y la enfermedad, vieron nuestros fundadores el rostro sufriente de su Dios. ¿Sabemos compartir, transmitir, contagiar esta espiritualidad sacramental en nuestro modo de ser agentes de pastoral de la salud?

 

 LUNES 8 de marzo (Lucas 4, 24-30)                                                                    SAN JUAN DE DIOS

 “Los que estaban en la sinagoga se enfurecieron… lo echaron fuera del pueblo… querían despeñarlo”

La persecución, la incomprensión, la violencia de quienes no aceptan un modo evangélico de vida, siempre se hacen presentes.  Vemos con claridad esta realidad en la biografía de San Juan de Dios, profeta de la Hospitalidad.

Recuerdo con claridad la sentencia de un viejo educador: “Si te llevas bien con todos, si nada ni nadie ofrece resistencias a tu vida, deberías cuestionar tu coherencia evangélica…” Y es que, como afirma el Papa Francisco, vivir en clave de Evangelio nos “complica maravillosamente la vida”.

Pero debemos evitar equívocos. En ocasiones no somos aceptados por nuestras propias debilidades, por nuestros errores y no por nuestras virtudes, o por ser fieles seguidores de nazareno.

No es lo mismo ser perseguidos por ser fieles a un proyecto de vida evangélico a serlo por nuestras inconsistencias, por las debilidades siempre presentes en nuestra humana condición.

La incomprensión por ser fieles al proyecto bautismal no debería paralizarnos. Si lo hace, es fundamental revisar las motivaciones y la madurez de nuestras opciones, dejando siempre ese ámbito de misericordia desde el cual entendernos en las debilidades propias y también las ajenas.

 

 MARTES 9 de marzo (Mateo 18, 21-35)

¿Cuántas veces he de perdonar?

El perdón constituye una dimensión básica en nuestras vidas. Da respuesta a los desequilibrios que normalmente se hacen presentes en las relaciones interpersonales.

Perdonar puede implicar un largo recorrido de objetivación y ascesis personal. Ver con serenidad la verdad, reconocer las inconsistencias que están detrás de nuestros sentimientos de ofensa, de ira, de venganza, comprender al otro en sus propios procesos, aceptarlo y aceptarnos, dejarnos sanar, asumir el lento camino de reconciliación del corazón.

“Hace falta orar con la propia historia, aceptarse a sí mismo, saber convivir con las propias limitaciones, e incluso perdonarse, para poder tener esa misma actitud con los demás.” (A.L., 107)

 

 MIÉRCOLES 10 de marzo (Mateo 5, 17-19)

“No he venido a poner fin a la ley (…) sino a darle su verdadero sentido.”

 

Los límites, las normas, tienen su sentido último en los valores que defienden. Cuando estos valores quedan a un lado o no encuentran en lo establecido un lenguaje adecuado, entonces la norma se convierte en cadenas.

El mensaje de Jesús de Nazaret al respecto fue claro. Obró con una enorme libertad ante normas que habían desvirtuado su sentido. Su actitud no fue la de un irresponsable que quiere cambiar las normas vigentes por su modo de ver, sino que nos invitó a descubrir el “verdadero sentido” de las mismas.

En alguna ocasión he escuchado críticas hacia el Papa Francisco por sostener esta actitud de profunda libertad ante esquemas y formatos preestablecidos, quizá hasta muy solemnes y estéticos, pero carentes de sentido evangélico. Esto no le quita firmeza donde debe haberla…

Jesús de Nazaret se manifestó tan libre como exigente, cuando de una norma “con verdadero sentido” se trata…

 

 JUEVES 11de marzo (Lucas 11, 14-23)

 “…el que no recoge conmigo, desparrama.”

Jesús señala la importancia de definir la propia vida a favor o contra del bien, subrayando que tampoco sirve la imparcialidad

Sobreabundan en nuestras comunidades y grupos de referencia los análisis situacionales. Y, siendo importantes, se quedan a mitad camino cuando no dan lugar a compromisos concretos para rechazar lo malo y realizar lo bueno.  Entonces nos quedamos con un cúmulo de “buenas intenciones” que no terminan por reflejarse en la vida real.

La pasión por Jesús de Nazaret, por su Palabra, debe llevarnos a implicarnos, a “complicarnos maravillosamente la vida”, a ser sal y luz… Podemos quedarnos en una “espiritualidad del bienestar”, como la define el Papa Francisco, sin comprometernos en nada, sin reflejar los valores evangélicos en nuestra vida familia, comunitaria, laboral, social…

 

 VIERNES 12 de marzo (Marcos 12, 28b-34)

“Dios es uno y no hay otro fuera de él.”

Los santos fueron enamorados de Dios. Ese amor, prodigado y recibido, se volcó en expresiones de amor al prójimo.

En nuestras relaciones interpersonales, el amor alcanza niveles de gran profundidad. El amor de los esposos, de los hijos y a los hijos; el amor a los destinatarios de nuestra labor samaritana…

¿Cómo hacer de estos “amores”, expresión del amor a Dios y no empobrecernos en su inmanencia?  Una clave será ese espacio de autonomía, de respeto por la libertad y la intimidad de la persona amada.

Este amor, en clave de evangelio, nos ayuda a superar todo afán de posesión y, lo que es más importante, a no esperar del ser amado el amor en plenitud que sólo encontraremos en el Señor.

 

 SÁBADO 13 de marzo (Lucas 18, 9-14)

 “El que se enaltece será humillado…”

El Papa Francisco nos recuerda que “la humildad y la ternura no son virtudes de los débiles sino de los fuertes…” (EG, 288) y nos pone a María como modelo de la revolución de la “ternura y el cariño”.

            En nuestras relaciones interpersonales surgen, naturalmente, motivos de disgustos, de enfrentamiento, de incomprensión… En tales circunstancias es bueno, y necesario, recordar la llamada que el Señor nos hace en el Evangelio de hoy. No es fácil renunciar al “derecho” para dar lugar a la “misericordia”… pero en este ejercicio reside nuestro proceso de ir asemejándonos al Dios de los Evangelios.

            La humildad no implica aplacar o silenciar las verdades, sino encontrar los momentos y las formas adecuadas. Ello conlleva una ascesis personal para controlar nuestro orgullo herido y anteponer la “misericordia al juicio”, sin renunciar al servicio de la corrección fraterna, del diálogo sereno, de la búsqueda conjunta del bien y la verdad.

¡Claro que para todo ello necesitamos la fuerza del Espíritu! De ahí que la humildad sea la virtud de los fuertes.