SÁBADO 26 de septiembre: (Lucas 9, 43b-45)

“Ellos no comprendieron lo que les decía.”

Jesús acababa de curar a un enfermo mental y, estando todos “maravillados por las cosas que hacía”, anuncia por segunda vez su pasión. Advirtiendo que no se quedaran extasiados con los milagros, que vendrían tiempos de rechazo, traición y muerte.

Para sus discípulos era imposible captar el significado de semejante anuncio. Aún lo es para nosotros, a pesar de contar con la perspectiva histórica del misterio pascual.

El misterio del dolor nos desorienta y sólo encuentra sentido si somos capaces de hacer el ejercicio creyente de releerlo a la luz de la resurrección. Solamente con los ojos puestos en el Resucitado somos capaces de seguir creyendo en el valor de una vida marcada radicalmente por el dolor.