XXXIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO. Del 15 al 21 de Noviembre de 2015

DOMINGO. 15 de Noviembre (Marcos 13, 24-32)

 “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”

El discurso escatológico en el que el Maestro anuncia tanto la ruina de Jerusalén como el fin del mundo se refuerza con la narrativa de fenómenos cósmicos prodigiosos: el cielo se oscurece, la tierra tiembla, caen las estrellas…

En ese contexto, lo que perdura es la PALABRA.  Y la palabra, que es el mismo Jesús, nos refiere a un Dios misericordioso que nos ama por sobre todas las cosas. Un Dios que “se ríe del juicio” y que convocará a los elegidos “de los cuatro puntos cardinales”…

En este tiempo en el que resurgen posturas teológicas y pastorales rigoristas enfrentadas al mensaje del Papa Francisco que recupera la centralidad de la ternura de Dios en nuestras vidas, es bueno, es necesario, reafirmarnos en la PALABRA. El Verbo se hizo carne. El Verbo es Dios. Dios es amor. El amor perdura más sobre todo… Seguramente “se oscurecerá el cielo, temblará la tierra, caerán estrellas…”, pero la Palabra permanecerá.

LUNES. 16 de Noviembre  (Lucas 18, 35-43)

 “Se detuvo y mandó que se lo trajeran.”

Son muchos los paralelismos que podemos establecer entre la parábola del Buen Samaritano y el encuentro de Jesús con el ciego de Jericó. En este caso es el mismo Jesús el que vivencia lo que en su momento quiso explicar con la parábola.

Escuchó los gritos insistentes del ciego, detuvo su marcha y mandó que se lo trajeran.

Nos centramos en este hecho y nos preguntamos si no estamos aturdidos por tantas circunstancias que nos hacen incapaces de escuchar a quien, estando al borde del camino, necesita nuestra ayuda, nuestra palabra, nuestra mirada, nuestra solidaridad. Para ello debemos ser capaces de detener la marcha, escuchar, mirar…

MARTES. 17 de Noviembre (Lucas 19, 1-10)                    

“También este es hijo de Abrahan.”

Como en tantas ocasiones, la presencia de Jesús en contextos supuestamente ajenos a la religión, fue causa de murmuraciones y críticas. Esta vez criticaban que hubiera aceptado ir a la casa de un pecador, alguien que se había enriquecido desde la avaricia y los negocios abusivos.

¿Dónde debe estar presente Jesús, su persona y su mensaje? ¿En ámbitos supuestamente “puros”?  La apertura del Maestro debe motivar e iluminar nuestro compromiso por esa “iglesia en salida”, de la que tanto nos habla el Papa Francisco.

¿Nos planteamos un servicio de pastoral de la salud inclusivo, de encuentro, de diálogo abierto y sincero, aún con aquellos que están alejados de la iglesia?

MIÉRCOLES. 18 de Noviembre  (Mateo 14, 22-33)

“Señor, sálvame”.

¡Qué breve y qué profunda plegaria la de Pedro!  

El Señor le invita a dar el paso hacia el vacío, el paso ilógico de caminar sobre las olas embravecidas. Pedro se lanza pero el contexto no podía ser peor. Sintió miedo y empezó a hundirse. Entonces brotó de sus labios, y de lo profundo de su corazón, aquel grito esperanzado: “Señor, sálvame”.

Como Pedro hemos dado el paso del seguimiento del Señor y como él sentimos  que a veces nos hundimos, que las circunstancias son demasiado duras.  Con Pedro le decimos: ¡Señor, sálvame! Tú lo sabes todo. Sabes de mi entrega y entusiasmo. También conoces mis debilidades. No siempre es fácil vivir mi fe en familia, en comunidad, en el trabajo. Yo me lanzo… cuento contigo.

 JUEVES. 19 de Noviembre: (Lucas 19, 41-44)

“No supiste reconocer el momento en que Dios quiso salvarte.”

Jerusalén no supo reconocer “el momento de su venida.”

Para los sacerdotes, levitas, fariseos, escribas… los paradigmas socio-religiosos les impedían reconocerle.  ¿Y para nosotros?

Es evidente que se alzan muros que nos impide ver a quienes peregrinan a nuestro lado, a ese Dios encarnado que nos interpela en los rostros de quienes nos rodean.

La Hospitalidad nos brinda la preciada epifanía de Dios en la persona que padece. El “momento de su venida” se multiplica  a nuestro lado. ¿Sabemos reconocerle?

VIERNES. 20 de Noviembre: (Lucas 19, 45-48)

 “Mi casa ha de ser casa de oración, pero la habéis convertido en cueva de ladrones.”

Jesús expulsó a los vendedores del templo y habló con claridad a quienes acudían a escucharle. La palabra iluminaba la vida y la vida confirmaba la palabra.

Es imposible meditar este texto sin que nuestro pensamiento nos lleve a la curia vaticana y al profundo movimiento de reforma que el Papa Francisco está liderando. Los escándalos financieros, los casos de pedofilia, las traiciones… aparecen retratadas día tras día en la prensa internacional.  ¿En qué hemos convertido la casa de Dios?

Oremos en este día por el Papa Francisco, como él mismo nos lo pide insistentemente. Muchos son los que, como en tiempos de Jesús, piensan en cómo desautorizarlo, en cómo minimizar su acción pastoral y la reforma que ha emprendido. ¿Nosotros queremos sumarnos a este movimiento que nos lleva a un renacer eclesial en fidelidad al Jesús de los Evangelios?

SÁBADO. 21 de Noviembre: (Lucas 20, 27-40)

“No es un Dios de muertos sino de vivos.”

Los saduceos, que no creían en la resurrección, intentaban burlarse del Maestro.

Contemplamos su templanza y su capacidad para remontarse sobre la insidia para anunciar lo que importa: Nuestro Dios “no es un Dios de muertos sino de vivos”.

Es frecuente encontrar estrategias defensivas detrás de pensamientos y actitudes agresivas.

Ser anunciadores de un Dios que quiere la vida para todos y para siempre se convierte en la mejor clave para defender la validez del Reino.

¿Anuncio con mi vida y mis palabras a ese Dios de la VIDA?