PASCUA y OCTAVA DE PASCUA 27 de Marzo al 2 de Abril de 2016

DOMINGO 27 de Marzo (Juan 20. 1-9)                                              PASCUA DE RESURRECCIÓN

 “Hasta entonces no habían entendido las Escrituras”

La Magdalena, Juan y Pedro nos anteceden en la experiencia de ver que el sepulcro está abierto y el Señor no está entre los muertos. ¡Vive!

Entonces, y sólo entonces, el corazón de estos tres discípulos se abrió a la esperanza. Descubrieron que la persecución, las mentiras, la traición, el dolor, la soledad,  la enfermedad, la muerte… no tenían la última palabra.

En esta mañana de resurrección me pregunto si el sentido pascual impregna suficientemente mi vida. Si mi esperanza va más allá de mis certezas, si mi fe es abandono en las manos de Dios o meras convicciones heredadas, si mi amor a Dios en los menos favorecidos es reflejo de la misericordia de Dios o simple filantropía…

Aún resuenan los tambores de Semana Santa en mis oídos… En tantos contraluces me imagino a un Dios cercano; que se abre camino y entra en los corazones. Que da respuesta a una esperanza escondida en los entresijos de vidas rotas… ¿Cómo hacer más fuerte el grito por la VIDA, ante la contemplación de tanta muerte?

 

LUNES 28 de Marzo  (Mateo 28, 8-15)

“Id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán.”

Los discípulos acababan de vivir días muy densos y excepcionales. El maestro los invita a un encuentro sereno en Galilea.

A nosotros también nos espera en “nuestra Galilea”, en el día a día de la vida parroquial, familiar, social,..

La resurrección se actúa en nuestro compromiso por llevar adelante un proyecto compartido, por cuidar la vida, por devolver la dignidad perdida a la persona que ha enfermado.

La Buena Noticia de la resurrección debe encontrar en la cotidianeidad una expresión privilegiada o quedará reducida a una buena idea, una buena sensación, al recuerdo de unos días intensos, sin más…

 

MARTES 29 de Marzo  (Juan 20, 11-18)

“Ve a Jesús de pie, pero no sabía que era Jesús.”

María lo vio pero no lo reconoció.

La resurrección nos invita a descubrir la realidad con una nueva mirada. Desde ella y en apariencias inesperadas podemos encontrar al Resucitado.

Quizá en las personas con las que vivimos, en quienes atendemos en nuestros centros, en aquellos que consideramos nuestros enemigos, en los más débiles, sin duda…

Aprender a ver la VIDA del resucitado presente en tantos pequeños acontecimientos y personas. En formas que no reconocemos como “pascuales” pero que pueden ser fermento de renovación, de cambio, de esa conversión a la que estamos convocados.

La nueva vida no es evidente… debemos descubrirla, promoverla, hacerla visible.

 

MIÉRCOLES   30 de Marzo  (Lucas 24, 13-35)

“Se puso a caminar con ellos.

No es sencillo dejar nuestras prisas y proyectos para entrar en la realidad del otro, darnos el espacio necesario para caminar junto a él, desde su realidad y en su dirección.

Vivimos apretados por los compromisos, las tareas, las planificaciones, la preparación de actuaciones de todo tipo, las reuniones que se multiplican aquí y allá, la formación permanente que nos desafía con fuerza…

Todo requiere tiempo y en esa dinámica se nos hace difícil “estar con”, “acercarnos al caminar del otro”, “ponernos a su lado y andar juntos”, acogerlo y dejarnos acoger, dándole y dándonos tiempo.

 

JUEVES 31 de Marzo (Lucas 24, 35-48)

“Vosotros sois testigos de estas cosas”

Jesús deposita toda su confianza en un grupo de hombres y mujeres desconcertados, temerosos, inseguros. Prolonga así la opción por la encarnación, asumiendo con todas sus consecuencias la humanización del Reino.  Hombres y mujeres marcados por sus propias contradicciones fueron los depositarios y testigos primeros de la vida-mensaje de Jesús de Nazaret.

Y Dios continúa optando por cada uno de nosotros y nos repite como a sus discípulos: “Tú eres testigo de estas cosas.”   A pesar de mis dudas, mis temores, soy testigo de un Dios que es VIDA. Ante la debilidad, siempre constatada, nos encontramos con el mismo voto de confianza que Jesús brindó a los suyos.

 

 

VIERNES  1 de Abril  (Juan 21, 1-14)

“Vamos también nosotros contigo.”

Ni María Magdalena, ni los discípulos de Emaús, ni los demás apóstoles fueran capaces de identificar inmediatamente a su maestro resucitado. ¿Qué había cambiado para que ahora nadie se atreviera a preguntarle quién era?

Se tuvieron que dar otros gestos para que cayeran en la cuenta que no era un desconocido el que estaba con ellos, sino Jesús.

Ya no importaban los rasgos y las condiciones humanas sino las obras, caracterizadas siempre por ser signos de fraternidad. Así ocurrió aquella mañana en que habían salido a pescar.

A partir de la resurrección lo comunitario adquiere una entidad fundamental en la vivencia de la fe. No hay cristianismo posible desde el individualismo.

 

 

SÁBADO 2 de Abril (Marcos 16, 9-15)

“Les echó en cara su incredulidad (…) Id y proclamad…”

La incredulidad es una constante en la narrativa de las primeras apariciones del resucitado. Y esa experiencia se daba en las personas más cercanas. A pesar de ello el Señor termina encomendándoles que anuncien el Evangelio “a toda la creación”.

Ciertamente el mensaje de la Pascua supera ampliamente nuestra capacidad de comprensión pero ello no nos inhibe de ser sus testigos.

Aún desde la debilidad de nuestra fe estamos llamados a compartir el sentido de plenitud que nos da el encuentro con Jesús y su mensaje.

Si queremos reafirmarnos en la fe en el resucitado, debemos proclamarla. No hay mejor manera de empobrecer el propio credo que acallándolo.