XXX SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO: 23 al 29 de Octubre de 2016

DOMINGO 23 de Octubre  (Lucas 18, 9-14)

¡El que se enaltece será humillado…”

El Papa Francisco nos recuerda que “la humildad y la ternura no son virtudes de los débiles sino de los fuertes…” (EG, 288) y nos pone a María como modelo de la revolución de la “ternura y el cariño”.

            En nuestras relaciones interpersonales surgen, naturalmente, motivos de disgustos, de enfrentamiento, de incomprensión… En tales circunstancias es bueno, y necesario, recordar la llamada que el Señor nos hace en el Evangelio de hoy. No es fácil renunciar al “derecho” para dar lugar a la “misericordia”… pero en este ejercicio reside nuestro proceso de ir asemejándonos al Dios de los Evangelios.

La humildad no implica aplacar o silenciar las verdades, sino encontrar los momentos y las formas adecuadas. Ello conlleva una ascesis personal para controlar nuestro orgullo herido y anteponer la “misericordia al juicio”, sin renunciar al servicio de la corrección fraterna, del diálogo sereno, de la búsqueda conjunta del bien y la verdad. ¡Claro que para todo ello necesitamos la fuerza del Espíritu! De ahí que la humildad sea la virtud de los fuertes.

 

 

LUNES 24 de Octubre  (Lucas 13, 10-17)

“Le impuso las manos…”

Nuestra misión como agentes de pastoral de la salud nos coloca ante cuadros desoladores de dolor, de enfermedades crónicas que deterioran profundamente la vida. ¡Cómo nos gustaría liberarles, hacer que se pongan de pie! Pero no tenemos el don de hacer milagros.

Sin embargo sí podemos imponer nuestras manos. Conocemos la importancia de la cercanía, el contacto pausado, la fuerza sanadora de una caricia. Son recursos que humanizan el trato y potencian la capacidad curativa del propio enfermo al sentirse acogido y amado.

Imponer las manos significa comprometernos con el otro desde la ternura, tocar y dejarnos tocar. Como nos lo recuerda el Papa Francisco, ser capaces de entrar en “el nudo de la tormenta humana” y tocar la “carne sufriente de los demás”.

 

MARTES 25 de Octubre  (Lucas 13, 18-21)

¿Con qué puede compararse el Reino de Dios?

Jesús no dice “el inicio del Reino se parece a un grano de mostaza”, sino el Reino en sí mismo, es como un grano de mostaza.

Se trata por tanto de una seña de identidad que permanece. Aún en su desarrollo más pleno debe conservar la dinámica de la levadura que fermenta la masa y de la pequeña semilla que se convierte en un frondoso árbol.

Continuamos este martes con el mismo mensaje que nos diera el Evangelio del domingo: la pequeñez, la sencillez, deben ser valores intrínsecos a cualquier realidad del Reino de Dios.

No es difícil constatar que la Iglesia, en su dimensión institucional, presenta una imagen de poderío que muchas veces frena su capacidad de testimoniar este Reino de los pequeños. Se trata de una de las dimensiones que más cuestionan la autenticidad de quienes somos Iglesia y que reclama un discernimiento profundo que nos lleve a estar “todos para los pobres, muchos con los pobres y algunos como pobres”… tal como en su tiempo nos lo recordó el padre Arrupe, superior general de los jesuitas.

 

MIÉRCOLES 26 de Octubre  (Lucas 13, 22-30)

“Hay últimos que serán los primeros, y primeros que serán últimos”.

El Evangelio subraya la centralidad de la espiritualidad de la sencillez como criterio de vida cristiana, cualquiera sea el lugar que nos dé la sociedad o la institución.

Quienes tienen alguna responsabilidad deben ser los primeros en asumir una actitud de servicio, de disponibilidad, de responsabilidad, de cercanía.

Si alguien debe ser el primero entre nosotros, ese puesto le corresponde a las personas que atendemos en nuestra misión de agentes de pastoral de la salud.

 

JUEVES  27 de Octubre  (Lucas 13, 31-35)

 “Id a decir a ese zorro… conviene que hoy y mañana y pasado siga adelante.”

Jesús resultaba peligroso y molesto no solamente desde el punto de vista religioso sino también político. Su poder de convocatoria, su prestigio personal, su popularidad, resultaban potencialmente incómodas al poder establecido. De En tal contexto le previenen que debe huir porque le buscan para apresarle.

Contemplamos entonces la firmeza, la rotundidad y una capacidad de riesgo extrema que emanan de su respuesta. No teme llamar “zorro” a Herodes y a continuación se reafirma en su misión. “…conviene que hoy y mañana y pasado siga adelante…”

Estamos ante una actitud evangélica de gran actualidad: la capacidad de perseverar en la misión a pesar de las dificultades. La experiencia del discipulado pasa – siempre y necesariamente- por enfrentarnos con diversas formas de persecución. El no ceder, el permanecer anclados en la fidelidad a la misión, la capacidad de resiliencia, constituye en tales circunstancias una oportunidad para madurar en las motivaciones profundas que sostienen nuestras opciones.

  

VIERNES 28 de Octubre (Lucas 6, 12-19)

“… escogió a doce de ellos y los nombró apóstoles.”

Jesús ora y escoge a los Doce. Ninguno de ellos fue perfecto en su proceso de seguimiento, aunque todos, excepto Judas, supieron retomar la andadura después de cada negación.

Ser escogidos, aún desde un proceso de disponibilidad al Espíritu en la oración, no es por garantía de perfección alguna.

Ser agentes de pastoral de la salud implica una elección, una llamada, una vocación, una forma de ser cristianos. Ante las dificultades y las equivocaciones podemos sufrir el error y renunciar al cambio, como Judas, o asumir con sencillez nuestras limitaciones y levantarnos cuantas veces sea necesario.

 

SÁBADO 29 de Octubre  (Lucas 14, 1.7-11)

 “Los invitados escogían para sí los puestos de honor”.

Es necesario subrayar la centralidad de la espiritualidad de la sencillez como criterio de vida cristiana, cualquiera sea el lugar que nos dé la sociedad o la institución. En este sentido tiene su importancia el hecho que quienes tengan alguna responsabilidad sean los primeros en asumir una actitud de servicio, de disponibilidad, de responsabilidad, de cercanía.

Claro que para servir sin esperar nada a cambio, sin exigir reconocimiento, sin generar dependencias emocionales, es necesario anclar el servicio en el amor incondicional al otro. ¡Cuántos intereses se nos pueden colar desde la vanidad, o la necesidad de alimentar nuestro amor propio!