III SEMANA DE ADVIENTO: 11 al 17 de Diciembre de 2016

 DOMINGO: 11 de Diciembre  (Mateo 11, 2-11)

“¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?”

Juan el Bautista esperaba a un Mesías comprometido con los “pobres de Yavé”, dador de vida, amante de los más pobres…  Nosotros, ¿a quién esperamos? ¿Qué pruebas nos hacen falta para creer que el Niño de Belén es el verdadero Mesías y que no debemos esperar a otro?

Desde otra perspectiva, ¿encontrarán los hombres y mujeres de nuestro tiempo en nosotros, en la Iglesia, en nuestras parroquias, el testimonio fehaciente de que el Reino se hace presente porque nos comprometemos con los pobres, con los enfermos, con quienes están “muertos”…?

Existe una manera “escandalosa” de vivir la Navidad que poco tiene que ver con la propuesta hedonista que se nos hace. Nuestra misión como agentes de pastoral de la salud se inserta de lleno en esta prueba de mesianidad que Jesús presenta a Juan. ¿Nos atrevemos a vivirlo en clave de Evangelio? Ahí reside el desafío de nuestro Adviento.

El Papa Francisco nos recuerda que nos somos discípulos por un lado y misioneros por otro, sino ser discípulo significa ser misionero. ¿Somos “discípulos-misioneros”, es decir, testigos que proclamamos con gozo haber encontrado al Mesías?

  

LUNES 12 de Diciembre  (Mateo 21, 23-27)

“¿Quién te ha dado semejante autoridad?”

Los ancianos y sacerdotes no discuten el contenido del mensaje sino su validez formal. “¿Con qué autoridad haces esto?” 

La confusión entre poder y autoridad es frecuente y tendemos a valorar el mensaje según el poder o prestigio del mensajero.

La apertura a la acción del Espíritu que actúa donde y cuando quiere, continúa siendo un desafío.

Debemos ser capaces de escuchar el profetismo informal presente en las más diversas realidades, en las personas menos tenidas en cuenta. ¿O es que estamos convencidos que la verdad sólo puede provenir de quien ostenta el poder? Más sutilmente… ¿creemos que Dios ha encerrado toda su misericordia, su verdad, su amor solamente en nosotros o estamos convencidos que su presencia no acepta fronteras?

Hasta tanto no nos convenzamos que Él se manifiesta también en aquellos que piensan distinto y hasta le dan otro nombre, no seremos capaces de entender al Dios de los Evangelios.

 

MARTES 13 de Diciembre  (Mateo 21, 28-32)

“Se arrepintió y fue”.

No debemos fiarnos de las etiquetas de fidelidad o rechazo a la propuesta de vida de Jesús. “Obras son amores y no buenas razones”, reza el refranero popular y lo mismo parece repetir Jesús a sus contemporáneos.

Cuántas veces hemos sido sorprendidos por la bondad de quien  considerábamos fuera de todo compromiso y cuántas nos hemos sentido desengañados ante la incoherencia del “justo”.

Ser asertivos verbal y vitalmente implica un trabajo personal en el que debemos incluir el arrepentimiento en sus dos fases: ver el error y actuar el cambio.

 

MIÉRCOLES 14 de Diciembre  (Lucas 7, 19-23)

“¿Eres tú?”

Ciertamente Juan conocía a su primo Jesús, el de Nazaret, pero ese conocimiento no era suficiente para sacarle de la duda.

La respuesta se funda en el testimonio de los mismos mensajeros: “Id a anunciar a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los inválidos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el Evangelio.”

Las pruebas de autenticidad de su mesianismo residen en su compromiso con los enfermos y los pobres, en su capacidad de transformación desde la confrontación con todo aquello que desdiga el Reino. De ahí la coletilla final de su respuesta: “Y dichoso el que no se escandalice de mí”.

Juan dará por buena la respuesta y comenzará el proceso de “disminuir para que él crezca”, enviando a sus seguidores tras las huellas del nazareno.

Reflexionar estos hechos en el contexto del adviento nos lleva inevitablemente a valorar nuestras expectativas respecto a Jesús de Nazaret. Juan el Bautista esperaba a un Mesías comprometido con los “pobres de Yavé”, dador de vida, testigo incómodo de un nuevo Reino que ponía patas para arriba el estatus quo social y religioso.  Nosotros, ¿a quién esperamos? ¿Qué pruebas nos hacen falta para creer que el Niño de Belén?

 

JUEVES 15 de Diciembre  (Lucas 7, 24-30)

“Yo envío mi mensajero delante de ti para que prepare el camino ante ti.”

Jesús afirma sobre Juan: “Os digo que entre los nacidos de mujer nadie es más grande que Juan.”  Se trata de un hombre que optó por vivir pobremente en el desierto y anunciar que estaba cerca la llegada del Mesías. Con él se cerraba el ciclo de los profetas que predecían la llegada del Salvador y se inauguraba el ciclo de los testigos del Mesías encarnado en Jesús. Por eso Juan es el prototipo del discipulado cristiano.

De alguna manera todos los bautizados estamos llamados a ser como él, a ser facilitadores de la presencia de Jesús en la vida de nuestros semejantes. La tarea no fue sencilla para Juan, tampoco lo es para nosotros.

¿Cómo promover la presencia de Jesús en nuestras realidades más diversas? ¿Cómo preparar el camino para que todos podamos encontrarnos con él?

El Evangelio de hoy nos dice que los fariseos y maestros de la ley “frustraron el designio de Dios para con ellos”, rechazando el bautismo de conversión que ofrecía Juan y en consecuencia negando a Jesús de Nazaret.

¡Misterio de la libertad humana que se repite hasta nuestros días! El Dios de los evangelios no es un Dios que se impone, sino que se propone. Y eso hace que nosotros, como Juan el Bautista en su momento, no podamos sino crear condiciones para que el Señor sea acogido en todos los corazones, dejando que la opción por el encuentro se realice desde la libertad individual.

 

 VIERNES 16 de Diciembre (Juan 5, 33-36)

“Juan es la lámpara que arde y brilla.” 

Esta semana la liturgia de la Palabra abunda en referencias a Juan el Bautista. En el texto que reflexionamos Jesús lo define como testigo de la verdad, como “lámpara que arde y brilla” y que atrajo la simpatía de muchos entre el pueblo judío.

Sin embargo, los mismos que adhirieron a la persona de Juan, que “gozaron de su luz”, terminaron rechazando su testimonio.

Tradicionalmente la exégesis de este pasaje se ha centrado en la fuerza de las obras como prueba de la mesianidad: “…esas obras que hago dan testimonio de mí: que el Padre me ha enviado.”

Quisiera centrarme en el reproche de Jesús a los judíos. Ellos aprobaron y hasta gustaron del mensaje de Jesús, pero fue sólo por “un instante”. No hubo una coherencia mantenida en el tiempo. Juan, para muchos entre ellos, fue como un fogonazo de luz que les deslumbró, sin generar mayores consecuencias.

Podemos reconocernos en esta actitud centrada en el impacto emocional o conceptual. ¡Cuántas veces quedamos gratamente impresionados después de compartir una reflexión, de escuchar una charla, de participar de un retiro espiritual, de leer un buen libro…! Nuestra alma goza de ese encuentro con la luz, con la verdad, nos sentimos inspirados, entusiastas… Pero poco a poco esas sensaciones se diluyen en el laberinto de lo inmediato y en la inercia de nuestras actitudes de base…

También el Adviento y la misma Navidad pueden aportarnos muchos “instantes de luz”… Sin embargo, lo que importa, lo que realmente vale, se teje en el río profundo de nuestras vidas, en las opciones sustentadas por un compromiso exigente y perseverante,  desde una conciencia autocrítica capaz de abrirse a la novedad de la verdad, asumiendo sus costes.

 

SÁBADO 17 de Diciembre  (Mateo 1, 1-17)

 

“Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham…”

Al analizar las biografías de los ancestros de Jesús encontramos personajes marcados por pecados como el homicidio, la idolatría y la prostitución.

Desde una lectura espiritual, este contexto familiar se convierte en un grito de esperanza. No hay pasado ni pecado que no pueda ser redimido.

Se trata de una actitud fundamental  que debe orientar nuestras relaciones interpersonales. Confiar en el otro cualquiera sea su pasado. ¡Qué importancia tiene esta actitud y cuánto mal hace la exclusión!

De este modo, la genealogía de Jesús nos convoca a la aceptación incondicional del otro, cualquiera sea su pasado y contexto.