TIEMPO DE NAVIDAD: 1 al 7 de Enero de 2017

DOMINGO  1 de Enero  (Lucas 2, 16-21)    SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS – JORNADA MUNDIAL POR LA PAZ

“… se admiraban de lo que decían.”

Los pastores eran personas consideradas impuras y de mala reputación.  Sin embargo quienes les oían “se admiraban de lo que decían”.

En esta jornada recordamos que no es posible la paz sin el encuentro y la escucha al diferente, sin aceptarle incondicionalmente.

Aceptar y acoger al otro, al diferente, abrirnos a su palabra con mirada y corazón de madre, implica un largo camino de ascesis. Tendemos a considerar que la razón está sólo de nuestra parte y nos cerramos a esas “semillas de verdad”, presentes sin duda, en aquellos que no consideramos de “nuestra cuerda”.

Como cristianos estamos invitados a ser constructores de fraternidad, de paz, con un corazón de “madre”, al estilo de María de Nazaret.

Vivimos tiempos muy dolorosos, marcados por una incontrolada escalada de violencia hacia los cristianos de Oriente Medio. ¡Un verdadero genocidio! En esta jornada mundial por la paz, tengamos un momento de oración por quienes son masacrados por su fe en el Niño de Belén. Pongamos sus vidas en manos de María, Madre de Dios. Propongámonos ser más acogedores, más inclusivos, más hospitalarios. Y que el Señor nos siga acompañando en este nuevo año que hoy comienza.

  

LUNES 2 de Enero  (Juan 1, 19-28)

“Yo bautizo con agua…”

En la vivencia de nuestra misión como agentes de pastoral de la salud buscamos aportar todo lo que puede ser beneficioso para las personas que acompañamos.

Pero como el Bautista, nosotros “bautizamos con agua”. Desde la mística cristiana, sabemos que “hay alguien”, que quizá muchos de nuestros destinatarios no conozcan, que “viene detrás nuestra” y que es el auténtico sanador, el dador de la salud en su plenitud. Nosotros somos mediadores de esa misma sanación/salvación.

Estamos llamados a cultivar esta dimensión trascendente de la persona afectada por la debilidad. Una dimensión que nos sitúa en el justo lugar de quienes se esfuerzan por dar lo mejor, desde un espíritu evangélico de sencillez y de humildad, reconociendo el profundo misterio de los procesos de sanación/salvación que acompañamos.

 

MARTES 3 de Enero  (Juan 1, 29-34)

“Yo no lo conocía.”

El Bautista no supo reconocer en su primo al Mesías esperado hasta tanto no se lo confirmara el Espíritu.

Dios está presente en lo cotidiano y anónimo, en signos de los tiempos cercanos y en personas insospechadas.

El desafío consiste en saber hacer una adecuada lectura, contemplando (no sólo mirando) la realidad desde el Espíritu.

Esta hermenéutica de la historia en clave creyente nos permite identificar al Dios encarnado que ha puesto su tienda entre nosotros y que, también desde las personas que acompañamos, nos descubre cada día su rostro.

 

 MIÉRCOLES 4 de Enero  (Juan 1, 35-42)

“Venid y lo veréis.”  

La respuesta del maestro a dos discípulos de Juan es un referente teológico-pastoral clave a la hora de comprender la pedagogía de Dios en todo proceso evangelizador.

El testimonio de vida no puede faltar a la hora de anunciar el Reino. La Palabra de Jesús, siendo fundamental, adquiere consistencia en la coherencia vital.

Necesitamos integrar palabra y vida. Debemos ser capaces de convocar a la vivencia vocacionada del bautismo y repetir con Jesús: ¿Queréis saber en qué consiste seguir al Nazareno? Venid y vedlo en nosotros/as.

Los modelos vitales de identificación son más necesarios que nunca. En este sentido, los/as colaboradores/as laicos tenemos un gran desafío por delante: nos toca coger el testigo de la vida sacerdotal y consagrada, cultivando el perfil carismático de la misión que compartimos.

 

JUEVES 5 de Enero  (Juan 1, 43-51)

  “Aquel de quien escribieron Moisés en la Ley y los Profetas, lo hemos encontrado.”

En estos primeros días del año la liturgia de la Palabra nos narra el proceso por el cual Jesús de Nazaret escoge a sus apóstoles.  Hoy reflexionamos sobre el seguimiento de Felipe y de Natanael,  más tarde conocido como el apóstol Bartolomé.

Hay un aspecto que capta mi atención y es la importancia de la mediación de los amigos y conocidos en el proceso vocacional. Andrés  sigue a Jesús por el testimonio de Juan el Bautista,  Pedro lo hace por el de Andrés, Bartolomé por el de Felipe.

¡Cuánta importancia tiene el compartir nuestras certezas y nuestro credo con quienes hacemos el camino de la vida! Vivimos tiempos marcados por un individualismo extremo. Cada cual guarda para sí sus convicciones, sus dudas, las motivaciones de su vida y en nombre del respeto a la individualidad del otro permanecemos ajenos a las razones que motivan la vida de quienes nos rodean

Lo que no se expresa, lo que no encuentra un lenguaje, lo que no se comparte, se debilita y finalmente desaparece. Por lo tanto, no sólo en función del testimonio sino también del vigor de nuestras convicciones y nuestros credos, es fundamental que sepamos expresarlos y compartirlos.

 

VIERNES 6 de Enero (Mateo 2, 1-12)                                                                                EPIFANÍA DEL SEÑOR

Herodes, un infanticida, orienta los pasos de los Magos de Oriente hacia el Niño de Belén. Es desconcertante, pero la verdad puede manifestarse por caminos insospechados.

En el servicio a personas sumidas en enfermedades psíquicas, ¡cuántas veces nos topamos con la proclamación de verdades que golpean nuestras mentes y nuestros corazones! ¡Qué importante resulta entonces acoger esas mediaciones inesperadas del Espíritu!

La situación extrema de una figura tan contestable como Herodes parece invitarnos a no poner barreras ideológicas, afectivas, sociales, religiosas… al desafío constante de buscar el camino para encontrarnos con el Niño de Belén.

Ello no implica renunciar a las propias verdades (los Magos regresaron por otro camino…), sino estar abiertos a esas “semillas de verdad” presentes en personas y en situaciones que a priori no acogemos como referentes.

 

SÁBADO  7 de Enero  (Mateo 4, 12-17.23-25)

¿Qué significado puede tener en nuestro discipulado ir a la “Galilea de los gentiles”?

¿Estamos dispuestos a salir a la intemperie de la “Galilea de los gentiles” y hacer presente la función social y humanizadora del evangelio?  Para ello, hay que alejarse de “Nazaret”, hay que salir de las llamas “zonas de confort” para explorar nuevos caminos.

En cierto modo el temor a lo desconocido nos paraliza, tememos equivocarnos, nos da vértigo perder lo conseguido y en lo que nos sentimos seguros. Todo ello, siendo entendible, puede resultar empobrecedor de cara a la proyección y vitalidad de nuestra fe.