SEMANA SANTA: 9 al 15 de Abril de 2017

DOMINGO 9 de Abril  (Mateo 26, 14-27,66)

“Judas, uno de los discípulos, llegó con mucha gente armada con espadas y palos…”

Reflexionar el drama de Judas implica ser conscientes de que no estamos libres del paradigma que lo llevó a la perdición.

Judas, con su triste biografía, nos advierte que debemos revisar la relación entre los medios y los fines y que debemos hacerlo ahora, porque pactar con el enemigo es muy peligroso y el arrepentimiento puede llegar demasiado tarde.

Podemos preguntarnos por la relación que mantenemos con los recursos que el Señor puso a nuestra disposición. Podemos repensar en este día las palabras del Papa Francisco:

“La adoración del antiguo becerro de oro (cf. Ex 32,1-35) ha encontrado una versión nueva y despiadada en el fetichismo del dinero y en la dictadura de la economía sin un rostro y sin un objetivo verdaderamente humano. La crisis mundial que afecta a las finanzas y a la economía pone de manifiesto sus desequilibrios y, sobre todo, la grave carencia de su orientación antropológica que reduce al ser humano a una sola de sus necesidades: el consumo.” (EG,55)

 

LUNES 10 de Abril  (Juan 12, 1-11)

“… entonces  los jefes de los sacerdotes decidieron matar también a Lázaro.”

El testimonio de Lázaro era motivo de adhesión y de rechazo.

Una vida evangélicamente coherente nos da sentido de pertenencia, de plenitud, pero también acarrea incomprensión y hasta persecución.

El discipulado nos llena de vida nueva (como a Lázaro) al tiempo que nos compromete, nos hace vulnerables.

Una expresión privilegiada del estilo de vida de Jesús es la Hospitalidad.  Ser testigos de este amor misericordioso en las concreciones del carisma y la misión nos puede dar tantas alegrías como contrariedades.

 

 

MARTES 11 de Abril  (Juan 13, 21-33.36-38)

 

“… me negarás tres veces.”

En la experiencia de discipulado podemos vernos ante la posibilidad de traicionar nuestras opciones. No solamente ante la posibilidad, sino ante la constatación de andar por caminos distintos a los prometidos.

Entonces nos enfrentamos a las opciones de Judas y de Pedro: desentendernos de nuestra propia conciencia o asumir con dolor nuestras debilidades y reemprender el camino.

Ser discípulos no implica ser indemnes ante el mal, sino tener la capacidad de reconocerlo en nuestras vidas y volver, una y mil veces, a retomar los criterios y las acciones que nos legó Jesús de Nazaret.

 

 MIÉRCOLES 12 de Abril  (Mateo 26, 14-25)

“¿Qué estáis dispuesto a darme, si os lo entrego?”  (Mateo 26, 14-25)

La pregunta que Judas hace a los sumos sacerdotes describe el porqué de su traición. Quería algo a cambio. La suya no fue una entrega fundada en ideas opuestas y hasta en una posible fidelidad a la religión profesada y defendida por los sacerdotes, lo cual hubiera implicado cierto grado de altruismo. No, la suyo fue un intercambio de favores con el enemigo. Tú me das, yo te doy, y cada uno por su lado.

Conocemos el final. Aprisionado en su pesar, Judas quiso desandar el camino de la traición pero sus aliados circunstanciales rechazaron la devolución del botín y su arrepentimiento. El traidor, terminó siendo traicionado, cumpliéndose en él la antigua fórmula de la ley del Talión: quien a hierro hiere, a hierro muere.

Reflexionar el drama de la vida y la muerte de Judas implica ser conscientes que ninguno de los seguidores actuales de Jesús de Nazaret estamos libres del paradigma conductual que lo llevó a la perdición. Confundir los medios con los fines no es algo del pasado.

El dedo acusador se puede transformar en un puño cerrado que da golpes de arrepentimiento sobre el propio pecho…

 

 

JUEVES  13 de Abril   (Juan 13, 1-15)

 “… también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros.”

La Hospitalidad es escuela de amor. Las personas a las que atendemos en muchas ocasiones no manifiestan reciprocidad alguna frente a nuestros cuidados.

En esas circunstancias el amor está llamado a purificarse de motivaciones secundarias y adquirir su más alta expresión: la gratuidad.  Sí, podemos aprender a amar desde la Hospitalidad.

En este día del amor fraterno, examinemos si la actitud de servicio desinteresado, pautado por la sencillez, está en el centro de nuestro modo de ser Hospitalario.

“El verdadero amor siempre es contemplativo, nos permite servir al otro no por necesidad o por vanidad, sino porque él es bello, más allá de su apariencia: Del amor por el cual a uno le es grata la otra persona depende que le dé algo gratis.” (EG, 199)

 

VIERNES 14 de Abril  (Juan 18, 1-19,42)

Desde pequeños nos enseñaron a contemplar a Jesús crucificado en quienes sufren. Como si la presencia sacramental de Dios adquiriera una densidad específica en aquellas personas cuyas biografías están marcadas por el dolor.

Junto a Jesús de Nazaret continúan multiplicándose los crucificados por un dolor que tiene mil caras y que siempre, siempre… resulta incomprensible. Habrá causas, pero nunca razones inapelables. El misterio se hace presente con la misma rotundidad de la angustia. ¿Por qué Padre? ¿Por qué a mí? ¿Por qué a los míos? ¿Por qué a ellos? ¿Por qué así? ¿Por qué ahora?

Si no estamos dispuestos a asumir el misterio del dolor, no seremos capaces de asumir el proceso pascual, presente en todas nuestras vidas.

 

SÁBADO 15 de Abril  (Mateo 28, 1-10)

 “María Magdalena y la otra María fueron al sepulcro…”

Ante el misterio de la muerte sólo cabe el silencio y la hondura de una serenidad siempre buscada y ofrecida. Una paz del alma ante la cual enmudecen las preguntas, para respirar en Dios.

Somos sanadores heridos, como tantos y tantas que desde la Hospitalidad se hacen presentes en el dolor ajeno sin dejar de sentir en sus carnes las mismas penas.

Será por este calado del misterio que el Sábado Santo está marcado por el silencio. Un silencio activo que nos permite atisbar respuestas que ninguna respuesta es capaz de abarcar.