CUARTA SEMANA DE PASCUA 7 al 13 de Mayo de 2017

DOMINGO 7 de Mayo  (Juan 10, 1-10)

“(El pastor)…camina delante de ellas.”

Vivimos tiempos en los que todo tipo de autoridad se encuentra bajo sospecha. Todos nos sentimos con capacidad para cuestionar, a veces con crueldad, a quien detenta el servicio de “caminar por delante”…

Ello ha llevado a que se abandonen las certezas, se pacte con el “todo vale”, se ignoren las orientaciones seguras y bien fundadas. En nombre de una necesaria personalización en los procesos conductuales se ha renegado de los referentes, del servicio de quien acompaña los procesos de fidelidad tanto como comunitarios.

Ciertamente en todos los ámbitos sociales se necesitan personas que “caminen delante”, que marquen rumbo, que indiquen por dónde están esos “verdes prados” en los que podemos encontrar fuerzas y renovación. ”Pastores” cuyo anuncio sea coherente con sus vidas. No se trata de “mandar a caminar”… sino de “caminar delante…” Sólo desde el testimonio el servicio de la autoridad se vuelve auténtico y necesario.

 

           

LUNES 8 de Mayo  (Mateo Juan 10, 11-18)

“… lo único que le importa es el salario, no las ovejas.”

En la comunidad eclesial, todos vivimos de  nuestro trabajo y recibimos por ello nuestro salario.  Los laicos a título personal-familiar, la vida consagrada  y los sacerdotes desde un perfil más comunitario.

Es necesario y digno ganarnos el pan, pero en ello no puede reducirse nuestro compromiso. El Evangelio nos confronta con las motivaciones desde las cuales estamos implicados en el proyecto.

El fruto fundamental de la vivencia vocacionada del bautismo es la gratuidad en la entrega a la persona atendida, aspecto que no podrá jamás sustentarse en salario alguno y esta llamada es válida tanto para religiosas como para seglares.

 

MARTES 9 de Mayo  (Juan 10, 22-30)

“Vosotros no creéis porque no sois de mis ovejas”.

No sólo se trata de escuchar, de entender la Palabra. Se trata de querer seguirle. De confiar, de ponernos en camino tras sus huellas…

Para los judíos el dilema era más conceptual que vital. Por ello no fueron capaces de entender el mensaje. No estaban dispuestos a reconocer en aquel nazareno al Mesías. No es posible asentar el discipulado sólo en la aceptación de “ideas”. Es necesario el encuentro, el conocer al pastor y dejarse conocer por él. Parafraseando al Papa Francisco podemos recordar que los pastores deben tener “olor a oveja”, y también decir que quienes les siguen deben tener “olor a pastor”. Es decir, deben conocerle, deben compartir tiempos con él, deben “reconocer su voz”… Y esta dinámica supera ampliamente el ámbito de la lógica conceptual.

No hay seguimiento posible sin esta intimidad con el “pastor”.

 

 MIÉRCOLES 10 de Mayo  (Juan 12, 44-50)

“… no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo.”

No es sencillo aceptar a los demás sin emitir juicio de valor alguno sobre su pasado o su presente.  ¡Cuántas biografías destrozadas nos encontramos a diario dentro del mundo de la pastoral de la salud!

La aceptación no implica aprobarlo todo bueno. Significa entrar en una dinámica de comprensión misericordiosa, reconociendo la originalidad de cada persona y los avatares de su vida, evitando proyectar nuestra propia escala de valores, reconociendo en el otro su dignidad esencial como ser humano y como hijo de Dios.

Debemos recordar que sólo quien se siente aceptado incondicionalmente es capaz de asumir su realidad e iniciar un proceso de cambio, de sanación y salvación.  No hay otro camino.

Cada uno de nosotros cuenta con esa consideración positiva fundamental de Dios sobre nuestras personas y estamos llamados a asumir esa misma actitud en nuestras relaciones interpersonales.  No juzgar no significa ser ingenuo, sino misericordioso, como Dios es misericordioso.

 

JUEVES  11 de Mayo   (Juan 13, 16-20)

“Dichosos vosotros si entendéis estas cosas…”

Jesús anuncia que uno de los suyos, uno que compartía su pan, lo entregaría.

La traición, aún al interno de quienes nos proclamamos seguidores de Jesús, está presente hoy como lo estuvo en la primera hora.

Jesús nos invita a “lavar los pies” para quitar y quitarnos las impurezas del camino. No se trata de “hacer polvareda” sino de implicarnos en la limpieza. La crítica fácil, el dedo acusador, la falta de comprensión no pueden ganarnos la partida…

¡Todo un reto cargado de simbolismo y aplicable a nuestra realidad personal y comunitaria!

  

VIERNES 12 de Mayo  (Juan 14, 1-6)

“Señor, no sabemos a dónde vas…”

Jesús es el camino, la verdad y la vida. Lo hemos leído y reflexionado cientos de veces, pero en cada recodo de nuestra vida la llamada tiene un color, una insistencia, una luz particular.

Social y comunitariamente vivimos tiempos marcados por la incertidumbre y, en ocasiones, por la angustia que de ella se deriva.

También en esas situaciones, Jesús continúa presentándose como camino, verdad y vida. De nosotros depende buscarlo e integrarlo en el diario vivir, o perderemos el rumbo. La referencia para el encuentro sigue siendo su Palabra. Así nos lo recuerda el Papa Francisco:

“Cada vez que intentamos volver a la fuente y recuperar la frescura original del Evangelio, brotan nuevos caminos, métodos creativos, otras formas de expresión, signos más elocuentes, palabras cargadas de renovado significado para el mundo actual. En realidad, toda auténtica acción evangelizadora es siempre «nueva».” (EG, 11)

 

SÁBADO 13 de Mayo  (Juan 14, 7-14)

“El que cree en mí, hará las obras que yo hago…”

La fe hecha vida se proyecta como anuncio convincente.   Es más… no hay anuncio posible sin esta coherencia buscada, entre fe y vida. Como afirma el Papa Francisco: “Esto tiene un valor pastoral.  También en esta época la gente prefiere escuchar a los testigos: «tiene sed de autenticidad […]” (EG, 150)

Ello no implica ser inmaculados, sino comprometernos a crecer en el camino del Evangelio, sin desistir ante las caídas. Por eso la coherencia es “buscada”, sabiéndonos profundamente amados por Dios, seguros de que “su amor tiene siempre la última palabra”.

En esta jornada tan mariana, en la que el mismo Papa Francisco ha querido estar cerca de María bajo la advocación de Nuestra Señora de Fátima, pidamos a nuestra “madre buena”, que nos aliente en el camino, que nos haga sensibles a las llamadas cotidianas que el Señor nos hace desde la Palabra.