XXX SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO: 28 de Octubre al 3 de Noviembre de 2018

DOMINGO  28 de Octubre (Marcos 10, 46-52)

 “Pero él gritaba cada vez más…”

Bartimeo proclama públicamente su esperanza, no se amedrenta ante las reprensiones de los demás y logra su objetivo.

Vivimos en una cultura donde proclamar la propia fe resulta molesto para muchos. Podemos silenciarnos… o alzar aún más la voz. En esta opción va implícita la fortaleza de nuestra propia fe. ¿Qué significa hoy gritar nuestro credo en Jesús de Nazaret?

Sin duda no se trata de una vuelta al exhibicionismo religioso. Significa ante todo una conciencia fundamental de nuestras debilidades y una actitud de abandono confiado en las manos de Dios. No es desde la prepotencia de quienes se sienten libres de todo mal que seremos mejores cristianos. ¡Todo lo contrario! Sin duda el grito de una vida coherente es el que necesitamos oír y proclamar…

 

LUNES 29 de Octubre  (Lucas 13, 10-17)

 “Y puso las manos sobre ella.”

La misión que nos han confiado como agentes de pastoral de la salud nos coloca ante cuadros desoladores de dolor, de enfermedades crónicas que deterioran profundamente la vida. ¡Cómo nos gustaría liberarles, hacer que se pongan de pie! Pero no tenemos el don de hacer milagros.

Sin embargo podemos imponer nuestras manos. Conocemos la importancia de la cercanía, el contacto pausado, la fuerza sanadora de una caricia. Son recursos que humanizan el trato y potencian la capacidad curativa de la persona afectada por una enfermedad al sentirse acogido y amado.

Imponer las manos significa comprometernos con el otro desde la ternura, tocar y dejarnos tocar… O, como dice el Papa Francisco: “La comunidad evangelizadora se mete con obras y gestos en la vida cotidiana de los demás, achica distancias, se abaja hasta la humillación si es necesario, y asume la vida humana, tocando la carne sufriente de Cristo en el pueblo.” (EG, 24)

 

MARTES 30 de Octubre (Lucas 13, 18-21

¿Con qué puede compararse el Reino de Dios?

Jesús no dice el inicio del Reino se parece a un grano de mostaza”, sino el Reino en sí mismo, es como un grano de mostaza.

Se trata por tanto de una seña de identidad que permanece. Aún en su desarrollo más pleno debe conservar la dinámica de la levadura que fermenta la masa y de la pequeña semilla que se convierte en un frondoso árbol.

La pequeñez, la sencillez, deben ser valores intrínsecos a cualquier realidad del Reino de Dios. Ser humildes no significa ser débiles. El Papa Francisco nos recuerda en Evangelii Gaudium que la humildad y la ternura son virtudes de los “fuertes”, de los que no necesitan alzarse sobre nadie para ser ellos mismos, de los que, como María de Nazaret, creen en el valor revolucionario de la ternura y del cariño y no dejan lugar a la prepotencia. (EG, 288)

 

MIÉRCOLES 31 de Octubre  (Lucas 13, 22-30)

 “Hay últimos que serán primeros y primeros que serán últimos”.

El Evangelio subraya la centralidad de la espiritualidad de la sencillez como criterio de vida cristiana, cualquiera sea el lugar que nos dé la sociedad o la institución.

Quienes tienen alguna responsabilidad deben ser los primeros en asumir una actitud de servicio, de disponibilidad, de responsabilidad, de cercanía.

Esa es la clave para ser reconocidos como discípulos del Señor. No importan los cargos, la preparación, las relaciones sociales, los contactos con la jerarquía eclesiástica…

La salvación, siendo esencialmente un don de Dios, reclama el esfuerzo de pasar por la “puerta estrecha” de la sencillez en el servicio a los hermanos y hermanas.

 

JUEVES 1 de Noviembre (Lucas 13. 31-35)                                                TODOS LOS SANTOS

Celebrar a todos los santos no es sólo contemplar la heroicidad de quienes vivieron con radicalidad el evangelio, sino también una invitación a retomar la común vocación a la santidad.

Nos recuerda el Papa Francisco en Gaudete et exultae: “Aunque las palabras de Jesús puedan parecernos poéticas, sin embargo van muy a contracorriente con respecto a lo que es costumbre, a lo que se hace en la sociedad; y, si bien este mensaje de Jesús nos atrae, en realidad el mundo nos lleva hacia otro estilo de vida. Las bienaventuranzas de ninguna manera son algo liviano o superficial; al contrario, ya que solo podemos vivirlas si el Espíritu Santo nos invade con toda su potencia y nos libera de la debilidad del egoísmo, de la comodidad, del orgullo.

Volvamos a escuchar a Jesús, con todo el amor y el respeto que merece el Maestro. Permitámosle que nos golpee con sus palabras, que nos desafíe, que nos interpele a un cambio real de vida. De otro modo, la santidad será solo palabras.”

 

 VIERNES 2 de Noviembre: (Lucas 14, 1-6)

 “Si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano”.

Marta y María lloran a su hermano muerto, los vecinos se asocian al dolor y también Jesús se hace presente. Podemos detener nuestra mirada en este hecho. En medio del dolor, Jesús está. Aún no hay resurrección, sino dolor y desconsuelo, pero Él se acerca, Él está allí, cercano al dolor de sus amigas.

¿Es acaso la fe una respuesta coherente ante el dolor? ¿Creemos que quien haya muerto vivirá para siempre? Hagamos hoy, de nuestra reflexión, un momento de humilde y profunda oración para que todo aquel que sufra el dolor de la  muerte, encuentre en Jesús la respuesta de vida que anhela.

 

 SÁBADO 3 de Noviembre: (Lucas 14, 1.7-11)

“Los invitados escogían para sí los puestos de honor”.

Algunas reflexiones del Papa Francisco en “Gaudete et Exaultatae”:

La humildad solamente puede arraigarse en el corazón a través de las humillaciones. Sin ellas no hay humildad ni santidad. Si tú no eres capaz de soportar y ofrecer algunas humillaciones no eres humilde y no estás en el camino de la santidad.

No me refiero solo a las situaciones crudas de martirio, sino a las humillaciones cotidianas de aquellos que callan para salvar a su familia, o evitan hablar bien de sí mismos y prefieren exaltar a otros en lugar de gloriarse, eligen las tareas menos brillantes, e incluso a veces prefieren soportar algo injusto para ofrecerlo al Señor.

No es caminar con la cabeza baja, hablar poco o escapar de la sociedad. A veces, precisamente porque está liberado del egocentrismo, alguien puede atreverse a discutir amablemente, a reclamar justicia o a defender a los débiles ante los poderosos, aunque eso le traiga consecuencias negativas para su imagen.

No digo que la humillación sea algo agradable, porque eso sería masoquismo, sino que se trata de un camino para imitar a Jesús y crecer en la unión con él. Esto no se entiende naturalmente y el mundo se burla de semejante propuesta. Es una gracia que necesitamos suplicar: «Señor, cuando lleguen las humillaciones, ayúdame a sentir que estoy detrás de ti, en tu camino».