III SEMANA DE ADVIENTO: 15 al 21 de Diciembre de 2019

DOMINGO 15 de Diciembre  (Mateo 11, 2-11)

“¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?”

Juan el Bautista esperaba a un Mesías comprometido con los “pobres de Yavé”, dador de vida, amante de los más pobres…  Nosotros, ¿a quién esperamos? ¿Qué pruebas nos hacen falta para creer que el Niño de Belén es el verdadero Mesías y que no debemos esperar a otro?

Desde otra perspectiva, ¿encontrarán los hombres y mujeres de nuestro tiempo en nosotros, en la Iglesia, el testimonio fehaciente de que el Reino se hace presente porque nos comprometemos con los pobres, con los enfermos, con quienes están “muertos”…?

Existe una manera “escandalosa” de vivir la Navidad que poco tiene que ver con la propuesta hedonista que se nos hace desde el consumismo. El carisma del agente de pastoral de la salud en sí mismo se inserta de lleno en esta prueba de mesianidad que Jesús presenta a Juan. ¿Nos atrevemos a vivirlo en clave de Evangelio? Ahí reside el desafío de nuestro Adviento.

El Papa Francisco nos recuerda que nos somos discípulos por un lado y misioneros por otro, sino ser discípulo significa ser misionero. ¿Somos “discípulos-misioneros”, es decir, testigos que proclamamos con gozo haber encontrado al Mesías?

 

 LUNES 16 de Diciembre  (Mateo 21, 23-27)

“¿Quién te ha dado semejante autoridad?”

Los ancianos y sacerdotes no discuten el contenido del mensaje sino su validez formal. “¿Con qué autoridad haces esto?” La confusión entre poder y autoridad es frecuente y tendemos a valorar el mensaje según el poder o prestigio del mensajero.

La apertura a la acción del Espíritu que actúa donde y cuando quiere, continúa siendo un desafío para nosotros, como en su tiempo lo fue para las autoridades religiosas del judaísmo.

Debemos ser capaces de escuchar el profetismo informal presente en las más diversas realidades, en las personas menos tenidas en cuenta. ¿O es que estamos convencidos que la verdad sólo puede provenir de quien ostenta el poder? Más aún… ¿creemos que Dios ha encerrado toda su misericordia, su verdad, su amor solamente en nosotros o estamos convencidos que su presencia no acepta fronteras?

Hasta tanto no nos convenzamos que Él se manifiesta también en aquellos que piensan distinto y hasta le dan otro nombre, no seremos capaces de entender al Dios de los Evangelios.

 

MARTES 17 de Diciembre  (Mateo 1, 1-17)

Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham.” 

En la genealogía de Jesús encontramos personajes marcados por la contradicción y por pecados como el homicidio, la idolatría y la prostitución.

Una lectura espiritual del contexto familiar de Jesús nos puede sugerir muchos mensajes: ante todo se trata de un grito de esperanza en el ser humano. No hay pasado ni pecado que no pueda ser redimido. La condición humana, cualquiera sea, puede dar lugar a la vida y a la vida en abundancia.

Por otro lado el evangelio de hoy nos recuerda la necesidad de reconocer y aceptar la negatividad en nuestras vidas. Darle nombre a las “heridas” del pasado es el mejor camino para reconciliarnos y vivir en paz.  Dios, encarnado en el Niño de Belén, nos está diciendo que es posible crecer en el bien y la verdad, cualquiera sea nuestra trayectoria biográfica.

Se trata, sin duda alguna, de un mensaje que nos debe llenar de esperanza y que nos invita a una actitud de profunda sencillez y humildad

  

MIÉRCOLES 18 de Diciembre  (Mateo 1, 18-24)

 “José que era justo y no quería denunciarla…”

¿Por qué José no se apresuró a condenar a María? La falta era gravísima y  más que evidente. ¿Por qué contuvo su ira y no descargó los sentimientos que le provocaban una ofensa tan profunda? ¿Por qué prefirió alejarse “en secreto” cuando podría haber resarcido su imagen ante su familia, sus amigos, la sociedad, simplemente narrando los hechos?

San José nos invita a la prudencia, al sigilo, hasta al silencio… que nos permiten ver con perspectiva y desde el respeto incondicional al otro, la situación. ¡Cuántas incomprensiones e injusticias evitaríamos si en lugar de reaccionar desde un sentido de “justicia”  incorporáramos la prudencia, el respeto, la misericordia y hasta el cariño incondicional por el otro!

 

 JUEVES 19 de Diciembre  (Lucas 1, 5-25)

 “Isabel era estéril.”

La llamada es clara: dar vida a pesar de nuestras pobrezas, engendrar vida desde y con nuestras debilidades.

Lo podemos proyectar en lo personal y también en lo institucional. El punto de inflexión que rompe la lógica del cálculo estriba en la fe. De hecho ese ha sido el paso más difícil para Zacarías. No era razonable creer en la promesa de una próxima paternidad, pero en Dios todo era posible.

Muchos “imposibles” se presentan en nuestra vida y ante ellos cabe el derrotismo de la lógica racional o la racionalidad de la fe.

 

 

VIERNES 20 de Diciembre (Lucas 1, 26-38)

 “Hágase en mí según tu palabra.”

El Hijo de Dios se hizo hombre y en él, los hombres nos hemos hecho hijos de Dios. Por eso, y porque Jesús se encargó de explicitarlo desde su vida y predicación, los cristianos somos capaces de encontrar a Dios en nuestros hermanos y en la historia que como humanidad vamos construyendo día a día.

Dios mismo es quien que nos espera en el rostro de las personas que atendemos en nuestros centros y dispositivos. A Él servimos sirviendo en nuestros hermanos necesitados.

El misterio de la encarnación constituye el fundamento de la espiritualidad y la misión Hospitalaria. Benito Menni, María Angustias y María Josefa fueron personas que, desde la fe, supieron ver en las personas con enfermedad mental al mismo Jesús. Optaron por servir al Dios encarnado en tantas personas olvidadas, despreciadas, necesitadas de acogida, apoyo, consuelo, cuidado…

 

 SÁBADO 21 de Diciembre  (Lucas 1, 39-45)

 “Se puso en camino, a toda prisa…”

El encuentro de María con su prima Isabel ha dado lugar a innumerables comentarios exegéticos y constituye una fuente inagotable para la espiritualidad cristiana.

Como María, cada uno de nosotros se ve en la necesidad de discernir el qué, el cómo, el cuándo… de nuestro compromiso cotidiano. ¡Son tantas las llamadas!

María nos regala un criterio y un testimonio. Ella “salió de prisa”. No podemos detenernos en interminables considerandos para asumir una decisión en nuestras vidas. Hay que actuar, hay que moverse, hay que dejar las propias zonas de confort, los “cobertizos” de los que nos habla el Papa Francisco en Evangelii Gaudium. Exponernos a la intemperie, tocar el dolor del otro, “complicarnos maravillosamente la vida”. Ir de prisa no implica perder la calma ni la razón… Nos anima a tomar decisiones valientes, priorizando al más necesitado.