OCTAVA y II SEMANA DEL TIEMPO DE NAVIDAD: 29 de Diciembre a 4 de Enero de 2020

DOMINGO 29 de Diciembre (Mateo 2, 13-15.19-23)                          SAGRADA FAMILIA DE NAZARET

 

“…se fue a Egipto (…) volvió a Israel (…) se retiró a Galilea y se estableció en Nazaret.”

No resulta difícil establecer un paralelismo entre la vida itinerante de la familia de Nazaret y el fenómeno inmigratorio. Sabemos de los conflictos que generan millones de personas que buscan un lugar seguro, simplemente para poder vivir. Los países ricos cierran sus fronteras para preservar su bienestar mientras miles de seres humanos continúan deambulando por el mundo, soñando ser acogidos.

Hemos tejido una tupida red  que nos vuelve inmunes al drama humanitario que nos rodea. Y esa “sagrada familia”, continúa buscando un sitio seguro donde establecerse.

Seguramente se nos encoge el corazón cuando nos adentramos en este tema de tanta actualidad y el sentimiento de impotencia puede paralizarnos.

Me pregunto si no puedo hacer algo, si debo continuar en mi rol de ”espectador conmovido” y poco más… Si no debo dar un paso al frente y generar otra red, esta vez no para protegernos, sino para multiplicarnos en gestos de solidaridad.

Millones de familias siguen buscando su “Nazaret” y necesitan de “ángeles” que le señalen un camino y les salven de los peligros.

 

 LUNES 30 de Diciembre (Lucas 2, 36-40)

 ”…hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación… “

San Lucas nos presenta hoy a Ana, la anciana que, junto a Simeón, supo descubrir al Mesías en aquel pequeño niño que era presentado en el templo al Mesías prometido.  Sus jóvenes padres acababan de llegar desde la lejana Galilea para cumplir con la Ley de Moisés, ofreciendo a Dios su hijo primogénito.

Las apariencias eran las mismas que rodeaban las numerosas presentaciones de niños recién nacidos que se hacían diario. Nada especial, nada espectacular, ninguna contraseña secreta hacía pensar que aquel pequeño galileo fuera la Palabra.

Pero Ana supo ver más allá de las apariencias y proclamó ante los demás la certeza de estar ante el liberador esperado por todo el pueblo.

¿De dónde había sacado Ana esa sensibilidad espiritual para ver donde los demás no veían? San Lucas nos narra que Ana “no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones.”

Su capacidad de ver lo que está más allá de circunstancias aparentemente normales le viene de una espiritualidad profunda, madurada en el ayuno y la oración. Ana no era una persona superficial, todo lo contrario, su vida había ganado en serena profundidad…

Descubrir a Dios en lo cotidiano constituye un desafío para todo creyente, para todo discípulo de Jesús de Nazaret. Ser  capaces de vivir en la clave de un Dios que se hace presente en la historia que protagonizamos implica cultivar una profunda espiritualidad.

¡Cuántas presencias de Dios se nos escapan en el día a día! Y perdemos así la ocasión de vivir en clave de evangelio la cotidianeidad.

Ana nos invita a descubrir y a proclamar ante los demás a ese Dios salvador que acompaña nuestras vidas. Quizá necesitemos reivindicar la necesidad de la reflexión serena, la meditación, la contemplación… Son formas que nos devuelven la sensibilidad espiritual suficiente para vivir en Dios las realidades cotidianas.

 

 

MARTES 31 de Diciembre  (Juan 1, 1-18)

 “… habitó entre nosotros”.

Se cierra hoy un año más en el que hemos caminado juntos, releyendo nuestra identidad de cristianos a la luz de la Palabra.

Lo hacemos con un texto que reivindica la centralidad de la Palabra  como fuente de “gracia y verdad”.

La Palabra ha venido hasta nosotros. En su escucha y seguimiento nutrimos nuestra filiación divina.  La Palabra nos hace hijos en el Hijo. La Palabra genera la raíz común que nos hace hermanos y hermanas.

El Papa Francisco en Amoris Laetitia nos recuerda que  “…la Palabra no se muestra como una secuencia de tesis abstractas, sino como una compañera de viaje…”  Es lo que hemos intentado, día tras día, releyendo nuestras penas y alegría, esperanzas y desesperanzas… para encontrar en ella una meta, una luz, una dirección hacia donde peregrinar.

Por la Palabra el Espíritu Santo habitará en nosotros, invitándonos a avanzar hacia el encuentro definitivo con el Padre, en la imitación del Hijo.

 

 MIÉRCOLES 1 de Enero de 2020  (Lucas 2, 16-21)                    SANTA MARÍA MADRE DE DIOS

 “… se admiraban de lo que decían.”

Los pastores eran personas consideradas impuras y de mala reputación.  Sin embargo quienes les oían “se admiraban de lo que decían”.

En esta jornada recordamos que no es posible la paz sin el encuentro y la escucha al diferente, sin aceptarle incondicionalmente.

Aceptar y acoger al otro, al diferente, abrirnos a su palabra con mirada y corazón de madre, implica un largo camino de ascesis. Tendemos a considerar que la razón está sólo de nuestra parte y nos cerramos a esas “semillas de verdad”, presentes sin duda, en aquellos que no consideramos de “nuestra cuerda”.

La misión  nos invita a ser constructores de fraternidad, de paz, con un corazón de “madre”, al estilo de María de Nazaret.

Vivimos tiempos muy dolorosos, marcados por lo que el Papa Francisco llama “la tercera guerra mundial en capítulos”. La violencia en sus más diversas formas se multiplica en cientos de focos a lo largo y ancho de todo el planeta.  ¡

En esta jornada mundial por la paz, tengamos un momento de oración y pidamos a Dios el don de la Paz.

Propongámonos ser más acogedores, más inclusivos. Y que el Señor nos siga acompañando en este nuevo año que hoy comienza.

 

 JUEVES 2 de Enero  (Juan 1, 19-28)                                                       II SEMANA DE NAVIDAD

 “Yo bautizo con agua…”

En la vivencia de la misión buscamos aportar todo lo que puede ser beneficioso para las personas que atendemos. Si lo hacemos comprometidos con la calidad lograremos buenos resultados y, quizá, reconocimiento y prestigio social.

Pero como el Bautista, nosotros “bautizamos con agua”. Desde la mística, sabemos que “hay alguien”, que quizá muchos de nuestros destinatarios no conozcan, que “viene detrás nuestra” y que es el auténtico sanador, el dador de la salud en su plenitud. Nosotros somos mediadores de esa misma sanación/salvación.

Estamos llamados a cultivar esta dimensión trascendente del carisma. Una dimensión que nos sitúa en el justo lugar de quienes se esfuerzan por dar lo mejor, desde un espíritu evangélico de sencillez y de humildad, reconociendo el profundo misterio de los procesos de sanación/salvación que acompañamos.

 

 VIERNES  3 de Enero  (Juan 1, 29-34)

 “Yo no lo conocía.”

El Bautista no supo reconocer en su primo al Mesías esperado hasta tanto no se lo confirmara el Espíritu.

Dios está presente en lo cotidiano y anónimo, en signos de los tiempos cercanos y en personas insospechadas.

El desafío consiste en saber hacer una adecuada lectura, contemplando (no sólo mirando) la realidad desde el Espíritu.

Esta hermenéutica de la historia en clave creyente nos permite identificar al Dios encarnado que ha puesto su tienda entre nosotros y que, también desde la misión que se nos ha confiado, nos descubre cada día su rostro.

 

 SÁBADO 4 de Enero  (Juan 1, 35-42)

 “Venid y lo veréis.”  

La respuesta del maestro a dos discípulos de Juan es un referente teológico-pastoral clave a la hora de comprender la pedagogía de Dios en todo proceso evangelizador.

El testimonio de vida no puede faltar a la hora de anunciar el Reino. La Palabra de Jesús, siendo fundamental, adquiere consistencia en la coherencia vital.

Necesitamos integrar palabra y vida. Debemos ser capaces de convocar a la vivencia vocacionada del carisma y repetir con Jesús: ¿Queréis saber en qué consiste la propuesta cristiana? Venid y vedlo en nosotros/as.

Los modelos vitales de identificación son más necesarios que nunca.