II SEMANA DEL TIEMPO DE NAVIDAD: 5 al 11 de Enero de 2020

DOMINGO 5 de Enero (Mateo 2, 13-15.19-23)

 “…se fue a Egipto (…) volvió a Israel (…) se retiró a Galilea y se estableció en Nazaret.”

No resulta difícil establecer un paralelismo entre la vida itinerante de la familia de Nazaret y el fenómeno inmigratorio. Sabemos de los conflictos que generan millones de personas que buscan un lugar seguro, simplemente para poder vivir. Los países ricos cierran sus fronteras para preservar su bienestar mientras miles de seres humanos continúan deambulando por el mundo, soñando ser acogidos.

Hemos tejido una tupida red  que nos vuelve inmunes al drama humanitario que nos rodea. Y esa “sagrada familia”, continúa buscando un sitio seguro donde establecerse.

Seguramente se nos encoge el corazón cuando nos adentramos en este tema de tanta actualidad y el sentimiento de impotencia puede paralizarnos.

Me pregunto si no puedo hacer algo, si debo continuar en mi rol de ”espectador conmovido” y poco más… Si no debo dar un paso al frente y generar otra red, esta vez no para protegernos, sino para multiplicarnos en gestos de solidaridad.

Millones de familias siguen buscando su “Nazaret” y necesitan de “ángeles” que le señalen un camino y les salven de los peligros.

 

 

LUNES 6 de Enero (Mateo 2, 1-12)                                                                        EPIFANÍA DEL SEÑOR

Herodes, un infanticida, orienta los pasos de los Magos de Oriente hacia el Niño de Belén. Es desconcertante, pero la verdad puede manifestarse por caminos insospechados.

En el servicio a personas sumidas en enfermedades psíquicas, ¡cuántas veces nos topamos con la proclamación de verdades que golpean nuestras mentes y nuestros corazones! ¡Qué importante resulta entonces acoger esas mediaciones inesperadas del Espíritu!

La situación extrema de una figura tan contestable como Herodes parece invitarnos a no poner barreras ideológicas, afectivas, sociales, religiosas… al desafío constante de buscar el camino para encontrarnos con el Niño de Belén.

Ello no implica renunciar a las propias verdades (los Magos regresaron por otro camino…), sino estar abiertos a esas “semillas de verdad” presentes en personas y en situaciones que a priori no acogemos como referentes.

 

 

MARTES 7 de Enero  (Mateo 4, 12-17.23-25)

 “Id a la Galilea de los gentiles”

La misión en el contexto de nuestros centros y dispositivos, siendo válida, reclama un nuevo enfoque que necesariamente partirá de opciones personales. ¿Estamos dispuestos a salir a la intemperie de la “Galilea de los gentiles” y hacer presente la función social y humanizadora del carisma?  Para ello, hay que alejarse de “Nazaret”, hay que salir de las llamadas “zonas de confort” para explorar nuevos caminos.

En cierto modo el temor a lo desconocido nos paraliza, tememos equivocarnos, nos da vértigo perder lo conseguido y en lo que nos sentimos seguros. Todo ello, siendo entendible, puede resultar empobrecedor de cara a la proyección y vitalidad del carisma.

Quedarnos “dentro”, ser esa “iglesia autorreferencial” de la que nos habla el Papa Francisco en Evangelii Gaudium, nos empobrece, nos hace renunciar al perfil misionero, seña de identidad de todo seguidor del Nazareno.

 

 MIÉRCOLES 8 de Enero (Marcos 6, 34-44)

 “Comieron todos y se saciaron…”

La multiplicación de los panes y los peces nos invita a hacernos cargo de las personas necesitadas que nos rodean, a no dar respuestas evasivas, a no buscar justificaciones en las propias debilidades…

Nos invita a creer en la potencialidad de nuestros recursos y en la necesidad de discernir para ser más eficaces. La parábola nos habla de liderazgo, de organización, de la fuerza de un trabajo hecho en equipo y de la bondad de un Dios que multiplica hasta lo impensable nuestro compromiso.

Ningún cálculo podrá jamás prever la fuerza de la solidaridad y el compromiso. ¡Siempre se desbordan las expectativas más optimistas!

  

JUEVES 9 de Enero  (Marcos 6, 45-52)

 “Ánimo, soy yo. No temáis.”

Vivir “en cristiano” no siempre es fácil. El viento arrecia y las olas amenazan una estabilidad que se nos presenta debilitada.

Pero siempre contamos con la presencia del Señor que se sube a la barca de nuestra vida y nos repite como a los primeros discípulos “Ánimo, no temáis.”

No se trata de infantilizarnos volcando en el otro nuestros temores y dificultades. La confianza en su presencia, más que crear dependencias o  alienación, da sentido y nuevas  motivaciones a nuestro compromiso cotidiano. La fe no nos narcotiza sino llena de razones nuestras luchas.

  

VIERNES  10 de Enero (Lucas 4, 14-22ª)

 “Fue a Nazaret, donde se había criado.”  

Los evangelios nos presentan distintas “epifanías” del Señor. En esta ocasión se trata de su presentación en la sinagoga del pueblo que le vio crecer.

Sus paisanos le conocían y habían llegado voces que afirmaban que el mismo Juan el Bautista le había presentado como el Mesías esperado. No perdieron la preciosa ocasión de tenerlo entre ellos y el jefe de la sinagoga le autorizó a  leer y comentar las Sagradas Escrituras.

Jesús desenrolló el libro del profeta Isaías y leyó: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor.» Y terminó afirmando: «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.»

Para muchos teólogos y pastoralistas, este pasaje del profeta manifiesta la razón de ser de la Navidad. La presencia de Jesús entre nosotros es ante todo una buena noticia de liberación. Una liberación que, alcanzando a todos, privilegia a los pobres y enfermos. La única forma de volver posible e igualitaria la justicia es privilegiando a los más débiles.

 

 SÁBADO 11 de Enero  (Lucas 5, 12-16)

 “Ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés para que les conste. “ 

El leproso se hizo un hueco entre la multitud.  Seguramente aprovechó el rechazo y el temor que despertaba su enfermedad para que nadie se interpusiera en su deseo de acercarse a Jesús.  Al llegar a su lado cayó rostro en tierra y le suplicó: «Señor, si quieres puedes limpiarme». Él extendió la mano y le tocó diciendo: «Quiero, queda limpio».

Jesús pide al recién curado que cumpla con la ley de Moisés. Que se presente ante el sacerdote y realice la ofrenda.  Y le dice el por qué: “para que les conste”. Dicho de otro modo: para que los sacerdotes reconozcan en tu curación la presencia del Dios de Israel, actuando en Jesús de Nazaret.

Pienso en la dimensión intimista, en el “capillismo” al que muchos movimientos filosóficos y políticos quieren recluir la vivencia religiosa. El texto evangélico nos presenta una llamada a reaccionar para que el testimonio se convierta en una forma de anuncio privilegiada, aún allí donde no nos quieran oír.

Como ayer, sigue siendo necesario expresar  nuestro credo evangelizador, no solamente entre quienes nos rodean y aprueban, sino buscando dar testimonio en otros ámbitos, quizá allí donde no se desea escucharnos, pero donde haga falta compartir las “semillas de verdad”.  No para ufanarnos de nuestros logros, sino para hacer explícita y reconocible la presencia de Dios.