II SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO 19 al 25 de Enero de 2020

DOMINGO 19 de Enero  (Juan 1, 29-34)

“Yo mismo no sabía quién era él.”

El Bautista no supo reconocer en su primo al Mesías esperado hasta tanto no se lo confirmara el Espíritu.

Dios está presente en lo cotidiano y anónimo, en signos de los tiempos cercanos y en personas insospechadas.

El desafío consiste en saber hacer una adecuada lectura, contemplando (no sólo mirando) la realidad desde el Espíritu.

Esta hermenéutica de la historia en clave creyente nos permite identificar al Dios encarnado que ha puesto su tienda entre nosotros y que, también desde nuestro servicio como agentes de pastoral de la salud, nos descubre cada día su rostro.

¿Podremos hoy encontrar al Señor en esas personas con las que compartimos la jornada?

 

LUNES 20 de Enero  (Marcos 2, 18-22)

“Nadie remienda un vestido viejo con un trozo de tela sin tundir…”

Para tundir una tela nueva hay que remojarla, fregarla y dejarla secar. De este modo pierde la rigidez del apresto. Este proceso la hace apta para usarla, por ejemplo, como remiendo en un vestido viejo, facilitando el proceso de acomodación de lo nuevo con lo viejo, sin provocar roturas.

Esta anotación del evangelio, que por cierto no es recogida en todas las ediciones de la Sagrada Escritura, me hace pensar en la paciencia, la capacidad de respetar los ritmos diversos de las personas y de las instituciones a la hora de asumir cambios.

El paño nuevo y “sin apresto” aporta su novedad sin por ello destrozar al paño viejo. Toda una metáfora de lo que debemos y no debemos hacer en el camino de fidelidad creativa al evangelio y al carisma que nos identifica.

Hay veces que hay demasiado “apresto”, demasiada rigidez en las propuestas de cambio. Entonces provocamos rupturas…

Podemos ver cómo nuestras sociedades se están llenando de “apresto”… Cada uno, desde la rigidez de sus ideas busca imponer, someter, vencer… Eso de integrar e integrarse, acoger y ser acogido, incorporar y ser incorporado, visibilizar y ser visibilizado… aparece como una utopía cada vez más lejana. Habrá que caminar…

 

  

MARTES 21 de Enero  (Marcos 2, 23-28)

“El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado.”

En numerosas ocasiones Jesús tuvo que enfrentarse a quienes habían hecho de las normas socio-religiosas el único e inamovible referente ético.

Las normas ciertamente son necesarias para garantizar un estilo de vida compartido. Las dificultades surgen cuando nos olvidamos del proyecto y nos empequeñecemos en lo formal.

El evangelio nos recuerda que al centro del proyecto cristiano está la plenitud de la  persona. Una plenitud que sólo será plena en el encuentro amoroso con el Padre.

Todo lo que atente contra el ser humano no puede asociarse al proyecto de Jesús de Nazaret. Ese es el criterio de validación de toda norma.

El Papa Francisco sabe bien cuánta resistencia encuentra su plan pastoral entre algunos prelados de la curia vaticana que intentan conservar a ultranza las normas tejidas durante siglos y que ciertamente no están en sintonía con la misericordia del Padre. ¡Nada nuevo! ¡Nada que ya no hubiera vivido el mismo Jesús de Nazaret!

 

  

MIÉRCOLES 22 de Enero  (Marcos 3, 1-6)

¿Qué está permitido hacer en sábado: el bien o el mal?

Con esta pregunta tan simple, Jesús confronta la actitud legalista de quienes rechazaban su propuesta centrada en el encuentro de toda persona con el amor incondicional del Padre.  El rechazo era tal que llegaron al punto de desear su muerte.

A pesar de su dramatismo, la persecución o la incomprensión no pueden ser elementos suficientes para frenar la vivencia coherente de la propia misión.

Hay tanta valentía en la paciencia de quien sabe esperar los ritmos dados por el contexto personal o eclesial, como en quien provoca rupturas, orientadas a despertar o apresurar procesos de humanización y evangelio.

El Papa Francisco está viviendo en sus carnes esta dimensión traumática del seguimiento.  Nunca la uniformidad o las normas pueden ser esgrimidas como criterios para renunciar a la radicalidad del Evangelio.

 

 

JUEVES 23 de Enero  (Marcos 3, 7-12)

 “Había sanado a tantos enfermos que se echaban sobre él para tocarle.”

Meditar estas palabras desde la vivencia de nuestra misión nos permite entender el vaciamiento y el riesgo que implica comprometernos con la salud del otro.

La persona enferma se nos  impone, es decir,  entra en nuestro espacio, no nos deja en paz, nos interroga. Se trata de una realidad cotidiana que podemos sufrirla o asumirla desde la libertad y el compromiso amoroso.

Jesús se dejaba tocar, pero al mismo tiempo pide una barca para apartarse un poco de la gente. ¡Qué sugestivo! Dejarnos tocar y guardar distancias para respetarles y respetarnos en nuestra libertad.

 

VIERNES 24 de Enero (Marcos 3, 13-19)

“…llamó a los que le pareció conveniente…”

¿Cómo fue que Jesús eligió entre sus seguidores a los doce apóstoles?

Marcos da una sola razón: “llamó a los que le pareció…”.  No contaron los méritos, ni la estirpe, ni una pretendida promesa de fidelidad. Apostó, sin garantía alguna, por cada uno de ellos y les envió “a predicar”.

Y aquellos hombres, marcados por sus debilidades, fueron instrumentos en la conformación de las primeras comunidades cristianas y continúan siendo referentes en la construcción de la comunidad eclesial.

Ese mismo Dios continúa su misión encarnado en nuestras debilidades y también en nuestras potencialidades. Hoy nos relanza a evangelizar. Y, por cierto, son muchas las formas que puede asumir tal misión,  atendiendo los contextos culturales y personales. La teología práctica o pastoral ha profundizado en esta diversidad. De ahí la apertura y creatividad implícitas en todo compromiso evangelizador.

 

SÁBADO 25 de Enero  (Marcos 16, 15-18)                                         CONVERSIÓN DE SAN PABLO

 “Pondrán las manos sobre los enfermos y los sanarán.”

El ser mediadores de la sanación/salvación de Dios, constituye uno de los signos que caracterizan a los seguidores del Señor, a los creyentes.

Se trata de una mediación que se hace presencia tangible, ternura en las manos…

La imposición de las manos sobre las personas enfermas nos coloca en sintonía con la sensibilidad evangélica del carisma que el Señor nos ha confiado como agentes de Pastoral de la Salud. Existe sobrada literatura que recupera y pone en valor la función sanadora de la cercanía y de los gestos de afecto con la persona que sufre.

Quizá necesitamos recuperar y potenciar el lenguaje de la caricia serena y respetuosa. Nos implica en el dolor del otro, nos ayuda a asumir sus limitaciones, a la vez que reafirmamos nuestra fe en la presencia amorosa de Dios en tantas biografías quebradas como las que acompañamos a diario.