V SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO: 9 al 15 de febrero de 2020

DOMINGO 9 de Febrero  (Mateo 5, 13-16)

 “Alumbre así vuestra luz a los hombres”.

Vivir en positivo el seguimiento implica ser luz para quienes nos rodean. Ello conlleva ponerse en evidencia, salir del anonimato cómodo, asumir un compromiso y un protagonismo del cual, muchas veces en nombre de una pretendida humildad, preferimos huir.

Desde este principio de “no aparecer” hemos ido, poco a poco, convirtiendo la religión y su vivencia en un tema privado, casi escondido.

Podemos reducir los ámbitos de actuación proactiva del evangelio en espacios intimistas, cuando lo que hoy urge es que nuestra luz alumbre a los hombres.

El Papa Francisco insistentemente nos convoca a complicarnos “maravillosamente” la vida, a vivir con intensidad nuestra “pertenencia a un pueblo”(EG, 270). Hacerlo, implica significar nuestra presencia desde criterios evangélicos.

 

LUNES 10 de Febrero  (Marcos 6, 53-56)

“Comenzaron a llevar enfermos en camillas a donde sabían estaba Jesús. “

Hoy contemplamos  a Jesús dando respuesta a las numerosas demandas de los pobladores de los pueblos que recorría.

Abrir el corazón a las personas implica entrar en la dinámica de sus solicitudes,  creando condiciones de empatía.  Sólo desde esta acogida generosa es posible una apertura más integral de la persona y hacer de la sanación una oportunidad salvífica.

También a nuestros centros llegan las personas buscando sanación. Pero nosotros queremos darles algo más. Queremos atenderles en sus debilidades a nivel integral. Nos interesa su cuerpo, su realidad psico-social y también espiritual.

Respondemos a sus demandas de salud, al tiempo que nos ofrecemos como mediadores de salvación.  Tarea delicada, tarea muchas veces callada, testimonial… pero que nunca debe faltar.

 

  

MARTES 11 de Febrero  (Marcos 7, 1-13)  JORNADA MUNDIAL DE LAS PERSONAS CON ENFERMEDAD

“Por qué tus discípulos no cumplen con el rito de lavarse…”

El Evangelio se nos manifiesta como ese amigo incómodo que nos “canta las cuarenta” y nos invita a despertar de nuestras respuestas en falso. Los fariseos se escandalizaban por la falta de respeto de los discípulos a las normas, a los ritos del judaísmo. Jesús les cuestiona la incoherencia de quien cumple con el rito, pero lo desdice con su vida.

No se trata de condenar la vida de oración o las liturgias, sino de entender que por sí mismas, sin un compromiso real y personal por construir un mundo más fraterno y solidario, se convierten en paja que se lleva el viento.

Vivimos una época en que las palabras se ultrajan “sin que se nos mueva un pelo”… Decimos una cosa y hacemos la contraria… “y no pasa nada”. Se han impuesto las “faith news” no sólo en el mundo político, empresarial… sino también en las relaciones interpersonales.

Ya nadie cuestiona las incoherencias… Han sido integradas como algo “natural”. Es la ética de la “no ética”… del “todo vale”.

Nuestra fe, nuestro amor al hermano, nuestra entrega se mide en la vida real. La liturgia expresa y construye nuestra fe, ciertamente, pero necesita proyectarse en la cotidianeidad para no convertirse en una farsa.

 

  

MIÉRCOLES 12 de Febrero  (Marcos 7, 14-23)

“Lo que sale del corazón…”

Jesús afirma la centralidad de las motivaciones interiores. Son ellas las que determinan el valor ético de cuanto vivimos.

Por nuestra humana condición tendemos a valorarlo todo desde las apariencias o desde las normas establecidas, con el consiguiente peligro de dar por bueno lo malo y viceversa.

La solución está en cultivar la interioridad, en adentrarnos en un comprometido discernimiento personal y comunitario que nos permita descubrir el valor de cuanto realizamos.

Muchos hemos crecido en un contexto de moralización extrema, donde el bien y el mal estaban claramente definidos. Jesús nos invita a ser más profundos… a no dejarnos llevar por normas y convenciones sociales, a ser responsables, desde el “corazón”, de cuanto hacemos.

 

 

JUEVES  13 de Febrero  (Marcos 7, 24-30)

 “Era una mujer extranjera, de nacionalidad sirofenicia.”

Jesús rompe las fronteras excluyentes del pueblo de Israel incorporando a toda persona de buena voluntad a su propuesta de VIDA.

Pone en evidencia la diversidad espiritual y religiosa de su interlocutora. Provoca que profundice en su demanda y termine haciendo explícita y pública su fe. ¡Todo un modelo de itinerario evangelizador!

Desde la experiencia pastoral vemos que son muchas las personas que, aun renegando públicamente de cualquier credo, terminan manifestando su sed espiritual.

El respeto por el pluralismo no consiste en renunciar a la dimensión evangelizadora del carisma sino en encontrar caminos de inclusión, desde una valoración objetiva de la bondad de otras propuestas espirituales. En ellas, también se manifiesta el Señor.

 

VIERNES 14 de Febrero (Lucas 10, 1-9)

 “… los manó delante, a todos los pueblos y lugares donde pensaba ir él.” 

Toda acción evangelizadora tiende a preparar el encuentro de los destinatarios con Jesús de Nazaret. No se trata por tanto de crear seguidores personales ni de ponernos en el centro como si fuéramos el contenido y el fin.

Estamos hablando de la dimensión mediadora que debe caracterizar toda evangelización.  Una mediación que nos descentra para poner al centro al mismo Jesús de Nazaret. Aquellos setenta y dos discípulos fueron preparando el camino para la llegada del Maestro.

Nosotros, desde nuestra misión como agentes de pastoral de la salud, también preparamos el encuentro de nuestros destinatarios con quien les brinda respuestas a sus preguntas de sentido.

 

 

SÁBADO 15 de febrero  (Marcos 8, 1-10)

Como los discípulos en la multiplicación de los peces y de los panes, estamos llamados a servir de mediadores en el cuidado de las personas con enfermedad que nos son confiadas.

¡Cuántas veces sentimos el mismo agobio de los discípulos al no saber qué hacer para “dar de comer” a tanta gente!

No fue coherente el organizar a la multitud para alimentarles con cinco panes y dos peces, pero ante el mandato del Señor, sus discípulos lo hacen.

No se trata de caer en un romanticismo voluntarista sino de superar el victimismo -con el derrotismo que comporta- poniendo nombre a las dificultades, organizándonos y liderando, con ilusión, las respuestas que consideremos oportunas.

Dios no faltará a la cita y se repetirá el milagro de la solidaridad, de la entrega sencilla de cuanto somos y tenemos.